¿Hacia el ocaso de la paternidad?

“”Hay un lazo nupcial entre el hombre y la vida y en la familia ese pacto se pone en acción”. G. Marcel, “Homo Viator”

Leyendo esta semana en los medios los números de la CICAD-OEA (organismo sobre droga-dependencias en América latina) en donde nuestro país se encuentra casi en paridad con el consumo de U.S.A. en alcohol y cocaína con un avance enorme en los últimos 15 años y con un aumento en el consumo de alcohol superior a U.S.A. en la franja juvenil pensé en las implicancias de todo esto en la educación familiar y social. Estamos primeros en el consumo de cocaína después de U.S.A. y junto a Uruguay. El consumo de alcohol en los jóvenes del secundario supera las marcas de toda América incluyendo a U.S.A.
Lo vemos en la clínica cotidiana y me interesa analizar en estos días de celebración del Día del Padre la implicancia de esto en la transmisión de la “”irracionalidad”” a nuestros hijos.
Pablo, empresario importante, ha hecho de un lema una consigna que preside su vida: “”Cocodrilo que se duerme es cartera””. La desconfianza y las suspicacias deciden su vida. La cocaína es el suplicio que lo persigue pero que al mismo tiempo es lo que le permite alimentar esta “”vocación”” paranoica en la vida.
Esta sustancia es una verdadera “”Cruz”” en su existencia. Varias internaciones prolongaban su padecer al no poder frenar el apetito voraz por ella. Ya “”domado”” por las sustancias y en los instantes en donde su vida corría riesgo puede finalmente iniciar un tratamiento y las recaídas son cada vez menos intensas y los periodos laborales son cada vez más fructíferos. Su compañera también consumía. Dos hijos observan estas secuencias de sus vidas en donde la lucha frente a las compulsiones es casi todo.
Su hijo adolescente también comienza a consumir. Este es el drama de las familias donde los padres tienen historia de consumo. ¿Podrán implementar límites a la conducta autodestructiva de sus hijos que están en los inicios de su carrera adictiva?
Precisamente cuando esto sucede los límites son fundamentales. Ser permisivos en los instantes primeros es de alguna manera asociarse al destino, casi seguramente, negativo de un hijo.

CRISIS DE LA FUNCION PATERNA
El padre de Pablo no pudo. Lo dejó hacer en sus 16 años. La debilidad y la falta de diálogo primaron. Pablo tampoco puede. A pesar de los daños que siente en su cuerpo y en su vida, no puede. Repite, por ende se va condenando. 
El Padre en su función es Ley. Los hijos nos reclaman de diversas maneras. En el hijo de Pablo los reclamos y la demanda de Padre surgirán desde las conductas adictivas. Pablo no puede ejercer su función porque no la puede ejercer sobre sí.
Decimos siempre que la vida es una suerte de desarrollo en donde “”necesitamos de dejar de “ser hijo de” para empezar a ser padre de sí mismo para luego poder ser padre de otros””. Pablo no puede ser padre de sí mismo (autocontrol de conductas, cuidado de su persona, por ejemplo) y tampoco ejercer la función paterna. La función del Padre es una oferta que es disposición, donación, sacrificio.
Esta oferta de padre hace al hijo, lo transforma e incluso permite que cambien conductas que de destructivas puede pasar a ser constructivas. También la oferta de hijo hace al padre. Sus lamentos, sus penas, su padecer transforman al padre y lo hacen ser más Padre.

CRECIMIENTO EN SOLEDAD
El adolescente parece crecer solo. Los padres se quedaron en el vestuario y entonces la vida parece ser un juego sin árbitros en donde el arbitrio como capricho narcisístico es Ley.
El maestro de psicoanálisis argentino G. Maci dice: “ante la caída del orden simbólico familiar aparecen dobles protectores”. No hay acompañamiento simbólico en el desarrollo y esto parecería quedar suplantado por distintos “padrinos” que están en las esquinas, en los “transas”, en los patovicas o en el relacionista público del boliche prestigiado.
La función paterna aparece en nuestra sociedad devaluada ya que es una caricatura en directores, guías, consejeros, o en aquellos que están colocados en la condición de conductores. ¿Dónde quedó el mundo adulto? Parecería que todos somos adolescentes.

LOS PADRES Y LOS HIJOS
Siempre hay una invocación al Padre en momentos agónicos, terminales. La frase de Jesús en el Gólgota resume, quizás, la historia de la cultura: “Padre porque me has abandonado” (Mateo 27). Los síntomas de los hijos son una apelación, también, agónica a la función paterna. Se invoca siempre a un Poder Superior, a una Ley porque el padre es ley de vida y resulta ser el fundamento de la vida.
En los problemas de las adicciones observamos variadas figuraciones de las funciones paternas: ausencia, abandono, inmadurez, rechazo. También padres que funcionan como adolescentes (padres “pares” con sus hijos) y que juegan un rol con ellos que no son los que su función demanda.
La paternidad cumple una función biológica (la donación de semen resume parte de este papel). Pero trasciende absolutamente a esta función del hombre como padrillo. La paternidad es también una función de inscripción legal de un hijo en la cultura. Es transmisión de notas de vida y de valores, así como acompañar una evolución y fundamentalmente es una adopción del otro para sí facilitando el paso de la libertad y la autonomía.

Los antiguos la tenían clara; era Padre aquel que podía adoptar un hijo. Así un maestro y un tío, entre otros, pueden cumplir funciones de modelos para el otro y de esta manera permitir un ejercicio de la libertad. La función paterna trasciende la función biológica del hombre como portador de semen. La transmisión es clave y para ello la presencia en momentos críticos es clave.

En estas relaciones padres-hijos se da la trascendencia de un fenómeno cultural que es base de la vida social: la filiación. A través de “ser hijo de” entramos en la historia. La filiación es la historia viva y encarnada en cada uno de nosotros. El hijo que no conoce a los padres, sufre, sufre mucho. Busca una historia, relatos, ritos. Todo esto no está. Busca una cierta tradición y ésta no es más ni menos que una transmisión de notas de vida (tradición deriva de tradens que es transmitir).

El hijo de Pablo busca un padre que no está aún cuando vive con él. Pablo no se puede reconocer en su función paterna. Aún presente es un ausente en su función simbólica de Ley.
En el Día del Padre me pareció útil recordar conceptos que hacen a la esencia de la vida.

* Director General Gradiva – Rehabilitación en adicciones.

Juan Alberto Yaría

* Director general de Gradiva – Rehabilitación en adicciones

Divididos entre el Dr. Jekyll y Mr. Hyde

“…y si soy el mayor de los pecadores soy también la mayor de las víctimas” (A. Stevenson “El extraño caso de Dr. Jekyll y Mr. Hyde”).

Precisamente la literatura se ocupó de empezar a desentrañar este misterio de duplicidad que se asienta en la personalidad de muchos y esto lo demostró como nadie A. Stevenson en su libro “Dr. Jekyll y Mr. Hyde”. Un suceso en el 2013 que conmovió a la opinión pública de aquel célebre portero que mato la joven casi niña Angeles en un intento de violación muestra la duplicidad entre la bonhomía y lo bestial. Es también sorprendente, en estos días, el caso de un pediatra prominente del Garraham que participaría de una red de pederastia y pornografía infantil mundial. Creo que esto último remueve en el inconsciente colectivo la disociación enorme que ciertas personas llevan en sí en donde lo apacible se confunde con lo felino y simiesco.

En algunos consumidores de drogas esta división de la personalidad es evidente y son formas de encubrir la abstinencia simulando, manipulando e incluso mintiendo para conseguir ciertas prebendas. Así como para el asesino, como el portero que comentábamos, la violencia y el sadismo son claves para el consumidor inveterado de drogas en momentos de abstinencia todo vale para conseguir lo buscado.

Juan sale un fin de semana luego de un proceso terapéutico aparentemente positivo. De repente sale, roba las llaves de su casa mientras los padres duermen y vaga por la ciudad tratando de consumir. El día después retorna asustado, fundamentalmente, de sí mismo y sin haber consumido. Oscar sale con compañeros y huye para entrar en los laberintos de una villa. Dos días está ahí. Vuelve en una ambulancia en estado de intoxicación severa. Jorge me consulta por primera vez hace unos años:”… estoy todo golpeado, cocaína, pasta base, alcohol a lo loco; no puedo sostener nada.solo me hace pensar en cambiar mi hija”. A los 40 años es un despojo de impulsos, desanimado y sin esperanzas de cambio.

NECESIDAD DE CONSUMIR
Las drogas generan disociación y se va ampliando la brecha entre lo que tiene que hacer en la vida cotidiana y la necesidad de consumir. Eso se llama abstinencia o necesidad de consumir para calmar el malestar. A medida que lo hace se van disminuyendo los controles biológicos de los impulsos (sectores muy precisos del cerebro y del sistema nervioso en general que se dañan lentamente con la ingesta de estupefacientes) y la pérdida del auto-control es cada día más evidente. “Cuando tomo una copa…ya tomo dos botellas y me persigo y si no me gusta una cara lo golpeo…la violencia es mi carta de presentación cuanto estoy “pasado”; me seguía diciendo Jorge en donde con frialdad describe lo que hace el Otro que hay en él. Esta división de la personalidad está unida a la ruptura de contacto con la realidad. Ya es imposible controlar una conducta ni mantener un proyecto. El consumo inveterado de sustancias genera cambios permanentes en las estructuras y función del cerebro y con demandas permanentes para mantener una “doble vida”. Esta disociación lleva a fugas, huidas, amnesias en donde no se acuerda lo que se hizo, dobles identidades. 

DR JEKYLL Y MR. HYDE
Las adicciones nos muestran los múltiples repliegues que en la vida los seres humanos podemos llegar a tener. Ya R. Stevenson en su célebre “Dr. Jekyll y Mr. Hyde” mostraba con precisión como convivían en una sola persona dos personalidades. En el personaje convivían el amante de la ley y el bestial. Después supimos que R. Stevenson se estaba describiendo a si mismo porque era un consumidor de todo tipo de drogas y especialmente cocaína.

El libro es conocido porque muestra una representación vívida de un trastorno psiquiátrico que hace que una misma persona tenga dos o más identidades o personalidades con características opuestas entre sí. En psiquiatría, esto hace referencia al trastorno disociativo de la identidad (anteriormente conocido como trastorno de personalidad múltiple).

Los consumos de drogas amplían esta disociación; hay un conflicto entre dos impulsos que pugnan dentro del sujeto sin que en muchos casos él no tenga consciente esa lucha: una teniendo en cuenta la realidad y la otra renegando de ella y siguiendo los deseos más arcaicos e incluso autodestructivos.
La novela de Robert Louis Stevenson (1886) “El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde” es una novela histórica, previo a los estudios de Freud, y contemporánea con los estudios psiquiátricos sobre las personalidades múltiples y/o las dobles personalidades. Jekyll reputado médico y conectado con filántropos de la sociedad y el otro representado por Hyde que por el contrario era un misántropo o sea alguien que odiaba al ser humano y que sentía dicha y gozo por la desgracia ajena.

Es un ejemplo de personalidad escindida y/o disociada ya que Stevenson nos enseña como conviven en el mismo personaje dos personalidades. Toda la vida de Stevenson fue como entender la dualidad del ser humano como conflicto eterno “siguiendo el pensamiento de la Sociedad Victoriana de la cual él era un testimonio vivo” entre el Bien y el Mal. La novela surgió de sueños y pesadillas que él tenía en donde el bien y el mal tenían una vigencia permanente.

En la novela el autor “que retrataba al hombre eterno luchando con los contrarios dentro de sí busca una poción, que cual droga, separara las dos personas y que podía transformarla en la encarnación de su parte maléfica. 

Los escritores alemanes hablaban del “doppelganger” que era el doble fantasmagórico que persigue a toda persona viva. El “ganger” es el andante, o sea camina al lado nuestro. Es nuestra sombra, el doble; es nuestro gemelo malvado. El “doppel” es el doble que nos acompaña. En las patologías psiquiátricas esto es muy claro, así como en los consumidores de drogas. 

LAS PERSONALIDADES MULTIPLES
Al final supimos que Stevenson, luchando contra muchos males infantiles, era adicto a drogas y alcohol y que murió por un accidente cerebro-vascular muy joven a los 44 años. El genio describió como nadie el drama de la multiplicidad de personajes que nos habitan. Hoy sabemos que la droga disocia. Incluso se toman en boliches drogas llamadas “disociativas” como la marihuana, el éxtasis, la ketamina, el “popper”.

Ahí dos mundos se instauran e incluso observan lo que él mismo hace como si fuera otro. También hoy se conoce como las drogas suspenden el funcionamiento de los controles corticales más evolucionados y asiento de la cultura y las normas éticas de respeto y cuidado del más débil, de los menores, por ejemplo. Lo antisocial empieza a reinar.

Disociación que nos persigue desde que nacimos. Desde la “leve hipocresía”, hasta las manifestaciones de “mala fe” de muchas personas con doble faz hasta las rupturas groseras de la personalidad en los llamados síndromes disociativos en esquizofrénicos o en los adictos; suturar esta “grieta” originaria es la tarea vital. Uno de los mayores problemas de las personas disociadas es la regulación de las emociones. Una vez que se desata lo “bestial” no se puede parar. Lo que sí sabemos que Mr. Hyde reinó y se llevó una vida y siniestramente con gozo y placer.

EL ADN DE LA ADICCION
A medida que se sigue consumiendo el cerebro queda vulnerable luego de la experiencia crónica del consumo y queda sumamente condicionado a señales ambientales: lugares, personas y contextos que disparan automáticamente la recaída y el deseo de consumir, en los que tienen un consumo de años.
Podemos decir que en el “ADN” de la adicción está la posibilidad permanente de recaer si el paciente no logra con el tratamiento en una comunidad dejar de consumir, hacer una psicoterapia intensiva, tomar a los grupos de recuperación como parte de su vida por varios años y aceptar un programa de conducta en donde necesita renunciar a lugares de consumo, personas de contacto (“dealers” por ejemplo y compañeros de consumo) y a situaciones que lo pueden llevar a recaer.

Acá hay tres grandes valores para la recuperación: A) Aceptación del padecimiento; B) humildad para buscar ayuda válida dejando la soberbia típica de las conductas adictivas y por último la renuncia a un estilo de vida que lo llevaría a las 4; C): clínicas, cementerio, cesantías laborales y cárcel. El destino de la autodestrucción que está en el propio ADN de la adicción y necesita el paciente reemplazarlo por un proyecto de vida con una ayuda terapéutica.

* Director General Gradiva – Rehabilitación en adicciones.

Juan Alberto Yaría

* Director general de Gradiva – Rehabilitación en adicciones

Drogas: Química-muerte o porvenir

“…en el futuro próximo habrá una profesión que se llamará la del “oyente” para romper la focalización del ego” (Byung-Chul Han – “En el enjambre”)

Jorge vuelve hace unos años de una recaída y sufre enormemente con dolores corporales y un malestar generalizado con una ansiedad creciente que le impide dormir y con fantasmas y pesadillas que lo asaltan permanentemente. No descansa ni puede dormir viviendo sobresaltado. Sufre, sufre mucho ya que los opiáceos y el paco dejaron su huella luego de días y días metido en la tumba de los desaparecidos sin nombre como son ciertos aguantaderos de hoy (sectores de las villas, pisos de consumo en lugares distintos incluso en zonas VIP). Solo busca drogarse, los profesionales que lo atendemos debemos (es un deber), según él, darle la dosis buscada que siempre es poca.

En lo toxicológico queda preso de la tolerancia (cada vez más y más sustancias que lo hacen un mayor dependiente), siendo así capaz de aceptar algo buscándolo y sin ofrecer resistencia y cada vez quedando sujeto a una suma infinita que es una resta final en la sobredosis o en la muerte próxima, y por fin una compulsión incesante con una obsesión que no cesa hasta una abstinencia con dolores, pesares físicos y distintas alteraciones. 

Las situaciones adictivas lo ubican en aquellos que marca el Diccionario de Letras: adiccere, en su primera significación significa encadenado, abandonado, entregado, consagrado. O sea es un esclavo.

ESTADO DE EXCEPCION

Sobre esto G. Agamben en su libro Estado de excepción nos muestra en qué consiste el estado de expropiación de la subjetividad cuando un sujeto queda envuelto en un conjunto de relaciones de Poder (la sustancia como Poder máximo, el grupo de distribuidores y dealers, un cerebro de-corticado, con default de las estructuras de control y del pensamiento, etc.). Nos enseña que hay un grupo de fuerzas que proceden en dirección opuesta a la subjetivación y van triunfando los procesos de de-subjetivación. Como sujeto es solo un resto que implacablemente busca repetir la alucinación poco placentera y cada más mortífera que le propone su voracidad insaciable.

Jorge no tolera más que dosis letales para su salud y el esfuerzo afectivo del equipo y los sistemas de contención parecen no bastar. Desde los 13 años hasta sus actuales 30 está entregado al consumo. 
Ciclos muy breves de cesación de consumo acompañaron estos años. Se esforzaba por estudiar, lograba buenos resultados superando ciclos de atención que no superaban los cinco minutos de lectura siempre con un apoyo externo (los padres) hasta lograr cuatro horas seguidas y un avance consiguiente en los estudios. Pero ante cada logro aparece cual personaje mitológico Sísifo aquel donde relataban los griegos el alzar la piedra hasta la cúspide de la montaña para frustrarse hasta que ésta caía y volvía a subir. Masoquismo permanente; quizás esa es la historia de un consumidor de sustancias.

LA DEGRADACION HUMANA
 
Todo esto hace innecesaria la actividad cortical pues solo basta el cerebro automático y reptiliano en la búsqueda de una satisfacción ilusoria. Así este sujeto expropiado se devora a sí mismo como una boca o todo agujero que se devora a sí mismo. Así tres estructuras quedan hipotecadas: 1. la actividad cerebral reducida a movimientos reflejos automáticos; 2. la subjetividad alienada en el dealer y sin estructuras de espera y reflexión; 3. la caída de todos los ordenamientos socioparentales (transas, sexo por drogas, robos, transgresiones legales, grupos de desaparecidos sin nombre ni identidad que se juntan en el cementerio de los nadies). 

Hay muchos Jorges en nuestro país que vagan por centros de rehabilitación, guardias de hospital buscando una ilusión ciega ya sin porvenir, es un tiempo sin futuro más que sujeto a una repetición incesante. Solo la presencia de los padres como garantes es la esperanza junto a un equipo médico que pueda sostenerlo en sus ciclos de angustia y ofertarle amorosamente un camino diferente.

EL TRIUNFO DE LO HUMANO

Carlos y sus padres están contentos y con la sensación de un deber cumplido. Los conocí hace dos años. Luego de una sobredosis en donde moribundo estaba en terapia intensiva tras de años de consumo de cocaína y éxtasis comienza una rehabilitación en Gradiva.

No podía unir una vocal con una consonante en su discurso y era una verdadera ensalada de palabras cuando intentaba comunicarse. Fueron dos años duros y se cumplieron ciertas reglas claves: a. Los familiares como garantes y acompañantes del tratamiento; b. La motivación alta de Carlos de dar un viraje en su vida y con una conciencia de su problema creciente; c. La institución que lo alojó en todo el sentido de la palabra. Este triángulo virtuoso es fundamental en una rehabilitación.

Hoy sabemos que el primer año de trabajo con los pacientes severamente dañados por el uso de sustancias es fundamental ya que solo entre el 25 y el 50% logran mantenerse sin recaídas y generar un proyecto de vida tratando que ese triángulo virtuoso se profundice día a día en ese primer año. 
El triunfo mayor en los muy dañados por el abuso de sustancias se da según los estudios internacionales luego de 5 años de abstinencia de consumo y la participación en un programa de rehabilitación con grupos , el corte con todos los grupos de consumo y la posibilidad de darle un contenido a su vida luego de años de vacío existencial.

Cuando todo esto se empieza a lograr el paciente no solo es escuchado sino que empieza a escuchar y ahí se abre al mundo. En realidad el paciente parece ser una caricatura de un modo de vivir que prefiere el flash instantáneo a la espera de la escucha que es lo que me permite pensar. ¡Escuchar! Parece ser la clave para pensar, detenerse, evaluar y no estar encandilado por las respuestas inmediatas. Eso lo aprendemos en la escuela de la vida y en los grupos de rehabilitación. Sin químicos supletorios sino con palabras liberadoras.

Escuchar es lo único que hace que el otro hable. En realidad la droga nuestra de todos los días parece ser el Narcisismo con la ilusión ciega del Saber que es la ignorancia alienante.

* Director general Gradiva-Rehabilitación en adicciones.

Juan Alberto Yaría

* Director general de Gradiva – Rehabilitación en adicciones

Drogas y “tiempos de gente sola”

Default humanístico.

“Es un tiempo de superficies. No de profundidad. Vivimos patinando sobre un lago helado. Todo es tránsito”. Z.Bauman.

Siempre los padecimientos humanos son una caricatura del contexto cultural en los cuales vivimos. Cayó un mundo a mediados del siglo pasado y surgió otro con sus claro-oscuros. Ese pasaje de mundos desde la llamada Modernidad con sus discursos predominantes que “mamamos” en nuestras casas, la calle, la escuela, las Iglesias, los clubes y en todo entorno social mutó radicalmente en la llamada Post-Modernidad.

Al lado de esto crece exponencialmente la criminalidad organizada, ya no son “Consiglieri” ni “Don Corleones” al estilo de Mario Puzzo en la película “El Padrino” sino empresas organizadas; empresarios con cadenas de distribución y bancos de financiamiento y lavado de activos. El ser humano perdió su dimensión sagrada y es solo un consumidor no importa de que con tal de que rinda en plusvalía lo que se vende.

Esto parece explotar en los síntomas y adversidades del que consulta. Las drogas parecen ser, hoy, un reflejo de esto por la masividad de su consumo y una forma de mostrar los “agujeros y vacíos” de nuestro modo de vivir. De la misma manera los trastornos de pánico, las crisis de ansiedad y las depresiones en la edad media de la vida. Aumentan en todo el mundo las adicciones y las patologías mentales así como los intentos de suicidio.

En nuestro país ha bajado la percepción de riesgo del consumir drogas y alcohol y esto justifica, en parte la epidemia que vivimos.

A partir de mediados del siglo XX tres grandes relatos que durante centenares de años se disputaban la educación y el control político de las naciones entran en crisis como lo son el Cristianismo, el Comunismo (ascenso del proletariado como fruto de la lucha de clases) y el Iluminismo con su fe absoluta en la Razón y confianza ilimitada en el Progreso. 

La caída de estos relatos que tuvieron vigencia durante varios siglos da lugar a un nuevo ciclo cultural que intenta superar a la anterior Modernidad cediendo paso a la llamada Post-Modernidad.

El individualismo predomina sobre lo colectivo. El narcisismo domina. El tiempo es el hoy. El ya. El futuro del Hombre Nuevo cristiano, o del Hombre de la Razón Iluminista o el Hombre de la Revolución se derrite. Surge Narciso. No hay finalidades en la vida ya que todo se agota en el instante. El Tiempo es Hoy y no el “día de mañana”.

La cultura de consumo, dineraria e individualista triunfa al lado de la imagen como centro de la vida y ya no la Palabra. La técnica y la informática suplantan los diálogos y vivencias. Surge otro Hombre Nuevo, más plástico, más “líquido”, más abierto pero también más abandonado y especialmente en su infancia y educación. El hombre pasa a ser cliente y usuario más que ciudadano y fundamentalmente sin familias; crece cada vez más solo en el medio de un mundo de objetos y consumidores.

POBLACIONES EN CRISIS

Así quedan tres grandes poblaciones epidémicamente comprometidas ante el abuso de alcohol y drogas en nuestro país y en el marco de incertidumbre de la crisis post-moderna y esto lo vemos en la consulta permanentemente, por lo menos en Gradiva:

1. Los jóvenes con iniciación a los 11 o 12 años con el alcohol y la infaltable marihuana para luego seguir en la carrera “académica” de todas las otras (cocaína, éxtasis, pastillas, etc.). Parecen ser jóvenes sin tutelas, con crisis de los transmisores de la cultura como son los padres, las escuelas y que entonces lucen desorientados y a su vez “amaestrados” cotidianamente por la sociedad multi-mediatica y tecnológica que se sucede sin fin entre you-tubers, imágenes, propaganda y anonimato. Para ellos el “No Future” como lema del rock de los 90 es un guión vital y se encarna en sus vidas. No se ve perspectiva fuera del hoy, el ya. El instante.

En la tarea de todos los días en la consulta vemos jóvenes que buscan padres como marca la Odisea en el mito de Telémaco en donde el hijo ruega que retorne el padre Ulises para poner un poco de orden en la aldea. Nuestros hijos parecen estar como Telémaco.

Buscan jerarquías que desde el afecto, los valores y los límites los orienten en el difícil camino de vivir. Justamente buscan aquello que la post-modernidad ataca como son las jerarquías vitales, la antecedencia de la transmisión de la sabiduría de padres, abuelos a hijos. Muchos lamentan no tener abuelos y padres en esta sociedad que denostó a la Paternidad y a la tradición. 

2. Adultos agobiados que consultan cuando ya el vodka y la cocaína pierden el encanto de la “luna de miel” inicial y se convierten en una compulsión infernal. Atrás quedan empresas, familias, hijos.
Consultan vencidos por el sin-sentido de sus vidas en esta sociedad tan crítica de los valores y finalidades y que buscaron una “fuga imposible” en las drogas y el alcohol dentro de un “combo” de vínculos fugaces y transitorios llegando con una melancolía vital que arrastra patologías que se complementan con los estupefacientes como diabetes, infartos, insomnio pertinaz, sedentarismo y desesperación; ésta aparece como central ya que la esperanza no se vende en ninguna góndola prestigiada de este mundo post-moderno.

Pero ese evento central que es el drogarse los acerca cada vez más seguido a las salas de guardia en donde un suero los espera con un tranquilizante para volver a lo mismo a lo sumo a las 48 hs.

3. Familias laceradas por el consumo. Acá triunfo el marketing del “consumo responsable” marcado por la ideología del “matrix progre” pero que olvidaron la función del cerebro y del impacto de las sustancias sobre las neuronas, la personalidad y los ordenamientos familiares y sociales. Hay padres que consumen, hijos que los ven o incluso los ayudan en las crisis de las “resacas” o en los momentos agudos de su enfermedad. Todos consumen. Ya hay algún muerto o algún otro con una enfermedad infecto-contagiosa crónica. Se va hundiendo así la cultura ya que la familia no deja nunca de ser el primer organizador social. En “tiempos nublados” (metáfora de Octavio Paz cuando se refiere a estos tiempos en donde quedó nublada la espiritualidad) urge restaurar el diálogo y la cultura de la palabra así como vencer compulsiones a consumir y que parecen ser designios de hoy.

MUNDO DE CLIENTES Y USUARIOS

Para nosotros se multiplican los desórdenes adictivos, mentales, nutricionales pero este discurso parece ser antiguo ya que el supuesto paciente es en realidad un cliente. Esto que para nosotros es un padecimiento compulsivo y que compromete la libertad de las personas para otros es signo de liberación (matriz política “progre”). La sociedad antigua disciplinaria debe caer y la “liviandad” debe triunfar más allá de lo que dicten normas sanitarias.

Los hospitales atestados de pacientes en sus guardias, muchos ya llegaron tarde y se ganan una muerte no digna o un deterioro neurológico casi irreversible.

El mundo narco, a su vez, lo ve como un negocio en donde el que padece (paciente) es un cliente y siguiendo las leyes del mercado hay que tratar de multiplicarlos. A su vez industrias legales farmacéuticas, hotelera, de diversión e incluso del alcohol y los cigarrillos creen ver en este negocio una ampliación de la red de venta como lo demuestran las articulaciones entre sectores del negocio farmacéutico (ligados al cannabis) con las empresas de alcohol. Las mezclas posibles son tarea de los ingenieros químicos y su venta de los productores del marketing. Al fin de cuentas es una sociedad química y de impacto de imagen y para eso estarán los profesionales dedicados a esto. Unos ayudarán a mezclar sustancias que impacten y otros a cautivar desde imágenes que también impacten.

Juan Alberto Yaría

* Director general de Gradiva – Rehabilitación en adicciones

Drogas: agonía de la Voluntad

“…en el caso de daños en los lóbulos frontales del cerebro queda disminuida la capacidad de formular intenciones”. (El misterio de la voluntad perdida – J.A. Marinam. Gran pensador español).

Llegan todos los días a Gradiva en consulta personas agonizantes en lo principal que es un dato humano como lo es la voluntad; voluntad para tomar decisiones, voluntad de vivir, voluntad de desear. Vencidos, sólo los ata a la vida un carnet de Obra Social que un familiar consigue.
Llegan en masa luego de 20 o 30 años de consumo de estupefacientes o jóvenes que comenzaron a los 11 o 12 años siempre acompañados con un carnet de discapacidad que les permite viajar gratis o ir al Gaumont a ver cine. Todos vienen con intervención judicial; no por delitos sino porque son “parias” e incluso expulsados del sistema de atención médica.

Años y años de consumo inveterado, muchos viviendo en la calle luego de reiterados fracasos y de rechazos familiares y de defraudaciones varias.
Oscar tiene solo un grupo de familiares que pagan su obra social pero no le dan dinero…la calle fue su refugio, en sus 45 años reconoce que perdió familia, hijos, enfermedades varias incluso dañando su sistema inmunológico con enfermedades infecto-contagiosas. Busca ayuda como la de los desesperados.

LA PERDIDAD DE LA VOLUNTAD
Me interesa analizar la pérdida de la voluntad como la señal más clara de la agonía existencial. Necesitan una “prótesis” humana que no los precipite al suicidio. Garantes de la vida y ese parece ser el papel humanizante de las comunidades terapéuticas y de los médicos y profesionales que tratan pacientes adictos con un alto nivel de cronicidad en el consumo y que han perdido atributos en tres dimensiones:
A- Deterioro de las funciones cerebrales de control, planeamiento y pensamiento que fundan la voluntad para optar y decidir en donde los daños de los lóbulos frontales es evidente. B- La alienación de la subjetividad en donde el “dealer” o “transa” es el sujeto buscado siendo él solo un objeto. C- La caída de vínculos sociales sanos quedando cercado por complicidades que culminan siempre en un deterioro aún mayor. Tres niveles de perdida de libertad y de agonía de la voluntad.

¿QUE ES LA ADICCION?
Según la Academia Nacional de Letras deriva del griego “adiccere”: encadenado A- abandonado/a.; al mismo tiempo quiere decir sin expresión…el que no puede decir. Esclavitud y falta de palabra son dos notas características de estos nuevos discapacitados que acompañados por carnets de identificación social (discapacidad y de una buena obra social) se presentan para que seamos garantes de una vida posible. No son violentos ni rebeldes. Están vencidos. Buscan una “mano” que los ayude en el camino de la vida.

A veces funcionamos como un “bastón”, en otros casos como una “casa” que pueda garantizar no volver a hundirse en el “mar” de la enfermedad. O sea cultura que al decir de Ortega y Gasset la es “el salvavidas que nos auxilia en el mar bravío de la vida”.
Los debemos ayudar a superar las barreras que les propone la abstinencia con su gama de sensaciones displacenteras y de síntomas físicos y las compulsiones que a través de ideas que se imponen o en sueños que son pesadillas lo instan a consumir. Necesitamos superar noches de insomnio y de vacío. Y fundamentalmente devolver ganas de vivir.

NUESTRA RESPONSABILIDAD PROFESIONAL
Son muchos los elementos que nos inducen a pensar que durante años no alertamos lo suficiente sobre las consecuencias de esta enfermedad. El alerta temprana es fundamental así como la detección precoz.
Cuando empieza la “luna de miel” de consumo es donde debemos actuar o sea cuando se prepara el proceso que puede culminar en la perdida de la libertad. Luego vendrán asistencias en guardias hospitalarias que desintoxican rápidamente sobredosis pero todo sigue igual. También tratamientos que se interrumpen ante las primeras muestras de mejorías que encubren procesos larvados de abstinencia para volver a consumir.

Luego seguirán tratamientos ambulatorios con drogas incluidas en donde triunfara la mentira y la manipulación para seguir en el camino del deterioro cada vez más rápido. Luego seguirán hijos abandonados, varias parejas en relaciones furtivas y fugaces. Se van acumulando frustraciones. Heridas emocionales una tras otra imposibles de elaborar psicológicamente porque el déficit psíquico y de su sistema nervioso avanza.

Hoy sabemos que el costo de tratar pacientes con trastornos adictivos es menor al costo asociado al uso de servicios de salud, la criminalidad y el uso de servicios de justicia bajando el índice de discapacidad y la cronicidad de miles resguardándose el capital humano y social del país que es su verdadero capital.
Una intervención precoz en asistencia lleva a tasas de mejoras en un 50%, la cesantía laboral baja también un 50 % así como la criminalidad. De lo contrario se va consumando lo que J.A. Marina llama “el misterio de la voluntad perdida”.

* Director General Gradiva – Rehabilitación en adicciones.

Juan Alberto Yaría

* Director general de Gradiva – Rehabilitación en adicciones

Cocaína: “Desaparecidos sin nombre”

DEFAULT HUMANISTICO- “Lamento mucho lo que está pasando”, dice la mujer de uno de los

Esteban llega luego de seis meses de carrera frenética de consumo de cocaína. Es traído con riesgo de vida por una ambulancia y con orden judicial. Me asombra como llega. Lo “mató” la omnipotencia y, probablemente, cierta complicidad de su familia. Se dio el alta anteriormente sin apelar a un tercero (el equipo profesional). Así parece ser la estructura personalidad del consumidor de sustancias ya que el Ego elige y destruye todo tercero que es precisamente siempre el garante de una sensatez que se está perdiendo. Observo con pena la verdadera indigencia del sujeto que es la “indigencia” alucinatoria.

Vivió meses en esa indigencia alucinatoria subido a sus delirios de omnipotencia con un “tónico” permanente que era el clorhidrato de cocaína. Los cómplices de su secuestro fueron varios que forman parte de lo que llamo “los socios de la desolación” (figuras de la noche, expertos del sexo en todas las posiciones y géneros, “dealers” de lo que haga falta) que son los “garantes frágiles” del mundo de los “nadies” que ellos habitan. En ese mundo de ilusiones y de “luces engañosas” (eso quiere decir lo alucinatorio) esos socios de la desolación se convierten en “socios de la desgracia”.

En ese mundo de “garantes frágiles” se observan formaciones sociales degradadas con multitud de funcionarios de lo perverso y emisarios de lo psicótico transformando al homo sapiens o al “homo incipiens” (ese hombre que nunca termina de hacerse que describe magistralmente Ortega y Gasset) en “homo demens” como magistralmente lo describe E. Morín en donde el progreso a lo demencial es la ruta más segura con la cual se va a topar.

Ahí, ya, perdemos nuestra subjetividad y formamos parte de una masa o tribu en donde el anonimato (por la pérdida de la subjetividad) nos envuelve en el destino final junto a la multitud de los “nuevos desaparecidos” de hoy. Los “nameless” (sin nombre) que ni siquiera a veces tienen la dignidad de un cementerio.

Mientras tanto Rodrigo me emociona. Había llegado igual que Esteban y luego de varias semanas de desintoxicación empieza o retoma un área de creatividad (no hay rehabilitación sin que aparezca un área de creatividad) y empieza a asomar un poeta. Sus poesías son excelsas y denotan una gran sensibilidad. Describe como nadie a los socios de la desolación que describí anteriormente: “soledad antigua compañera, de madre o de niñera, astuta espía de dársela en la pera…fiel en los momentos de sustancia (droga) y mala consejera…soledad, mendiga con quien sea, de malas juntas es una odisea, entrar es fácil, no sale cualquiera de tus barrotes deprimente y mala Yegua”. Entrar es fácil…no sale cualquiera nos dice Rodrigo y nos podemos preguntar el porqué.

LA ALIENACION CRECIENTE 
Caen tres estructuras claves en la vida humana como lo son: * la degradación de la vida cerebral y de todas sus redes neuronales, químicas, eléctricas y de transmisión de información generando por el apagamiento de las funciones más evolucionadas (frontales y temporales) liberando el cerebro automático. El automatismo del consumo repetitivo reemplaza al pensamiento y la descarga a la espera.
* La subjetividad se aliena y el sujeto cede frente al objeto; el “dealer” es todo, la sustancia es lo que hay que devorar.

Es un “desaparecido” y que forma ya parte de la “sociedad sin sujetos” que vivimos. Basta caminar por ciertos barrios para ver esta realidad de vagabundos de traje o en zapatillas buscando aquello que los mortifica pero que le es necesario. Con un cerebro que no ha perdido funcionalidad esto sirve enormemente para repetir hasta el hartazgo lo alucinatorio y queda asegurado el consumo sin límites.

* La caída de todos los ordenamientos socio-parentales. Hay sociedades paralelas, cómplices, familiares co-dependientes, familias consumidoras. Socios de la desgracia. La tribu suplanta a los grupos que nutren de salud y cultura. La barbarie suplanta a la civilización.
Sólo un común denominador los asocia: la moneda/mercancía que compra y vende que demanda según la dupla consumidor/dealer. Son grupos sociales que constituyen mercados cautivos de un capital de mercado consumidor, que anula todo capital humano. 

¿QUE PUEDE SIGNIFICAR TRATAR HOY? 
La complejidad nos llama ya que hay un cerebro y sus funciones que muestran una gran alteración en sus funciones y estructuras, una persona que ha perdido la dimensión simbólica y solo cae en la literalidad del consumo como un verdadero “quita penas” para toda frustración o dolor y al mismo tiempo está rodeado de pactos familiares y sociales criminosos y con vínculos comunitarios degradantes y de alto riesgo tanto en las clases opulentas como en los circuitos de mayor pobreza.

El tratamiento parece ser la restitución de lo humano con la palabra y el gesto viviente al lado de un pensar que se recobra. Pasar de la lógica de la devoración oral en donde todo agujero tiene que llenarse con químicos a una locución simbólica .Esta es la tarea.

Tratar es también testimoniar ante la sociedad la no válida vía química como tratamiento de los dolores humanos. Lección olvidada en la era tecno-marketinera y devolver a las estructuras educativas, tan heridas hoy, a su papel de transmisora de notas de vida.

Planes y programas maestros siguiendo todas las cuadrículas socio-educativas y una amplia gama de centros de tratamiento. Pasar de una sociedad de esclavos crecientes a una sociedad de la Palabra. La voz de la prevención debe ser audible en todas las estructuras de la sociedad mediática que vivimos. No ocultar la desgracia y anunciar la esperanza posible.

* Director General Gradiva – Rehabilitación en adicciones.

Juan Alberto Yaría

* Director general de Gradiva – Rehabilitación en adicciones

Cocaína: La gran estrella

Default humanístico. Hay una ingeniería de la salud que se realizó con éxito en algunos países como Islandia, zonas de España, Suecia y en algunos Estados de USA que mostraron una baja de la prevalencia del consumo

Roberto Saviano, escritor italiano, casi es asesinado en el Sur de Italia cuando denuncia las maniobras de la mafia en la distribución de la cocaína. Su cabeza tenía precio y tuvo que irse a Estados Unidos y casi cambiar su identidad para poder seguir viviendo. Quiso denunciar un negocio. Luego empieza a escribir multitud de libros desde su nuevo lugar titulando un libro “Cocaína Cero-Cero-Cero” dando a entender el triple Cero de las harinas o de los alimentos de alta calidad. En su primer libro “Gomorra” anuncia el problema en 2006 y así comienza su calvario viviendo con escolta policial y luego se va a vivir al otro continente. Analiza el “oro blanco” que parece ser la droga de la omnipotencia.

Dice con un claro mensaje literario no despojado de dramatismo: “…consume quien está a tu lado en el tren, el conductor al volante al autobús, tu jefe, el camionero que descarga botellas, el recolector de residuos, el accionista de Bolsa, el médico que opera, el que maneja un taxi, el policía que está a punto de pararte, el abogado mientras realiza una demanda, consume la prostituta o el travesti al que vas antes de ir a casa, etc. etc.”.

Describe la epidemia en sus tierras y en cualquier lugar del mundo y así el hoy de nuestras comunidades. Desde el joven o el adulto que se vuelve loco por comprar “la bolsita” hasta aquel que busca la “pasta base” (paco) ya desesperadamente y al final lo mezcla con alcohol dañando aún más su sistema nervioso y toda su personalidad.

EN CLAVE CULTURAL

Me interesa analizar esto en clave cultural. No pasa por mi análisis ver el fenómeno del narcotráfico. En todo caso analizar lo que Octavio Paz llama “los tiempos nublados” de esta época.
En datos oficiales entre 2004 y 2017 aumentó el 400% el porcentaje de aumento del consumo y personalmente creo que hay un sub-registro de esta tendencia y el crecimiento ha sido mayor (Foro de Seguridad Latinoamericano). Los puntos de venta entre el 2010 y el 2015 generaron un importante incremento y el Barómetro social de la UCA aprecia un aumento del 47 % apreciándose en todos los barrios los “dealers”.

En relación a la esfera laboral un dirigente de peso y de amplia valía en su quehacer social como lo es el Secretario General de Petróleo y Gas Privado de Río Negro, Neuquén y La Pampa y también senador nacional Guillermo Pereyra remarcó que en las zonas de Vaca Muerta y otras hay un “40 % de trabajadores afectados por el consumo abusivo de estupefacientes incluyendo al alcohol” (diario lmneuquen.com 3 de octubre 2018).

Esto adquiere significación porque el trabajador petrolero debe ser el mejor pago de la Argentina. Con toda crudeza nos dice que en los exámenes clínicos un 40% de jóvenes son rechazados por las consecuencias del consumo de drogas y alcohol. Trabajo hay pero la alguna falla orgánica (hepática, cerebral, mental) salta como una dificultad para conseguirlo. La zona más rica y de más amplia proyección de la Argentina está inundada por estas enfermedades sociales.
En el mundo laboral el consumo de una o más drogas ilícitas en el último año en los medios laborales alcanza al 20 % y el alcohol el 67 % (fuente Sedronar). En Gradiva analizamos y atendemos las consecuencias de muchos años de consumo en muchos trabajadores y que incluso han perdido sus puestos laborales.

El Centro de Prevención Laboral (CAPLA) que dirige el reconocido especialista Dr. Ernesto González alerta en sus distingos trabajos sobre las consecuencias sobre la salud, la seguridad laboral, el ausentismo que está generando esta epidemia así como los riesgos familiares. Entre el 20 y 25 % está ligada al consumo de sustancias.

¿COMO SE ARMA UNA EPIDEMIA?

La epidemia es una obra paciente de ingeniería social, ingeniería al servicio de la enfermedad social y con alta plusvalía; pero ingeniería al fin. Esta ingeniería requiere una población desmovilizada culturalmente y desvalida afectivamente y en un gran eclipse de valores. No es casual que la explosión se da luego del 2001 en nuestro país en donde se inician en términos de Octavio Paz los “tiempos nublados” unido a esto el gran cambio tecnológico y la caída de los vínculos familiares y las crisis de las instituciones de transmisión cultural y escolar.

No es nada nuevo lo que voy a explicarles. Se ha dado en todos los países que han tenido una epidemia y desde ahí realizaron “anticuerpos” culturales y escolares así como familiares para detener la prevalencia.

En principio asistimos a lo que denominamos una “Crisis de Drogas” que tiene los siguientes fenómenos concatenados; una sobre-oferta de todo tipo de sustancias legales e ilegales, ganancias ilegales asociadas a este consumo, escasa alarma social y respuestas comunitarias y aparición de enfermedades asociadas (mayor prevalencia de enfermedades psiquiátricas, enfermedades infecto-contagiosas, etc.).

Luego de este paso previo vemos varios fenómenos también concatenados: A) La estabilización de un mercado en red de distribución. B) Una elite consumidora que genere un marketing de aceptación social utilización todos los medios tecnológicos que hoy disponemos desde la televisión hasta todos los sitios de internet. C) La emergencia de líderes intelectuales que minimizan el daño del consumo o que esconden las consecuencias. Y por último D) La entrada en el consumo de núcleos juveniles y de medios desfavorecidos socialmente que luego trabajaran por la dosis o robaran.

Así ya la epidemia está eclosionando y esta se basa en la retroacción de varios fenómenos: contagio psicosocial de par a par, de joven a joven, en el “corre ve y dile” de la vida explotándose las vulnerabilidades individuales, familiares o sociales del conjunto afectado, la exposición permanente a estímulos de aceptación social con alta disponibilidad de sustancias y ya con la aceptación social instalada.

NUESTRO QUEHACER ANTE LA EPIDEMIA

Lo enseña claramente la Universidad de Maryland que año a año estudia la evolución de las epidemias desde los 70. Es muy simple, estudian localidades de USA analizando tres variables: A) Cantidad de puntos de oferta. B) Noción de daño que genera el consumo de drogas y si la percibe o no la comunidad. C) Los trabajos preventivos en los medios culturales, comunitarios, familiares y escolares que se realizan. Encuentran que a menor trabajo preventivo en las comunidades aun manteniéndose estables los puntos de venta y distribución aumenta el consumo. Al contrario a mayor trabajo preventivo baja el consumo. La clave es el trabajo sobre la aceptación social en la comunidad y esta es una tarea educativa y de valores.

Hay una ingeniería de la salud que se realizó con éxito en algunos países como Islandia, zonas de España, Suecia y en algunos Estados de USA que mostraron una baja de la prevalencia del consumo. En primer lugar una formación masiva de líderes sociales y organizaciones líderes de la sociedad (padres, jóvenes, escuelas aula por aula, autoridades educativas, tomar la estructura municipal como eje de las acciones). Luego potenciar redes de contacto entre ellas fomentando la alerta temprana desde las escuelas y las familias y la detección precoz como la mejor manera de luchar contra la creciente aceptación social y por último formar Escuelas Preventivas como Centros Preventivos Escolares y Ciudades Preventivas con la participación de cada comunidad institucional.

* Director General Gradiva – Rehabilitación en adicciones

Tiempos de química y esclavitud

“La vida cuando cuando queda reducida al campo del placer es un nar-cinismo (mezcla de narcisismo con cinismo)…todo vale para conseguirlo” (Colette Soler-psicoan. francesa).

POR JUAN ALBERTO YARÍA

29.04.2019

Los terapeutas no sólo aprendemos en el consultorio sino fundamentalmente escuchando lo que sucede en la calle. Escuchar es aprender y eso nos ayuda a pensar. El pensar surge de la escucha. Valores claves en un mundo que parece ser de sordos y de gritos. Es el silencio de la escucha lo que nos permite crecer y comprender la angustia creciente que vivimos.

Las estadísticas de los organismos oficiales son duras. El 20% de los consumidores de marihuana tienen signos de adicción o sea tolerancia (necesidad de mayores dosis), abstinencia (necesidad imperiosa del consumo con signos fisiológicos y psíquicos), perdida de la noción de las consecuencias del consumo y evidentes daños en su sistema cognitivo y motivacional (abulia) y en el estado de ánimo (depresión) para al final llegar a delirios. La edad de comienzo es promedio a los 15 años y en personas altamente vulnerables (familiares en carrera, abusos infantiles, traumas severos, abandonos) le consumo se agudiza. Los que comenzaron a consumir en la adolescencia (30%) presentan consumo abusivo y llegan a consumir otros estupefacientes (46%).

PADECIMIENTOS HUMANOS
Juan trabaja como delivery de pizzas. Gana alrededor 20.000 pesos al mes y las propinas. Diariamente se lo da al “dealer” para su “amada y odiada” pasta base. Trabaja para drogarse. Esclavo perfecto. Un brote psicótico tóxico lo acerca a Gradiva con padres extenuados y agotados. Va descubriendo un mundo nuevo más allá de las compulsiones y empieza a hablar y relatar su historia y dolores. Si hoy Marx viviera diría que “las drogas son el opio de los pueblos”, ya no la religión.

Un taxista escucha una conversación mía con otro profesional sobre las crisis de los pacientes mientras nos transporta de un punto a otro de la ciudad. Interviene en la misma y me dice que para él la “milonga” es fundamental (la marihuana), recrimina al Poder no tener su “plantita” en su casa. Me comenta las peripecias para comprarlas pero que no puede vivir sin ella y que a la noche cae muerto en la cama y es el mejor hipnótico para su vida. Temo porque maneja un vehículo seguramente drogado pero sigue contándome en tono frenético historias de la Ciudad y las drogas. No a la “merca” me dice y tampoco a la pasta base: “esos están terminados: “llega a decirme”. Pero, para él, la milonga es la panacea. Hacen cola en la Villa para comprar, me sigue diciendo.

Hay tres colas: una para “la milonga”, otra para la “merca” y por último para el “paco”. Todo bien ordenado me dice sin parar de hablar. Cuando baje sentí que me salvaba por el temor ante un conductor que parecía drogado pero al mismo tiempo crecí; esta es una parte de la Argentina actual que luego irá o no a los consultorios.

Los dos hechos clínicos, uno social y otro en los límites de un consultorio muestran el grado notable de aceptación social del consumo y de la caída del discurso preventivo ya sea como alerta primaria basada en la salud como de la detección precoz. Los dos manejando vehículos pero evidenciando el des-manejo de sus vidas. La responsabilidad de todos como Estado y sociedad ha sido cedida.

EL “ULTIMO HOMBRE” 
Es el tiempo de lo que F. Nietzche (Alemania-1844/1900) llamaba el “Ultimo Hombre”: el que no se trascendía a sí mismo, conformista, masificado, con metas que sean nada más que el “aquí y ahora del ya”. “”Ahí ningún árbol elevado puede crecer en esta tierra yerma””, nos decía. Estos “últimos hombres” son pequeños, demasiado pequeños y se van sometiendo a la esclavitud, resignados e inmersos en el más alienado conformismo. Este “Ultimo Hombre” está representado por un camello que soporta toda carga como un esclavo pero debe recuperar al niño que está caído en él para jugar, inventar y crear.

Aparece así un individuo haciendo gala de su soledad más absoluta ahí con el químico que es consuelo y rabia y que al mismo tiempo anuncia su desvinculación del Otro y los otros. Soledad buscada y rabiosamente temida y odiada porque muestra el vacío y por ende la angustia que tiene que volver a ser tapada por otra bocanada o pinchazo. Y así vamos inaugurando la letanía mortífera y suicida del individuo libre, solo y esclavo a la vez.

No son tiempos de imperativos categóricos morales que imponen el Deber en una sociedad ya que ahora todo es relativo. Triunfó el relativismo. Todo se puede. Hay un nuevo Poder Blando que no es imponer el No sino mostrar que todo puede ser Si. Cuando el Si ya nos esclaviza una fría sala de hospital lo recibirá o la “dignidad” del vivir en los suburbios o en las calles con su “tetra” o en la soledad de un departamento vip esperando la muerte. Su muerte o su deterioro no son anunciados sino escondidos en las estadísticas de los que llamo los nuevos desaparecidos de hoy. Esconder bajo la alfombra es la tarea en la post-modernidad. Mientras tanto se anuncia un nuevo y ascendiente Poder Blando en donde todo se puede frente a la antigua sociedad del No.

El Poder blando actual te manda a la descarga inmediata, al caos pulsional que no es libertad sino sumisión como ese paciente que trabaja silenciosamente para darle de comer al “dealer”.
El nuevo Deber, ahora, en esta post-modernidad es gozar al límite mismo de la vida. Goce masturbatorio como el mismo Freud lo definió cuando dijo que la adicción es un signo masturbatorio, auto-erótico en donde el otro y los Otros importan poco. Así llegamos a que en esta sociedad el único vínculo prestigiado es el consumo del consumo. Todo lo demás parecen ser anti-valores.

UNA LUZ EN EL CAMINO
Muchos me preguntan al leer estas notas y tomar conciencia del problema que tienen a su alrededor, en su casa o en su barrio en cómo salir de esta situación. Primero asumir que el problema existe o sea no negarlo y rescatar nuestro papel de ciudadano, padre o hijo. En segundo lugar unirse a movimientos escolares y sociales que quieren luchar por la salud y generar una red masiva de centros de detección precoz, alerta temprana, desintoxicación y de tratamientos; de lo contrario nos debemos preguntar quién se hará cargo de los miles de discapacitados psiquiátricos y crónicos por este consumo en relación a la epidemia que padecemos. El dolor soterrado y escondido es mucho y muy grande.

* Director General Gradiva – Rehabilitación en adicciones.

Juan Alberto Yaría

* Director general de Gradiva – Rehabilitación en adicciones

La “evaporación” del padre

DEFAULT HUMANÍSTICO- “La evaporación del padre es la de los vínculos de donación de sentidos”.

POR JUAN ALBERTO YARÍA

22.04.2019

Oscar consume desde los 11 años. Viví solo, me dice, sin poder mirarme; su madre trabajaba y el padre estaba embargado en sus empresas comerciales. La calle es su refugio y ahí aprende lo que es la marihuana, el alcohol, el paco, las diversas pastillas. Se va transformando en una boca y una nariz que consume. Obesidad y anorexia lo acompañan. Es la enfermedad del amor lo que padece.

Están los padres, lo llenan de regalos pero parece ser que estamos enfermos de amor hoy: la agonía del Eros es clave en este malestar y vacío de miles de jóvenes y así van surgiendo las generaciones químicas. Un regalo sobre el fondo del des-amor pierde todo valor. No es un don, sino un compromiso frío.

Oscar recurre a nosotros como un “viejo joven” de 18 años ya golpeado por distintas enfermedades y casi como un condenado a muerte. Me llama la atención su EPOC (enfermedad pulmonar obstructiva crónica) a tan corta edad, con la sumatoria de los tóxicos del tabaco y la marihuana.

Estos son tiempos de des-vinculación afectiva, pero todo con Internet, Whatsapp, mensajes, imágenes en tiempo real pero falto de vivencias, contactos y piel. Internet, que sirve incluso para comprar drogas. Las estadísticas frías son sólo una anécdota en este malestar existencial masivo pero que sirven para graficar lo que vivimos. Casi el 20% de los jóvenes tiene evidentes signos de adicción a la marihuana con edad promedio de inicio a los 15 años.

Casi el 30% de los que comenzaron en la adolescencia presentan en la juventud un consumo abusivo y más del 46% consumen estupefacientes. Las personas de menores recursos consumen cocaína fumable y los otros por aspiración y, de lo contrario, la inyectable con efecto rápido en cinco minutos, frente a los diez de lo que se fuma y los quince de lo que se aspira (Sedronar-2017).

En realidad, tratamos seres agonizantes en Gradiva porque ya han perdido toda voluntad o sea cuando el deseo se transforma en una mera repetición de conductas auto-destructivas.
El auge de la vida química en nuestra sociedad va surgiendo en forma paralela a la caída de los vínculos de sostén humano y autores de hoy llaman la “sociedad líquida” con el vacío como fantasma que preside su evolución humana con la caída de la palabra, las transmisiones generacionales y de todo aquello que conlleva una trama vincular de sostén (entrecruzamiento de la sociedad industrial con la sociedad tecnológica y la era post-moderna y de licuación de vínculos o sociedad de la des-vinculación).

LA HUIDA QUIMICA
Parece vital para muchos la vía química para la solución de sus problemas. Solución que es huida pero salida al fin para entrar, al mismo tiempo, en una “encerrona”. Es masivo el fenómeno. El alcohol, la marihuana y la cocaína se imponen como solución desesperada para muchos. Ya fue aceptada socialmente, luego de un gran trabajo de marketing que “prende” en un suelo fértil y que muestra paradójicamente la intemperie de muchos. El vacío de ser y de sentido empieza a cotizarse en Bolsa. El paciente forma parte de la plusvalía. Es un objeto mercancía.

Relatábamos en anteriores notas la eclosión del clorhidrato de cocaína en la sociedad europea y las discusiones entre Sigmund Freud, Albrecht Erlenmeyer (1849 -1926 Viena, uno de los más grandes psiquiatras europeos de la época) y Ludwig Lewin de la Universidad de Berlín. Estos dos últimos fueron mostrando que al lado de la morfina (opio) y el alcohol también la cocaína se iba convirtiendo en un azote para la humanidad mostrando las consecuencias del consumo en el campo social, psiquiátrico y de envejecimiento neurológico. Pero mientras tanto se vendía libremente.

La humanidad, al mismo tiempo, crujía de dolores, ya que se anuncia en el horizonte de los tiempos la caída de una sociedad pre-industrial y victoriana y nacía una sociedad centrada en la producción, la máquina, el consumo. Cambia la vida familiar y también los ideales que la sustentan. En 1938 un psicoanalista francés joven J. Lacan escribirá observando este fenómeno de la eclosión de la máquina y de la producción capitalista en su libro “La familia”: “la “caída” del padre hará que oscuras “madrinas” siniestras se instalaran en cuna del futuro neurótico”. No será sin consecuencias este cambio.

La sociedad victoriana se basaba en el deber, la postergación de los deseos y con todo un horizonte normativo centrado en la transmisión generacional y las normas sociales basadas en la tradición. El sistema social en la época victoriana estaba basado en el deber y ese era el imperativo social.

Hoy, mientras tanto, la civilización no exige la renuncia a la satisfacción inmediata, sino que la incentiva, la manda, la pide. El deber ahora es gozar. La droga permite esto ignorando las consecuencias. Todo esto se complica más por la caída de los ideales sociales, la agonía del amor en la tutela de los niños con el desamparo consiguiente y con una tecnología a partir de la década del “80 del siglo XX que irrumpe con fuerza arrasando aún más los vínculos de contacto humano.

Van surgiendo generaciones químicas. Aquello que en los finales del siglo XIX fanatizaba con la cocaína, hoy convierte en un “Imperativo Categórico” el uso de drogas para muchos ante la caída de las tutelas y de los vínculos familiares de sostén. Massimo Recalcati, uno de los más lúcidos analistas de este momento cultural, habla refiriéndose a este fenómeno de la “evaporación” del padre.

El maestro italiano llega a decir que en la vida somos herederos pero si no hay transmisión de las generaciones precedentes y del entorno social (escuela, cultura) surge el vacío y un hombre lleno de agujeros. El desempleo juvenil alto agrega más incertidumbre al panorama. Ni hablar del nuevo fenómeno de grupos familiares en carrera de consumo. Un porcentaje significativo que consulta tienen familiares con consumos problemáticos haciendo entonces muy difícil el pronóstico. Lo que se transmitió no fueron palabras, valores, sentidos y orientaciones sino la solución química que resulta ser como la “solución final” de los regímenes totalitarios.

PADRE… ¿POR QUE?
La evaporación del padre, que es la de los vínculos de donación de sentidos, amor estructurante y valores que orienten delimitan una gran dificultad de hoy: ¿quién educa? Los seres humanos necesitan ser educados, sólo los animales son adiestrados. Arendt retoma un texto de San Agustín de la “La ciudad de Dios”: “Un recién nacido nos hace regresar al alba de la humanidad”.

¿Qué significa el apellido hoy?; se pregunta Charles Péguy (1873-1914-escritor católico francés) en el “Hombre de la Esperanza” y nos dice “piensa con ternura en ese tiempo que no será tu tiempo sino el tiempo de tus hijos”. Hoy el apellido parece significar poco. Incluso los descensos de la natalidad en Europa hacen pensar a algunos en una orfandad melancólica de pérdida de sentido ¿para qué traer hijos al mundo si el mundo parece prometer poco, abrir un porvenir donde ya no parece haber porvenir? Al fin de cuentas, como dice Péguy, “el único aventurero del mundo de hoy es el padre: alimentar educar, es un pobre ser responsable, sufre por otros”.

Recalcati recuerda al Cristo crucificado en el Gólgota cuando dice “padre, por qué me has abandonado”. También la película de Nanni Moretti (2011) “Habemus Papa”, cuando es designado un Papa que se queda sin voz porque no puede soportar el peso simbólico de su designación. El balcón de San Pedro aparece vacío. Cuesta ser Papa, dice Recalcati, y también cuesta ser padre hoy.

*Director general de Gradiva – Rehabilitación en adicciones

La vida gracias a la química

La cocaína, junto al paco y el éxtasis, buscan el “todo ya”, la marca del “vacío”.

POR JUAN ALBERTO YARÍA

15.04.2019

Juan es traído, a sus 18 años, desde hace un año, luego de un viaje al interior, donde tiene una severa intoxicación. Sus padres, cada uno con su pareja, decide darle dinero y que haga su vida. La droga es un refugio para su soledad. Lo escucho cerrado al mundo, no cree en nadie. Es un abandonado. La Justicia debe hacerse cargo.

Oscar, mientras tanto, es reclutado por un terapeuta lleno de afecto y empatía en una de las tantas esquinas de la ciudad también abandonado por sus familiares. Esas esquinas son verdaderos “campos de concentración urbanos” que son desmentidos diariamente por la visión de todos nosotros como ciudadanos. Los propios consumidores le dicen al terapeuta que es conveniente que se trate o vuelva al tratamiento que había dejado. La soledad de los consumidores es total.

Lisandro, de 19 años, es encontrado hace unos meses por sus padres en un hospital, luego de una intoxicación. A los 12 años empieza a consumir marihuana y, a los 14, ácido lisérgico. Se escapa del hospital y es traído en una verdadera carrera hacia su destrucción. La soledad también es total.
Estas tres historias nos enseñan que la vida, “gracias a la química”, resulta ser la falencia de una sociedad por la caída de la palabra como transmisora de notas de vida. La química reemplaza a la palabra. El vacío a la voluntad de sentido. La vida familiar dejó de ser un continente normativo y la calle muestra las caras de los “nuevos campos de concentración modernos” en donde la persona parece ser sólo una mercancía.

La “vida gracias a la química” decía la pancarta en la Universidad de Berkeley (California), luego de la revolución química a partir de los “80 y como reacción al París del “68, anunciando una nueva época en donde la química iba a ser fundamental. Epocas en donde una de las tantas llamadas “liberaciones” pasaría por desafiar las puertas de la percepción y superar todas las barreras anímicas. Esta magia a través de las sustancias no era nueva. En ese aspecto la cocaína como euforizante inmediato ocupa el podio de la vida química de hoy. En tiempos de “No future” y en donde la noción de porvenir parece incierta, la sustancia muestra al “ahora, ya” como disvalor central.

BREVE HISTORIA

En su momento, Freud (1884, uno de sus primeros trabajos sobre la coca) llegó a imaginar al consumo de cocaína como un consumo euforizante sin consecuencias. Los estudios de Albrecht Erlenmeyer (1849-1926, Viena), uno de los más grandes psiquiatras europeos, lo llevan a cambiar de ideas, ya que experimentalmente demostró la psicosis que se inducía y los cuadros de abstinencia y deterioro. Ya denunciaba, a fines del siglo XIX, que se desencadenaba un azote sobre la humanidad; el tercero, luego del alcohol y el opio.

De la misma manera el farmacólogo Ludwig Lewin, de la Universidad de Berlín, destruyó todos los argumentos del joven médico vienés Freud, mostrando que era un “veneno” y que “un desafortunado hombre que ha inhalado tres gramos de cocaína se arma contra enemigos imaginarios”, nos decía por la invasión de los delirios. Lewin escuchaba a los pacientes y le sorprendía el grado de delirio que tenían y menciona que uno de ellos decía “Dios es una sustancia”.
Comprar felicidad momentánea al precio de obsequiar su cuerpo y su alma… nos decía.
Al mismo tiempo, la indicación de cocaína hecha por Freud para su amigo el fisiólogo Von Fleischl, que era adicto a opiáceos, lo llevó a éste una “pasión gemela” por ambas sustancias (opiáceos y cocaína) y a un estado de degradación total. Ahí llegó a decir Freud lo siguiente de su amigo: “Von Fleischl se adaptó a la nueva droga con la desesperación a la de un hombre que se ahoga”. Nunca más hablo Freud de la cocaína.

Esta pasión por la magia de las drogas no viendo las consecuencias sigue en nuestros días. A principios del siglo XX el vino Mariani hecho con hojas de coca tenía gran aceptación y su enólogo Angelo Mariani fue premiado en varios sitios respetables, así como la primera fórmula de la Coca Cola tenía hojas de coca, nuez de cola, cafeína y otras sustancias. Luego, todo esto fue abandonado.

“TODO YA”
Hoy, la cocaína, “droga estrella”, junto al paco, y al éxtasis buscan el “todo ya”, que parece ser la marca del “vacío” de miles. Las personas de menores recursos consumen cocaína fumable y las de mayores posibilidades por inspiración. Pero el “todo ya” ansía hoy la cocaína inyectable con un tiempo de cinco minutos de efecto, contra los diez por fumarla o quince por aspirarla. Y además el poli-consumo le sigue a todo esto con altas dosis de alcohol y otras drogas, como lo mostró lamentablemente el suceso ocurrido con N. Jaitt en donde se presume que se consumía todo tipo de sustancias.

No se puede entender lo que nos sucede, si no es clave cultural. El agente químico opera sobre un contexto (familiar y cultural) y sobre una persona vulnerable y también en edades vulnerables. El alcohol en nuestros jóvenes ya está naturalizado, así como la marihuana. Se ignora el efecto psicotrópico de estas sustancias y máxime en edades de inmadurez del sistema nervioso.
La marihuana tiene como promedio en nuestro país como edad de inicio a los 15 años, y casi el 20% de los jóvenes consumidores tiene signos de adicción con alteraciones psiquiátricas, caída del desempeño escolar o directamente abandono del mismo, trastornos de conducta, fugas del hogar, etcétera.

Además, en muchos es sólo una vía de entrada a otros consumos. Hoy el paciente juvenil es poli-toxicómano. Ahí la soledad se da la mano con los mandatos biológicos de un sistema cerebral alterado en donde se va generando una “ceguera frontal” suspendiéndose los pensamientos y cayendo la persona en respuestas inmediatas e impulsivas, quedando a merced de un deseo ferviente de consumo, porque los sistemas de placer quedaron hipotecados.

De los que comenzaron en la adolescencia, el 30% presenta consumo abusivo y más del 46% consumen estupefacientes habitualmente.
Desde los “80 aparece ampliamente la aceptación social a las drogas, seguido todo esto por un marco cultural en donde decaen todos los límites entre las generaciones y se hunde la vida familiar como transmisora de valores. La sociedad se hace “líquida”, en términos de Baumann, y los transmisores son los medios electrónicos dentro de un marco de relativismo moral y fundamentalmente el niño se va quedando solo. La epidemia de parejas rotas, en muchos casos, deja a niños y jóvenes en un estado de desamparo.

Ardua tarea nos espera en el campo preventivo y en las redes de asistencia, ya que la adicción cuando se instala es una enfermedad crónica, progresiva y terminal. Es quizás la epidemia de estos tiempos que el gran Octavio Paz denominó “tiempos nublados”.

Tiempos “nublados”, que muestran lo que el joven terapeuta observó cuando rescató a un paciente de un centro de consumo y que Guillermo Maci (maestro de psicoanálisis) mencionaba como los “nuevos campos de concentración” de las urbes modernas.
Quizás valga recordar al escritor Gunter Anders (1902-1992, Viena) que, al visitar un campo de concentración en Auschwitz, dirá: “Si se me pregunta en qué día me avergoncé absolutamente, responderé: en esta tarde de verano, cuando en Auschwitz estuve ante los montones de anteojos, zapatos, dentaduras postizas, manojos de cabellos humanos, maletas sin dueño. Porque allí tendrían que haber estado también mis anteojos, mis dientes, mis zapatos, mi maleta. Y -ya que no había sido un preso en Auschwitz, porque me había salvado por casualidad- sí, me sentí un desertor”.
El se salvó, de suerte, de ir a ese campo. Sentí algo parecido cuando visité varias villas de emergencia en el lugar donde están los consumidores.

* Director general de Gradiva – Rehabilitación en adicciones

Juan Alberto Yaría

* Director general de Gradiva – Rehabilitación en adicciones