Atracción y compulsiones fatales.

“…yo sé que hay cosas que no puedo hacer porque no sé cuándo paro. Quedo atrapado en circuitos compulsivos…mi cerebro está preparado para eso “W. Houston días antes de su muerte por sobredosis.

Veo a Jorge que me relata sus últimos diez días de “jira” (término que se usa en el argot adictivo para referirse a la pérdida de control durante un tiempo largo) y que se podría describir como un conjunto de acciones en donde toda finalidad pierde sentido salvo una sola como es la de tener droga. Le pregunté cuantos días de esos diez durmió y me dijo tres. Esta es una apreciación casi de sorpresa mía porque hemos visto pacientes que durante veinte días no durmieron sobreestimulados por el consumo y la búsqueda de sustancias. No se puede controlar la motricidad, no hay ya más control voluntario. El “zombi” autómata domina. Mientras tanto leo en los medios de comunicación distintas situaciones en donde en “una noche de furia” una persona muy reconocida en el ámbito artístico del rock sobrestimulado por sustancias genera diversos incidentes callejeros y es golpeado salvajemente por sus captores.

Siempre parece ser lo mismo y es lo que me apasiona estudiar; la pérdida de control de nuestros pacientes en las etapas finales de la dependencia a las sustancias. Unido esto a la suspensión de los controles superiores corticales; especialmente de ese “locus” de la civilización que es el lóbulo frontal; frontera clave de nuestros antecesores macacos y monos. En realidad el descontrol de la última etapa adictiva es el predominio de lo reptiliano en nuestro cerebro.

Tenemos en algo más de dos kilos tres cerebros en uno ; el primero se asemeja a los reptiles apto para respuestas mecánicas y que no aprende de la experiencia , tiene que ver con nuestra supervivencia como lo es el reflejo respiratorio en donde no necesito un acto voluntario para respirar ; el segundo nos acerca a los mamíferos y que ya puede aprender de la experiencia y el tercer cerebro tiene una gran asociatividad , una enorme capacidad imaginativa y es el representante de lo propiamente humano :la palabra , la cultura , la postergación , la planificación y el proyecto ligado a la capacidad para pensar.

Las drogas dañan precisamente el lóbulo frontal que es el comando central del tercer cerebro que es el regulador de la experiencia y en lo moral es la sede asiento del altruismo y la compasión ante la víctima.

Doma de personas

Se unen dos situaciones para que un paciente llegue a esta situación de pérdida de toda referencia y descontrol:

1.la propia sustancia que va “domando” el cerebro e hipotecándolo y convirtiéndolo en un expropiado en donde esta expropiación lo convierte en un “nadie” ya desposeído de su subjetividad. Un consumidor en rehabilitación me decía: “… para mí la libertad es encontrar límites y no lo que tengo ganas de hacer… porque eso me lleva directo al consumo”. Las drogas incluida el alcohol tienen la capacidad de alterar los circuitos cerebrales y en ciertas personas vulnerables a reiterar el consumo. De la reiteración se llega al hábito que funciona como un típico condicionamiento de conducta. Es lo que vemos en un fumador de nicotina cuando en forma reiterada prende un cigarrillo. Hay una señal de abstinencia insensible para él que lo lleva a consumir. Lo mismo sucede con todas las drogas. Para “estar bien” se necesita consumir porque se necesita huir del “estar mal” (privación y abstinencia).Lo vemos a las seis de la mañana en los bares abiertos en donde los consumidores dependientes de alcohol necesitan su dosis para empezar a trabajar. Hoy sabemos que esta conducta compulsiva imposible de parar es una alteración de la función frontal (sede del psiquismo superior) y de los centros de los impulsos en el centro profundo del cerebro ligados a impulsos reptilianos imposibles de parar sin la ayuda de un procesos de monitoreo terapéutico. Acá es donde triunfa el narcotráfico: el cerebro “domado” se convierte en su aliado. La única respuesta posible es la automática. El automatismo reemplaza a la libertad.

2.La personalidad vulnerable y un temperamento proclive a la búsqueda de excitación. Hoy sabemos que hay personas con tendencias heredadas a la búsqueda incesante de novedades .La dopamina y la noradrenalina como sensores químicos cerebrales del placer y de la necesidad imperiosa de excitación dominan sus vidas. En muchos no existe el contrapeso de la educación y la orientación por distintos problemas familiares.

Como vencer al autómata

Superar todo esto implica un trabajo de monitoreo terapéutico muy complejo como es la estadía en una comunidad terapéutica. La adicción no es un vicio moral, es una enfermedad asentada en nuestro modo de vivir y que se basa en mecanismos cerebrales muy complejos en donde retrocedemos en la escala biológica y transformamos a la ingesta de drogas en una estrategia de supervivencia como sería el respirar que es la función orgánica en donde se asienta la base de la vida. La película “Atracción fatal “de Michel Douglas forma parte también de esta reflexión en donde este personaje no podía no hacer algo con su amada mientras se iba muriendo a través de ella. Con las drogas pasaría lo mismo.

Juan Alberto Yaria
Director General GRADIVA. Rehabilitación en Adicciones.

Se buscan cómplices…No testigos.

“Sin testigos nos evaporamos…” J.P.Sartre “El ser y la nada”

El dependiente a las drogas no lo puede ser sin cómplices y precisamente elude los testigos. La dinámica opositiva entre cómplice y testigo marca a la transgresión como uno de los principales problemas de la vida en drogas. El cómplice funciona como el socio del silencio en acciones que eluden leyes de la salud, la vida y las relaciones sociales. Es silencioso ante las “transas”, los robos para consumo, es “campana” en la entrada en las villas o es pareja afectiva que complace los placeres mutuos pero siempre en derredor del verdadero amor que es la droga. El evento central de todo dependiente es la sustancia…los de afuera son “de palo” (como se dice en el argot popular) aunque sean los cómplices como participes necesarios.

El testigo es el que atestigua por una cierta legalidad; es el “buchón” para el consumidor o el que rompe códigos. Los principios de la “omerta” tan caros a los principios de la mafia son una realidad en nuestros barrios y circuitos de consumo y forman parte dela vida del consumidor. Consumir en cantidad drogas es un estilo de vida que incluye ritos, señales, alianzas, complicidades, secretos. Todo esto configura ese estilo de vida que va más allá del daño que realiza en el cerebro el consumir…es una manera de andar por el mundo que al final culmina en el aislamiento más absoluto. Pero para llegar a ese “autismo solitario” se pasa por múltiples alianzas negativas para la vida y al servicio de la autodestrucción.

Como dice Sartre “sin testigos nos evaporamos” ya que es la Ley como compañía humana lo que vale. Es un amigo que me acompaña en la vida, la novia que participa de lo mejor de nosotros para un proyecto de vida y así sucesivamente sociedades ideales en el proyectar y caminar la vida. El silencio cómplice es la pareja “codependiente” que cubre los consumos, el policía corrupto que ampara circuitos ilegales , el llamado amigo que en circunstancias críticas nos abandona en la puerta de un hospital pero sin acompañarnos en la circunstancia agónica (como multitud de veces he visto en las guardias hospitalarias de mi juventud ) ; y así sucesivamente.

Historia de Vida

Las parejas de los adictos duran poco si hay consumo. Juan Pedro, a quien conocí hace más de ocho años tenía una mujer con la que consumía. La violencia paranoica acompaña los ciclos de intoxicación de cocaína y así los golpes se suceden ante la atónita mirada de un hijo que ve a dos enloquecidos atacarse. Factura a saldar en el futuro para ellos de parte del hijo y a la vez trauma duradero .Mientras tanto se cubren para comprar y consumir más allá de la mirada de los otros. Buscan esconder ese consumo (típico en los pacientes) pero el mismo es enteramente visible para aquellos de los cuales quieren huir. Muestran ocultando .Se mienten en su verdad. Se termina la pareja. Pero también el dinero para nuestro Juan Pedro; ella era proveedora económica y él con su larga carrera de adicciones perdió todo e incluso los favores de su familia de origen. Se rompe la complicidad…a buscar otra cómplice.

El con más de treinta años busca una adolescente hermosa en su parecer y rica económicamente. Aparecen sus dotes de seductor y que mejor seducción que ofrecerle cocaína a una menor ávida de placeres y con severos problemas de identidad. Así conforma una pareja cómplice con el afán de heredar un imperio económico. La Ley de la cocaína hace estragos ya que no es la Ley tal cual la definió Platón como “camino para crecer”, sino que más bien es un camino hacia el deterioro. Se deteriora, así, el vínculo, Juan Pedro apela a esclavismos para tenerla dominada y retenerla. La Ley de la cocaína es la paranoia y la celotipia en muchos casos. El tercero que son los vecinos intervienen ante los escándalos con la intervención policial y así se rompe este circuito de locura.

La vida de él quedó marcada por un deterioro gradual y le perdí el rastro. Las dos mujeres pudieron hacer un tratamiento y reestructuraron sus vidas. Muchas de estas historias pueden terminar con la placa roja de un noticiero…son moneda corriente hoy en tiempos de epidemia y de pérdida de las brújulas existenciales o sea de proyectos .La droga ocupa ese vacío de ser y sentido en miles.

Brújula, testigos y cómplices

Cuando recuperamos la brújula de nuestras vidas o sea el norte ávido de proyectos y esperanzas aparece en nuestras vidas testigos que nos acompañan en la lucha por la vida. La palabra compañera/o tan usada por los griegos (no solo en la política) es alguien con quien compartir el pan, signo de nutrición no solo alimenticia sino existencial. Caminamos por la vida con testigos. El cómplice anuncia lo contrario ya que en principio son circunstanciales y en donde la traición es el antivalor fundamental de estas constelaciones vitales. En el testigo la fidelidad es la Ley de esos vínculos.

Juan Alberto Yaria
Director General GRADIVA. Rehabilitación en Adicciones.

Padres consumidores de drogas.

“…mi mamá esta “redura” por la “falopa”, como me va a pedir que me trate” (adolescente que comenzó a consumir a los 11 años)

Jovita recibió sus 18 años con un festejo raro y extraño. Su madre insólitamente la despertó a las 12 de la noche con dos petacas de vodka y la invita a un brindis para la llamada “fiesta blanca”. La alcoholización de madre-hija acompaña desde ese momento una evolución hacia la adicción en Jovita. Desde ahí ya viene el desborde: desborde y una carrera de consumidora. La conocí a los 23 años.

Su padre mientras tanto la había abandonado jaqueado por el alcohol y sus dos hermanos ya eran adictos inveterados. Su elección de pareja culmina en un esposo adicto a la cocaína.
Ambos, ahora, luchan en su adultez para despegarse de esta saga criminosa y suicida. Dos hijos son la Ley que marca que necesitan un cambio. Podrá escuchar ese llamado o seguirá la saga criminosa…esa es la gran pregunta que viene desde sus padres. Repetirá o habrá un ciclo de cambio?

Hay dos elementos que se dan en Jovita: a. adolescencia y consumo; en esta edad la vulnerabilidad es enorme; b. los hijos de padres adictos tienen de 4 a 7 veces más posibilidades de desarrollar conductas adictivas que los que tienen padres que no consumen.

Padres y consumo

Jovita en si mismo es testigo de una de las consecuencias típicas de hoy: las transmisiones intergeneracionales del consumo. Antes había que buscar en la esquina, el boliche, los grupos de amigos o compañeros, hermanos, escuela, etc. Hoy se agrega como un elemento crítico la transmisión a través de los padres. El consumo generalizado tiene estas consecuencias. La mesa familiar, los asados, fiestas y los postres van seguidos o acompañados de drogas y abuso de alcohol. Como consecuencia de esto nadie puede limitar con autoridad a los más chicos. Se diluye, así, el principio de autoridad como mínimo y en otras circunstancias mucho más difíciles de sobrellevar aparecen perversiones sexuales: abuso, violencia, etc.

Cuando hay drogas y abuso de alcohol en una familia pueden diluirse las diferencias hombre –mujer, padre –hijo. De todo esto es espectador y participe un menor. Se resiente la escuela y en este niño los trastornos de conducta están ahí con distintas desinhibiciones, problemas de disciplina y trastornos de aprendizaje. Así se va resintiendo todo el desarrollo madurativo de los chicos.

Rápidamente el adolescente empieza con dificultad en inhibir conductas y regular las emociones. Su afectividad empieza a ser lábil y cambiante. La conducta de los padres genera un contexto de desorden normativo y precisamente este contexto alterado es paralelo al mismo desorden a nivel del desarrollo de su sistema nervioso. Las drogas y el alcohol a temprana edad alteran el llamado neurodesarrollo y comprometen las funciones de la corteza frontal (eje de lo propiamente humano) y responsable en su buen funcionamiento dela conciencia de nosotros mismos, la planificación del futuro, la noción de los riesgos y consecuencias, la proyección de metas.

Entonces quedamos atados al ya… al instante. No podemos esperar y…mientras tanto se sigue lesionando y alterando la función más preciada del sistema nervioso. Del estudio y el trabajo…olvidarse y justo, precisamente, en una edad en donde se asientan las bases de la Identidad futura.

El Filicidio

Observamos en el desarrollo de muchos de nuestros pacientes púberes : negligencia en el cuidado y la educación, carencias afectivas , acontecimientos vitales estresantes con duelos, perdidas que no pudieron ser elaborados, modelados familiares (padres consumidores) negativos , vinculación desde temprano a grupos marginales.

Por todo esto la adolescencia es hoy definida como el semillero de las adicciones; la vulnerabilidad psicobiológica que resulta de un sistema nervioso en desarrollo y al mismo tiempo factores familiares y sociales francamente agresivos y de alta nocividad.

Jovita vivió todo esto. Ella está tratando de salvarse. Sus hijos son la Ley que les marca un camino. Ahí comprendí como la pulsión de auto -destrucción del paciente se daba la mano con el pacto criminoso familiar. El pacto criminoso es un filicidio….buscar activamente la muerte del hijo de diversas maneras: abandono, falta de límites, renegar de la función del otro progenitor o incluso descalificarlo permanentemente, no prevenir situaciones de riesgo, habilitar consumo de drogas en edades infantiles o puberales, etc.

Es como tal un delito que consiste en atentar contra la vida y que es cometido por un genitor (padre/madre) hacia un menor hijo propio. El termino deriva del latín “filius” que significa hijo.

Cuando hay consumo de drogas es todo más sutil. Habitualmente se habla de matar a un hijo de una manera cruenta. En las drogas lo incruento es lo que todos los días desde el “reloj del inconsciente” de los padres se va perpetrando.

Juan Alberto Yaria
Director General GRADIVA. Rehabilitación en Adicciones.

“Bajemos un cambio…”

El refugio de Jorgelina en sus 15 años  es el “porro” en donde “alucina” otro mundo. Los fines de semana cocaína y en alguna ocasión alucinógenos. Sus padres la abandonaron acosados por sus múltiples problemas psiquiátricos (drogas , depresión) .Quedó en manos de distintos parientes que más allá de su buena voluntad solo le podían proporcionar una heladera a veces llena y otras vacía pero nunca una mesa familiar.

 Todos corremos y parecemos no escucharnos. Y nuestros hijos están ahí. No los miramos casi ni tampoco los escuchamos y por eso  después no los podemos limitar cuando es eso lo que necesitan. Luego el psicólogo lo diagnosticará como un hiperkinético (nunca quieto siempre distraído). Así era Jorgelina en su infancia.

  Nuestros hijos parecen estar entre la civilización de la velocidad  y el mundo de las ausencias y el desamparo y ahí a la vuelta de la esquina  se encuentran las drogas. Ellas circulan “conectando y desconectando” a las personas. Sin palabras y reconocimientos familiares y sin poder escuchar no puede aprender. O sea no puede crecer. Viene traída a la comunidad terapeútica por su Obra Social.  ¿Cómo empezar a reconstruir esta situación crítica?. Rápidamente trato de buscar otros adultos protectores y que funcionen de garantes para frenar este naufragio de un grupo familiar. Encuentro un tío y una tía de la madre.

 Con ellos tratamos de tejer un nuevo proyecto de vida alejado de la autodestrucción en una comunidad terapéutica. En las terapias aprenderá a llorar lo que ya no puede ser y a la vez empezará a utilizar la palabra como vía para su salvación dejando atrás el alcohol y las drogas. Es la velocidad de lo humano y no la huida de la fuga.

 Juan Alberto Yaria

Director General GRADIVA. Rehabilitación en Adicciones.  

 

 

 

El PACO: Necesitamos padres rescatistas.

Juan, con apenas 16 años, está en un refugio de consumo de paco. El padre lo busca y su figura resalta con un  temporal como escenario de esta angustia ligada a la búsqueda del hijo. Sus pies en el barro y todo él claman por su hijo. Alguien, como si fuera un ángel salvador, le dice: “…está ahí, ojalá yo tuviera un padre como Ud. que me buscara”. Lo veo y al interrogarlo parece un “viejo-joven”. Su sistema nervioso se ha “apagado” y así lo muestran los estudios cerebrales. Triste, apático, sin ganas. Las drogas y el alcohol lo llevaron a esta situación. Desde los 11 años consumía.

Hoy Juan se está recuperando e incluso trabaja con el padre en un taller mecánico. Esta historia de vida me conmovió. El amor repara, encuentra, da salidas y fundamentalmente rescata. Necesitamos rescatistas como ese Padre.  Mientras tanto el Paco con su malignidad tóxica sustrae. Resta. El amor paterno  suma y multiplica. El consumo voraz de esta sustancia lo había prácticamente  “secuestrado”. El no –abandono lo salvó.

El paco “secuestra” la función pensante del cerebro. Nos convierte en un conjunto de automatismos solo prestos para volver a consumir. El autómata vence al pensante. En un kilo y medio el cerebro contiene tres funciones: a) las que nos liga a los reptiles con movimientos reflejos y automáticos; b) el cerebro que nos liga a los mamíferos y por ultimo c) el incipiente cerebro razonante y con capacidad desarrollar un contacto social y el amor hacia otros. El Paco y la mayoría de las drogas suspenden el funcionamiento de este tercer cerebro. Necesitamos, hoy, rescatistas. Cuidemos a nuestros hijos de las drogas. No las dejemos avanzar. Consulte .

Juan Alberto Yaria

Director General GRADIVA. Rehabilitación en Adicciones.  

 

“Se me apagaron las luces…”

A Jorge lo escucho en una guardia de una clínica con su cara magullada, golpeado y herido moralmente luego de una golpiza. Boliche, alcohol, alguna pastilla y lo único que atina a decirme es que en el desborde las previas con alcohol alguien le alcanzó unas pastillas y ahí luego me dice  se “me apagaron las luces “.

Jorge tiene 22 años es un  consumidor en tratamiento y esta recaída le duele mucho. Olvidó seguir o desconoció   pautas de conducta que son necesarias  para una rehabilitación: no ir a fiestas donde haya alcohol o ambientes de desenfreno como son los boliches. Desafió límites necesarios para su recuperación.

Las luces son siempre un símbolo de claridad mental. En las religiones y en el pensamiento filosófico la Luz se une a la Verdad. Estar lúcido es, precisamente, poseer luces mentales, poder entender y a la vez conducirse. Cuando nuestro paciente se quedó “sin luces “se suspendió todo el control cortical de su conducta. La corteza cerebral es el sector del sistema nervioso que tiene que ver con el manejo y monitoreo  de nuestras conductas. La alcoholización y el consumo de drogas en Jorge lo llevó a perder el manejo de su vida. Ahí golpeó y lo golpearon. No recuerda lo que pasó, pero también pudo pasarle cualquier cosa.

La salud mental hoy tiene que ver con el respeto de nuestros límites. Nuestro sistema nervioso nos impone límites. No drogarnos ni alcoholizarnos es uno de ellos. Si tenemos alguno de estos problemas quizás necesitemos consultar con un especialista.

Juan Alberto Yaria

Director General GRADIVA. Rehabilitación en Adicciones.