No hay drogados felices y femicidios.

“… no hay drogados felices”. C. Olivenstein . Maestro francés en adicciones.

Juan en un acceso de violencia paranoica, típico de la intoxicación con cocaína, ataca a su pareja en un hotel de los suburbios. Ambos en un estado crítico se golpean. El cree haber matado a su pareja. Espera la condena ante su acto destructivo. La mujer se salva. Pide que el Juez reconozca su pérdida de libertad y lo mande a una institución de recuperación de adictos. Las autoridades policiales y judiciales no lo entienden ya que podría hacer un tratamiento ambulatorio pero estos no pueden comprender que está sometido a una compulsión y “no puede parar”. El pedido al Juez es una demanda de racionalidad ante tanta irracionalidad. Hoy se recupera en una comunidad terapéutica. Va intentando superar la condena al fracaso.

En mi experiencia el femicidio abreva en tres fuentes : a. Problemática sociocultural y como residuos de una visión exclusivamente machista de la realidad; b. el uso masivo de drogas y alcohol que lleva a una problematicidad de los vínculos humanos exasperando las irritabilidades y los vínculos paranoicos con el otro ; c. la emergencia de personalidades desequilibradas de tipo psicopático y paranoicos con amor al daño , la vejación y el dominio sobre el otro que se multiplican de una manera anómica ; c. patologías de los vínculos de pareja en donde el dominador convoca al dominado y a veces el dominado al dominador.

Todo esto lo vemos cotidianamente en la consulta .Los vínculos no duran y se licuan mostrando la cara desertora del amor en la post-modernidad: vacío de ternura por doquier y violencia en exceso. Ternura devaluada y palabra caída en los vínculos que son solo meros remedos de gimnasia sexual pero que poco de sensibilidad muestran, así como de una crisis de la empatía.

Un análisis del femicidio sin tener en cuenta estos factores que muestran esta crisis de la salud mental resulta poco esclarecedor y de suyo va a convocar a muchas más noticias más en el futuro si no tenemos en cuenta a la prevención de la salud mental y a la detección precoz de estos síntomas en la sociedad.

Mi experiencia sobre esto está acotada al tratamiento de pacientes en donde los vínculos humanos se han diluido y las drogas son el único objeto posible a alcanzar en la vida. Hoy miles de argentinos necesitan consumir drogas y alcohol. Buscaron la felicidad química y en el presente de sus vidas están sujetos a una compulsión a la búsqueda de sustancias aún sabiendo que los daña. Todos los días quiere dejar de consumir pero las múltiples recaídas son la respuesta de un sujeto abolido en su libertad. Vacios que surgen por abstinencias de sustancias que se quieren superar de miles de maneras hasta llegar a la reiteración de lo mismo y entonces quedamos condenados a lo mismo. Vida sin variación. Monotonía. Depender de las drogas es el paso final hacia el inicio de una cadena de errores en donde nuestra vida queda sometida al azar.

Así van surgiendo los condenados al fracaso. Siempre me entusiasmó estudiar la compulsión de muchos pacientes adictos sometidos a repetir el error. Sometidos es una palabra que anuncia con toda su fuerza la caída de la voluntad y el automatismo como único horizonte vital. El maestro de la psiquiatría P.Pinel (1745-1826) al estudiar a los toxicómanos mostraba, en los inicios del conocimiento científico sobre el tema, que es la voluntad (sede de las decisiones libres) la que queda anulada en estos pacientes. O sea no hay libertad o ésta queda muy comprometida. Su vida entonces se transforma en un espacio continuo de desaciertos y decisiones equivocadas. Eligen lo peor para ellos y su familia e incluso ponen en riesgo su empleo y se hunden financieramente.

Los condenados al fracaso

El análisis psicológico, especialmente el psicoanalítico, y las neurociencias hoy comprenden esto de una manera conjunta. En el psicoanálisis la multitud de decisiones equivocadas que llevan a la mortificación personal imponen la vigencia en nuestras vidas del Dios Thanatos (divinidad griega representativa de lo mortal y la destructividad), en este caso dirigida hacia nosotros mismos siendo éste el mensajero apocalíptico de la autodestrucción y la venganza contra sí mismo. En la lucha entre Eros y Thanatos; amor que reúne y muerte que disuelve, parecería vencer la muerte.

La neurociencia nos ayuda a entender este fenómeno de “la condena al fracaso” en lo que se llama la teoría de la toma de decisiones. Este es un proceso complejo en donde participan dos grandes estructuras cerebrales: el cerebro límbico y el cerebro frontal. El cerebro límbico es también llamado cerebro emocional y está ligado al control de la presión arterial, respiración, ritmo cardíaco, etc. La unión entre lo antiguo (cerebro emocional) y lo nuevo (cerebro frontal) garantiza un a toma de decisiones lo más certera posible y acotada al principio de realidad. Cuando por stress crónico o por drogas el frontal queda suspendido parcialmente en su función parecería que el sujeto se condena a sí mismo. El lóbulo frontal es el eje de la planificación, la espera, el futuro y asiento de la moral. La imagen y la vigencia del Otro como prójimo es gracias a la vigencia de esta estructura que nos separa de los simios y monos superiores; de lo contrario estamos condenados a vivir el mundo como un presente perpetuo y en donde el Otro es solo un obstáculo a eliminar. Es la lucha entre el Hombre y la Bestia (Mr.Jekill y Mr. Hyde) magistralmente relatada por Robert Louis Stevenson (escritor que confesó su adicción).

Cerebro y realidad

Muchos autores dicen que el cuidado del cerebro expresado en el dialogo entre el cerebro emocional y el más racional y evolucionado fundamenta la verdadera inteligencia que es la emocional. En esta se unen la empatía (sintonizar con el otro como diferente y poder sentirlo y escucharlo) con la intuición y el juicio certero. Surge así un análisis de la realidad que destierra la vigencia de la omnipotencia (forma de desmentir lo que las circunstancias nos muestran). Asumir la realidad es una función cerebral y también de asunción psicológica de lo que es más allá de mis apetitos y de mi Ego. En el adicto esto no se da y “nublado” el frontal se impone nuestro parecer pero no la realidad. Entonces estamos “condenados al fracaso”; incluso fracasan los ideales del amor tierno y la palabra cae frente a la violencia más primitiva.

Juan Alberto Yaria
Director General GRADIVA-Rehabilitación en Adicciones.

Las drogas y el masoquismo.

“…hay sujetos que son artífices de su propia desgracia “.René Laforgue –Neurosis de fracaso—–1920.

Juan necesita drogarse, está en la fase compulsiva de su enfermedad en donde imperativamente busca consumir. Vive en función de la droga e incluso conoce a una mujer “dealer” y le ofrece su casa para vender con lo cual en dos movimientos paralelos (sexo y consumo) consigue la provisión permanente de sustancias. No mide riesgos, toma decisiones equivocadas y al mismo tiempo se siente culpable por esto porque sus familiares presencian todo y se transforman en espectadores cómplices del espectáculo del consumo con delito. Tiene que viajar a un país del Norte por razones de trabajo y lleva escondida entre sus pertenencias sustancias para poder soportar el viaje con drogas. Teme quedar preso en el paso aduanero…pero igual lo hace. No mide riesgos otra vez ni consecuencias .Supera la barrera del otro país pero al poco tiempo cae preso en Buenos Aires por venta de estupefacientes con su pareja. Siempre pensé que buscaba un límite y un auto-castigo. Hoy anda muy bien por el mundo. No era un delincuente. Era un adicto tan comprometido que tuvo una “ceguera” valorativa que es típica de la hipo-frontalización o sea de la suspensión de las funciones superiores de juicio por la dependencia a sustancias. Lo conocí en un juicio en donde sus abogados me pidieron que se internara en Gradiva para su recuperación estando ya en un presidio y desde ahí siguió un largo proceso terapéutico avalado por la Justicia. Se rehabilitó.

Me sorprende la búsqueda del dolor y la necesidad de autocastigo de muchos pacientes. Ahí se juntan dos fenómenos interconectados ; uno desde el lado de la neurociencia y la neuropsicología que estudia como las drogas al alterar la función frontal que representa la organización más evolucionada del sistema nervioso central y por ende el pensamiento y la libertad en su modo más excelso que es la capacidad para decidir y optar adecuadamente y por otra parte la búsqueda del fracaso continuo y permanente en el destino vital ; afirmaciones éstas que vienen desde el territorio del psicoanálisis a través de los estudios de la psiquiatría y de Freud sobre el masoquismo.

Se unen desde mi punto de vista estos dos hechos; uno proveniente del deterioro del sistema nervioso en sus funciones más propiamente humanas y que tienen que ver con el libre albedrio y la libertad como capacidad para optar por lo mejor y más sano para la vida y la otra que abreva en el territorio de las culpabilidades más fuertes y que llevan a la caída que incluso puede llevar al suicidio.

Las 4 “C” de las drogas

Como Juan hay muchos. Los viejos estudiosos de la adicción a la cocaína dicen que ésta tiene para aquel que queda seducido por ella cuatro destinos que se denominan las cuatro “c”: cárcel, cementerio, clínicas (no precisamente de rehabilitación psíquica sino con ACV, infartos, muertes por sobredosis, etc.) y cesantías laborales.

El trastorno compulsivo a las sustancias o sea las dependencias llevan a múltiples recaídas a pesar de las consecuencias negativas que no son evaluadas como tales. Todo esto lleva a cambios estructurales de largo plazo en el cerebro que llevan varios años modificar. Se alteran las vías químicas y eléctricas de la vida íntima de las neuronas y el cerebro empieza a funcionar en “automático”. Olores, imágenes de consumo, lugares de venta son señales que inmediatamente activan estos automatismos. La memoria queda embargada y nuevas memorias ligadas a la adicción se apoderan del sujeto.

En este cambio de todo el metabolismo cerebral lo que más claramente se ve es la pérdida de la capacidad para la toma de decisiones. Estas empiezan a ser cada vez más imperativas y no atendiendo al índice de realidad y precisamente a no tener contacto con la realidad.

La búsqueda de auto-castigo

Tema clave en la vida con o sin consumo de drogas. Es la problemática del masoquismo. Todos conocemos personas brillantes que una y otra vez se malogran para imaginarse víctimas de un complot y ser siempre perdedores. No ven como al “victimizarse” permanentemente renuncian a ser y a tomar conciencia de sí mismo.

Freud precisamente habla de un “masoquismo moral” en donde esa posición de victima continua esconde culpas, búsqueda del fracaso y que a veces llevan a lesionar las terapias justo cuando empieza a estar mejor saboteándose los logros y adquisiciones .Son los que fracasan ante el éxito (Freud) .Es como “El Jugador”, libro célebre de F.Dostoievsky, que en realidad apuesta perseverando en el mismo para perder. No juegan precisamente para ganar.

Es el masoquismo el pleno campo de la muerte…de las instancias más profundas de cada uno de nosotros que se distancian de la vida y que buscan desesperadamente la muerte. Así nos vamos transformando en “desecho”, en “resto” como esas personas que vemos con un “tetrabrik” durmiendo en las escalinatas de un banco o de una iglesia. Son un “resto” humano. Es un objeto tirado…ya no es más sujeto.

Hoy la neurología y la pérdida de la función frontal con el masoquismo nos permiten entender muchas situaciones asociadas al consumo dependiente a drogas.

Juan Alberto Yaria
Director General GRADIVA-Rehabilitación en Adicciones.

Recuperar la brújula

“No clave la mirada fijamente en el abismo; no sea que el abismo la clave en usted”. F. Nietzsche.

Oscar me dice que para él tomar cerveza y fumar porros con cocaína es clave .Lo hará los fines de semanas y por otra parte fumar marihuana todos los días antes de ir a trabajar y al volver. Ya lo intentó varias veces y “siguió de largo”. A sus 44 años la compañía de los químicos durante 20 años representa la mitad de una vida ligada a ilusiones y desilusiones permanentes. Precisamente la “ilusión” de controlar la dosis es casi imposible en muchos. Dicen los alcohólicos y con mucha sabiduría:” una copa es mucho y cien son pocas….

Oscar para estar en el mundo tiene que “estar puesto” así él puede ejercitar distintos roles: “payaso” que alegra al grupo, papá, trabajar, etc. En realidad esa dosis medida solo dura pocos días para luego abandonar la paternidad, el trabajo y de divertido pasar a ser un solitario en busca de una dosis.

Daños neurológicos abonan estas conductas. La adicción es una alteración crónica de los sistemas de recompensa o sea de los sistemas del placer que todos tenemos. Acá el placer quedó fijado en consumir y todo lo otro (hijos, vida, deporte, amistades, etc.) queda en un segundo plano. También es una enfermedad de la memoria que queda embargada y depreciada para ser solo memoria adictiva. Olores, lugares de encuentro, nombres de distribuidores y rumiación para encontrar las dosis; solo eso es parte de su memoria. Su sistema de pensamiento y de control de impulsos ya no funciona por la afectación crónica de persistentes consumos que en este caso llegan a más de veinte años ininterrumpidos. Oscar había perdido la brújula de su vida, tratarse es recuperar la misma. Brújula que marca el norte o sea el sentido de la vida.

La vida, que es un ejercicio cotidiano de nuestra libertad, queda reducida para muchos en encontrar la dosis. El problema diario es uno solo: la dosis. Aquel paciente que relatábamos se asustó de lo que podía venir: elegir, optar. Llegó a su casa, durmió, tramó ir a buscar la droga a la casa de un distribuidor (cocaína) y a las 9 hs. se metió en la cama y durante dos horas se drogó. ¿Tuvo placer? Quizás sintió por un momento una sensación “adrenalínica”, pero en realidad quedó preso de su compulsión y todo el fin de semana se reprochó su defección.
La enfermedad para millones de seres humanos es un refugio masoquista.

Creo que por esto hay millones de personas que viven una existencia esclava pero previsiblemente masoquista. ¿Preparamos a nuestros hijos y ciudadanos a ejercitar la libertad?

La odisea y la libertad

La enfermedad para millones de seres humanos es un refugio masoquista. ¿Qué es la vida para muchos? Una maldición. Sobre esto, una versión comentada de “La Odisea” de un filósofo alemán L. Feuchtwanger nos ilustra enormemente y nos dice que muchos marineros transformados en cerdos por los encantos de Circe estaban contentos por su nueva condición y se resistieron desesperadamente a los intentos de Odiseo por romper el hechizo y devolverles la forma humana. Preferían seguir siendo cerdos a ser humanos. Cuando Odiseo logra atrapar a un cerdo y transformarlo por una hierba milagrosa en hombre, éste llamado Elpenor en absoluto agradecido por volver a su forma anterior, ataca su liberación y le dice a Odiseo: “¿Otra vez has vuelto a exponer nuestros cuerpos al peligro y a obligar a nuestros corazones a tomar nuevas decisiones? Yo estaba tan contento, podía revolcarme en el fango, estaba libre de dudas y razonamientos; ¿A qué viniste? ¿A arrojarme de nuevo a mi odiosa vida anterior?”.

La Modernidad se edificó sobre la Razón con sus ideales de la medida, el método; la post-modernidad (el hoy que vivimos) sacraliza el instante del placer en su desmedida, el tiempo se agota en la desmesura y el instinto y el goce fáctico priman sobre la pausa y los objetivos. Entonces nos quedamos sin futuro. Viva el presente, dice el post-moderno. Todo es líquido y fluyente. No hay proyecto más que el de hoy. “No Futuro”, como rezaba el lema del célebre conjunto de rock Sex Pistols. Pero lamentablemente si no hay proyecto ni futuro, hay muerte temprana como lo muestra la clínica de las adicciones.

Recuperar la brújula del sentido

Tal cual nos enseña Víctor Frankl: “lo más profundo del hombre no es el deseo de poder ni el deseo de placer sino el deseo de sentido”. Nos quedamos casi masivamente sin sentido, sin direccionalidad. Los adolescentes son los que más sufren esta crisis de sentido porque se quedaron también sin referentes, cuidadores, orientadores, padres que los ayuden a parir como personas en esa etapa tan difícil. Si como dice Nietzsche nos quedamos mirando el abismo éste nos “chupa” y atrapa. Las drogas son la cara del abismo. El sentido es la brújula que marca nuestro norte o proyecto vital.

Juan Alberto Yaria
Director General GRADIVA-Rehabilitación en Adicciones.

La brújula y los desaparecidos sin nombre.

“…durante todo el día Parry había intentado ir hacia el Norte y a la noche se encontró mucho más al Sur…había perdido la brújula” (Ortega y Gasset-Meditaciones del Quijote”)

Me sorprende Juan Carlos con sus 24 años luego de haber pedido ayuda a su madre cuando lo conozco en la comunidad terapéutica. Me narran sus familiares que vagaba por Once buscando Paco. Perdido como un “nadie” en la ciudad buscaba en los tachos de basura una comida para satisfacer su hambre y también buscaba como encontrar saciar su otra “hambre “, la de drogas. Se metió en lugares críticos para conseguirla; ofertó su cuerpo por dosis a hombres y mujeres (esto se da hoy las grandes ciudades) . Vagaba por calles oscuras y por tugurios de casas tomadas llenos de “dealers”, rufianes, proxenetas y toda otra denominación que alude a las perversiones y los negocios de la perversión.

Clínicamente no tenía registro de lo que le pasaba ni noción de su estado de deterioro de días y días de gira por una ciudad no precisamente hospitalaria. Era un “desaparecido sin nombre” que como un “mutante” sin rumbo viajaba desconectado del mundo y, a la vez, anestesiado por diversas sustancias. Dormir era un logro; podía caer “fusilado” por el agotamiento pero el descanso reparador que todos tenemos era casi un “sueño “para él. Había llegado a lo que clínicamente se conoce como “anosognosis” que es lo que le sucede a los pacientes que por daños cognitivos –neurológicos no tienen percepción de sus déficits. Otro paciente me decía sobre estos momentos que habían perdido la brújula, dato de la interioridad que permite monitorear nuestras decisiones y “nortes” en la vida. Las intoxicaciones severas y crónicas llevan a eso…un trastorno neuro-psiquiatrico en donde quedamos desposeídos de nuestro si mismo que como brújula nos auxilia en la lucha por vivir.

Además su vida era manejada por la indiferencia, no se lamentaba por lo que le sucedía y por el deterioro vital y ético en el cual había caído. Anestesia afectiva y emocional que médicamente se llama Anosodiaforia .Los demás podían compadecerse y sentir pena por él. El no registraba sus emociones lo que le hubieran permitido reaccionar.

La pérdida de la brújula

Hay miles así en ese nuevo “campo de concentración” con “alambrados imaginarios” que es la propia ciudad con desaparecidos sin nombre y que buscan la dosis sin registro de sí mismo y sin una brújula que los oriente (símil de un cerebro en funcionamiento y no intoxicado severamente).

Juan Carlos era un estudiante universitario casi por recibirse de médico. Su vida universitaria y sus excelentes rendimientos escolares en la escuela secundaria y en la primaria contrastaban con este presente incierto y suicida. Distintas historias de su vida lo impactaron y abrieron un vacío que lo sumió en angustia. Se enteró que era adoptivo que no podía ya conocer a sus padres. Grieta en su Identidad que para muchos es un golpe traumático difícil de elaborar. Otros agradecen a los adoptantes. Mientras que algunos desechan esa ayuda recibida de sus padres que no podía tener hijos y no pueden ellos adoptar a sus padres adoptivos. Movimiento clave éste para la superación de esta circunstancia vital.

Sigue estudiando y creciendo en su carrera universitaria pero el germen de un resentimiento feroz se apoderaba de él. No tuvo recursos para acudir a un terapeuta, a un amigo, a sus propios padres para hablar y sostener sus pesares en el dialogo con otro. Ahí empieza a consumir todo tipo de alcoholes y drogas…hasta culminar en la compulsión “infernal” del Paco. Perdió la brújula. Dos vidas. Disociado. El futuro médico y el desaparecido sin nombre adoptado y rechazando la adopción y que vagaba por las ciudades buscando la dosis.

Milagros en la ciudad

Pero en la vida hay “milagros” o sea instantes en donde aparece alguien que ayuda a pensar. Se acurruca en las escalinatas de una iglesia aledaña que estaba en los pasillos de una Villa. El sacerdote le dice: “o entras o te quedas afuera”. Esto opera en él. Se abre un campo de interrogación y conciencia que antes no tenía. Ese religioso ya antes lo había ayudado…son los misterios de la función paterna que abren y permiten pensar.

Ahí pide ayuda a la familia Así lo conozco. Me dice en el primer encuentro…entre frases entrecortadas, llantos y sistemas de lenguaje trabados por la intoxicación “…me empecé a perder en Once…era ya un perdido (ahí pienso en l brújula otra vez y el maravilloso cuento de Ortega y Gasset sobre ella) “. Mientras me sigue hablando… “no me merecía eso y “cartonear” comida y objetos para vivir.

El tratamiento fue duro. Hoy es un médico que ha recuperado su dignidad. Se ha reencontrado con su vida y aceptado su adopción y la imposibilidad de conocer a sus padres biológicos porque ya han muerto, pero pudo conocer a la familia de ellos. Se atrevió a eso y a agradecer a sus adoptantes por lo que habían hecho.

Las historias de vida de los pacientes se agrupan con historias de la ciudad. La pérdida del lenguaje como medio de encuentro y la “droga a la mano” operan como vehículos de huida y de desaparición de una existencia autentica. Los tugurios ofrecen esos campos de concentración con alambrados imaginarios que muchos nos fabricamos para huir de la exigencia de existir. En la comunidad terapéutica Juan Carlos recuperó esa dignidad. Podría haber sido un resto más que terminara en un “container” en la lucha de los desaparecidos por la dosis final. Hoy es un médico y ha estructurado un proyecto de vida en donde la reconciliación se da la mano con la aceptación, la humildad y el servicio…valores fundamentales en un proyecto sano.

Juan Alberto Yaria
Director General GRADIVA-Rehabilitación en Adicciones.

Adolescentes “Parias…”

“…la modernidad liquida tiene sus “parias”…residuos, poblaciones superfluas”

Z.Bauman. Vidas desperdiciadas-2005

Entre los superfluos cita el sabio alemán a los emigrantes,  pero también hoy a los niños solos y los llamados viejos. La droga es el espectáculo siniestro de esta desolación cuando ésta, especialmente, toma el sector infanto-juvenil.

La clínica cotidiana en nuestros consultorios de la comunidad terapéutica son un relato dramático y lindante con la tragedia en otras  circunstancias. Recibo hace más de un año a dos adolescentes  de no más de 15 años de una ciudad casi tomada por el mundo “narco” como lo es Rosario. Habían huido de sus casas…vagan por la ciudad. La  otra vulnerabilidad es la familiar…el golpe, la violencia y a veces el abuso sexual  son otros factores de exclusión.  La escuela (¿qué es eso?) quedó también  atrás. Los dos factores básicos de educación y socialización fracasan. Vagan por barrios que parecen nuevos “campos de concentración” con lugares de venta y ahí frecuentan casas de consumo, lugares de sexo a cambio de drogas, “bunkers”.

“. .Vos querés  droga…dame sexo” eran diálogos comunes  en esos lugares típicos de la marginalidad y la explotación. La otra gran vulnerabilidad es el propio desarrollo del sistema nervioso adolescente ya que todos los circuitos biológicos  de control de impulsos y  de postergación a través del pensamiento se encuentran inmaduros frente a la preponderancia  de los sistemas del placer y la descarga que se hallan muy activos y sin freno posible. Minoridad y consumo de drogas aseguran un consumo problemático en el futuro. La avidez por consumir es  mayor en ellos.

Poco a poco lo traumático y la violación alteran el desarrollo de estas dos adolescentes. Lo anárquico sexual avanza desde la “fellatio” hasta la penetración anal. Llegan vencidas y devastadas traídas por una instancia judicial a la comunidad terapéutica. Magulladas como combatientes maltrechas y sobrevivientes de una guerra. Eran dolor puro.

Volver a creer

Cuando la vida desde los inicios es “trauma puro” surge en nosotros la duda sobre como estructurar un vínculo humano que permita un cambio hacia la salud. Estas sociedades como las que vivieron estas jóvenes hoy se las denomina “catastróficas” por las condiciones de inhumanidad  que ahí se viven y se las considera similares a las que se dan luego de los cataclismos ambientales o en la guerra. Están rotos todos los lazos comunitarios y  familiares.

En estos casos el vínculo con la comunidad terapéutica es fundamental. Al principio se huye ya que configurar un mundo amable es difícil en las primeras instancias. El joven o la joven que vivió experiencias de violencia aprenden a no pensar, no sentir y a huir. Su vida fue un torbellino y parar esa dinámica lleva tiempo y conocimiento mutuo. Además  la abstinencia en los menores “domados” desde pequeños con drogas es bastante compleja. Se altera el sueño, la comida y los desórdenes   impulsivos son muy intensos.

Estructurar un vínculo humano alejado de todo lo violento que habían vivido fue la primera tarea, desde ahí surge la tarea de reconstrucción de una identidad que es nuestra principal fuente de arraigo .Así  la define Bauman como el encuentro con la mismidad y de esta manera echar raíces para un futuro. Pero el principal capital sigue siendo nuestra propia subjetividad si la podemos rescatar del consumo de drogas, de las violencias sexuales y las unimos a experiencias de amor humano .El encuentro con la palabra oída y hablada para estos chicos es una revolución. Escuchar y hablar no fue una experiencia en sus vidas. En la medida que hablamos y escuchamos aparece nuestro sí mismo. Empezamos a ser.

Hoy viven en Rosario en dos hogares sustitutos y alejadas de las drogas   volvieron a estudiar  y  tratando de lograr una  vida vivible y con esperanza. De esas experiencias de dolor y vejación quedan y quedarán huellas, pero también es cierto que lo nuevo si es gratificante puede re- significar todo lo pasado para transformarlo en salud. Vivieron rodeadas de factores de riesgo; sin familia válida, sin escuela y con drogas en consumo precoz  y están ligadas a factores de protección: casa,  ordenada, estudio, no consumo de drogas. En  suma una adolescencia cuidada.

Juan Alberto Yaria

Director General GRADIVA-Rehabilitación en Adicciones.

Alcoholismo: No sentirse derrotado.

Juan me sorprende .Hace años me viene a ver traído en silla de ruedas .Su vida fue una lucha imposible contra el alcohol…sí contra el alcohol. Había quedado en varias oportunidades impotente para enfrentar esa dependencia. Descontrol, compulsión o sea obsesión por el alcohol o impulsión con descarga de actos para ir a la botella y fundirse con ella. Choques, golpes, diabetes, problemas cardíacos culminan en una saga criminosa contra él mismo y la silla de ruedas es un testimonio. Parecía verdad en él el tango “Desencuentro”: “…si hasta  Dios está lejano”. Todo parecía ser como dice ese tango “en el fracaso ni el tiro del final  te va a salir”.

Pero en Juan surge la esperanza de un cambio .Comienza un tratamiento traído por un remise que le da la Obra Social. Todos los días concurre y se va alejando de su compulsión. Siempre hay una posibilidad de reaccionar y de darse y merecer otro tipo de vida. Esa esperanza en Juan parecía unirse al rechazo a la situación intolerable que estaba viviendo con el resto de vitalidad que aún le quedaba. Es la esperanza del enfermo lo que posibilita la salud que quería construir con nosotros.

Siempre me pregunté porque a los 60 años aparecía esa esperanza de un cambio justamente cuando estaba ya al borde del precipicio de la desesperación y de la entrega a la muerte .Es un misterio …es que la esperanza es un misterio . En lugar de pensar en su edad como cierre de un ciclo de vida en realidad trabajamos como la apertura de una nueva vida. La vida para Juan hoy no era un cautiverio del cual no podía salir y así comenzó a brillar esa luz que es el hogar mismo de la esperanza de un cambio. No se declaró derrotado ya que derrotarse es en el fondo renunciar a ser uno mismo. Los últimos años de Juan fueron plenos no solo porque se rehabilitó del alcoholismo sino porque encontró un sentido en su vida .Durante meses ayudó a otros compañeros para que no sucumban a la desesperanza .Su testimonio desde una silla de ruedas era un ejemplo.

Juan Alberto Yaria

Director General GRADIVA-Rehabilitación en Adicciones.  

Un León herido y su recuperación

A León lo conozco cuando tiene 14 años. Un padre dolido y resentido  por lo que le pasaba me confía que su hijo vivió solo en la infancia pasando de casa en casa por  el abandono materno. Él trabajaba  también todo el día .Se unió a otra mujer y con ella tuvo varios hijos .La nueva mamá también lo rechazaba. Así crece León en este contexto de rechazo  y desapego.

León desde siempre vivió en la calle .La casa (cual casa?) prácticamente no existía .EL padre cada tanto lo regañaba y trataba de ejercer su función paterna pero lo hacía violentando al chico y lleno de culpa por su ausencia y abandono. A medida que va creciendo en este clima va ganando contactos que nada tiene que ver con una vida sana; ladronzuelos de barrio, “barras bravas”, repetidores escolares y un grupo de chicos que pasaban por su misma situación de rechazo y desapego. Pronto las drogas que potencian daños cerebrales  despertaron  una epilepsia con convulsiones que llevaron a una operación compleja por un trastorno neurológico que tenía desde muy pequeño y que se desencadenó en él, en parte, por el consumo de sustancias.

Expulsado de todos los ámbitos y medios familiares llega traído por una Obra Social  como resto último de humanización y dignidad que él estaba necesitando .Así  empiezo a conocerlo. De ser un “resto” rechazado la tarea era que adquiriera  reconocimiento.  Sin reconocimiento  por parte de otros  no hay crecimiento posible. Las drogas eran solo en él la última alternativa suicida para una vida sin sentido y en donde primaba el desamor. Hoy se habla en psicología y psiquiatría de generar en los chicos “ambientes enriquecidos” en donde la estimulación amorosa, los límites, la transmisión de valores y de sentidos de vida son tan importantes como una buena alimentación. Incluso el desarrollo cerebral es diferente en un rechazado que en un chico que crece en ambientes enriquecidos.  Los chicos necesitan un “cerebro externo”, tarea clave de padres y educadores, para desarrollarse sanamente: el cuidado del ambiente físico, las caricias, las conversaciones, los juegos, el afecto y las canciones son fundamentales.

Con León trabajamos en la comunidad terapéutica dándole un ámbito de reconocimiento, de afecto, estudio y logramos que el padre acompañara todo este proceso. Así empezó a crecer y no a decrecer como cuando lo conocí.

Juan Alberto Yaria

Director General GRADIVA-Rehabilitación en Adicciones.

Lo claro y lo oscuro en drogas.

Clara es una joven de 14 años. Luego de una crisis de violencia con consumo de drogas empiezo a atenderla .No podía parar de consumir. Descontrol, ideas compulsivas de conseguir la droga e impulsiones para hacerla no midiendo riesgos eran algo característico en ella. Formaba parte de una familia de clase media de un barrio de la periferia  de la ciudad y ya  había ya abandonado  la escuela secundaria. Es que donde hay consumo voraz de drogas al dañarse la capacidad de aprendizaje  no puede haber estudio posible y de recibir  conocimientos.

Me relata con dolor como en plena carrera adictiva intercepta en una calle cerca de su escuela a una señora de edad  y le hace creer a esta mujer asustada imita que tiene  “un fierro” y le roba 100 pesos. Para la sustancia “bastaba”…me dice y al mismo tiempo llorando me comenta “podía haber sido mi abuela”. No se reconoce en lo que hizo y en su arrepentimiento se da cuenta de su enfermedad.

En los jóvenes hay una máxima vulnerabilidad al consumo de sustancias .El sistema nervioso no está plenamente desarrollado hasta los 25 años  y se van dañando estructuras claves para el desarrollo como lo es el lóbulo frontal (eje de la planificación de la conducta y del pensamiento).

Las drogas en la adolescencia y máxime con otros factores de riesgo como pueden ser familias devastadas y/o proximidad con centros de venta generan 4 alteraciones: a. cognitivas: memoria y aprendizaje; b. conductuales: impulsividad y perdida de la noción de riesgo y consecuencias como pasó en Clara ya que no hay posibilidad de inhibir comportamientos ; c. emocionales: abulia, apatía , desgano o en su contrario hipercinesia y motricidad absolutamente improductiva; d. trastornos en la motivación que es el motor de nuestras vidas y proyectos y en Clara ya perdido el estudio lo único que parecía interesarle era la dosis.

Hoy luego de un año de trabajo intenso con la familia y sin consumo de sustancias se ha recuperado un joven para la sociedad y estamos sanando “llagas” en la propia familia y en sus funciones como padres. Pasó de la oscuridad a lo claro de la vida…ya sin sustancias que la dañaran.

Juan Alberto Yaria
Director General GRADIVA-Rehabilitación en Adicciones.

Un extravió en las drogas y su retorno a la vida.

Conozco a Oscar, hace años,  había perdido toda referencia de sí;    desorientado vagaba por la ciudad buscando dosis para saciar su abstinencia. Llega traído por una  intervención judicial  ya que de lo contrario su vida corría riesgos. Había sido un gran atleta que  dedicando horas de gimnasio para tratar de  moldear su cuerpo  pero, a la vez,  era muy vulnerable en su vida interior. Cuerpo fuerte  pero intimidad extraviada. Alcohol desde la adolescencia  y todo tipo de drogas para vivir fines de semana intensos. Luego ya consume en la semana. Al final se transforma en un dependiente en donde todos los días tiene que tener una cierta cantidad para consumir.

Pasaron años y me lo encuentro ya  restaurada su dignidad de persona y ampliando proyectos vitales. Me trae unos escritos que resumen agradecidamente lo que  hizo en su rehabilitación en la comunidad terapéutica  y que muestro a todos como ejemplo de una resurrección personal:

“la rehabilitación es la condición necesaria para poder estar bien con vos…no hay rehabilitación sin reconciliarse con uno mismo…reconciliarse es aceptar y aprender del pasado… fui presa del resentimiento que es una sensación que no da respiro ni un momento…es una mochila que nos aplasta…si nos quedamos atado a eso nos trabamos… y siempre todos son excusas”.

Dejar las drogas es una cosa…rehabilitarse es otra. Los grupos de Alcohólicos Anónimos dicen que es fácil (aunque la decisión lleve tiempo y muchas pérdidas) “tapar la botella; pero lo más difícil es analizar los defectos y trastornos de carácter que llevaron a estos trastornos. En eso se juega la decisión de cambiar o no.

Oscar participó en la comunidad terapéutica en todo su plan de grupos y de terapias personales y familiares a la vez  se atrevió a ver sus dificultades personales , a replantearse amistades ligadas desde hacía mucho tiempo al consumo y a plantearse un futuro con cuidados y sin sustancias.

Hoy anda por la vida con un proyecto auténtico. El extraviado que vagaba por la ciudad hoy posee el principal capital que es su sí mismo.

Juan Alberto Yaria
Director General GRADIVA-Rehabilitación en Adicciones.