Drogas: jóvenes solos ¿No future?

POR JUAN ALBERTO YARÍA

09.12.2019

“Mi madre dio a luz gemelos: yo mismo y el miedo” (Thomas Hobbes, 1588-1679)

Jorge me sorprende y me estimula a acercarme a él. Solo en la vida, en sus 18 años, aun teniendo padre y hermanos. En su soledad lo acompaña un aparato celular. Facebook, chats, Instagram y los diversos contactos entre los cuales están dealers, transas, “tribus”, etcétera. Lo conozco dentro de Gradiva y su vida es un calvario que casi termina en crucifixión vagando en calles del Abasto buscando todo aquello que lo alejara de la angustia, aunque sea por un momento: la cerveza, la marihuana y todo lo que viene después fueron imponiendo sus Leyes de deterioro. Y ahí lo conozco. Luego venia la promiscuidad, el sexo en “manada”.
Es un joven de clase media que vive solo. Una heladera vacía o llena lo sorprende todos los días. No hay mesa ni encuentros. El padre es adicto al juego y sus noches lo sumergen en el mundo de los “vampiros” en los casinos y la madre trabaja todo el día. El hermano trabaja y estudia. No se encuentran nunca; ¿se puede vivir así?
Hay miles en estas condiciones. Estamos en plena epidemia de consumo. Los números hablan, pero la vida de las personas queda fuera de la estadística. No es un problema de individuos. Es un problema social. La generación química implica como inflación la deflación de los organizadores sociales (familia, barrio, cultura, justicia, fuerzas de seguridad, etcétera).

La última obra de Zigmunt Bauman titulada “Retrotopia” menciona que “las viejas comunidades humanas y de encuentros se han ido sustituyendo por las redes tecnológicas”. Jorge es un millennial pleno. Aislado llora su inermidad, me “exprime” en el diálogo quizás alabando mis canas y mis palabras. Es un reflejo quizás de lo que hoy sucede.

Byung-Chul Han (filósofo de predicamento residente en Alemania) dice que está surgiendo la profesión de oyente en esta sociedad. En un sentido enfático el conocimiento de sí mismo resulta transformante, y se asemeja a una redención. Conocimiento es redención. Para esto hay que instalar el circuito de la palabra y los encuentros de intimidades.

Hoy perdemos cada vez más la capacidad de escuchar ya que en la actualidad social se focaliza el ego, el narcisismo y Narciso es la repetición de la voz de sí mismo. Escuchar, mientras tanto, es dar la bienvenida al otro.

EL OFICIO DE CONSTRUIR EL FUTURO
Tiene mucha cuantía hoy aquel que puede escuchar y sabe preguntar. En un mundo de individualismo y no escucha el valor buscado es la escucha y la pregunta que estimule la verdad que cada uno tiene dentro de sí (remendando el discurso socrático de la mayéutica y el célebre discurso del maestro de San Agustín).

Cuando el vacío y la angustia lo invade junto con la imperatividad de la abstinencia y la compulsión a consumir Jorge retorna a la “tribu” (los “trapitos”, los grupos de las “casas tomadas”, el sórdido mundo de los proxenetas y la promiscuidad, etcétera). La tribu es la caída de las sociedades actuales: escuela, familia, barrio, etcétera. Nos agrupamos en tribus en donde de un lado están los amigos y del otro los enemigos a odiar.

Dos extremos; la soledad inmersa en el vacío y/o la tribu que divide el mundo, el barrio, las veredas o sea todo en un mundo de amigos y enemigos. Cuando se suspende por un momento todo y esto puede suceder por una urgencia adictiva en una sala de guardia, después de una pelea surge el “No future”. ¿Hay futuro?

Por un momento retorna el hombre que imaginó Hobbes “Bellum omnium contra omnes” (“Guerra de todos contra todos”); y “Homo homini lupus est” (“El hombre es un lobo para el hombre”). Pero después en la serenidad de un diálogo y ya sin drogas y fuera de las “tribus” alienantes surge la nostalgia de un hogar que aloje. Misión imposible en la vida de Jorge ya que el padre y la madre no pueden organizar eso y la sociedad va por otro lado.

El individualismo reina. Narciso es no solo un fenómeno individual de las llamadas personalidad narcisistas sino un trastorno social llamado individualismo. El hombre hobbessiano del lobo ya es un “mundo de lobos”. Las drogas se incluyen en este contexto.

En la “Retrotopia” de Zigmunt Bauman ahí nos muestra que la utopía de un futuro mejor se transformó en la idealización nostálgica de un pasado que ya no está. La caída de los vínculos nutricios de la vida: la sociedad como orientadora de la vida desde la familia, la escuela, el barrio, las iglesias ha dejado a miles en la inermidad. Incluso a los propios padres que se desangran anímicamente con los problemas de sus hijos.

En este mundo de sufrientes aparece como anestesia un mercado ávido de clientes que es la narco-economía. Las drogas, ya legalizadas de hecho, aparecen como una pócima placentera y a la vez “veneno”. Cuando ya no se puede más las calles se llenan de “nadie” que pululan y si es invierno el frío y las neumonías los llevaran a otro destino distinto.

NOSTALGIA DE FUNDAMENTOS
Resulta más certero que nunca el comentario de Hobbes sobre su nacimiento: “mi madre dio a luz gemelos: yo mismo y el miedo” (comentario de Hobbes sobre su nacimiento). En realidad, vivió sin amparo paterno ya que este abandonó a su familia. Su filosofía no solo se basa en este dato histórico ya que su pensamiento supera esto, pero hoy la privación paterna es un hecho.

Jorge reclama por un padre. Confunde al padre adicto con el padre como modelo identificatorio. No lo ha encontrado. Le digo que es importante que acepte esta realidad; su padre es como es y no puede dar más. La aceptación es un valor clave en la vida y en la rehabilitación. En la comunidad terapéutica está armando funciones parentales con trozos de compañeros rehabilitados, terapeutas honestos. Se encuentra con el mundo de la palabra, la ley o sea con un sendero. Mientras tanto me escribe semana a semana sus vivencias. La cura por las palabras se acentúa, el relato lo salva.

En “La odisea”, Telémaco mira cada tanto al horizonte para que Ulises (su padre) vuelva para poner en orden su casa y la comarca. Es la nostalgia que vuelve o lo que Bauman llama la retrotopia. ¿No será que la nostalgia es por los fundamentos?; si el niño no crece sobre fundamentos que lo alojen aparece el hombre de Hobbes “el lobo en un mundo de lobos”.

El apego familiar es una condición fundamental para vencer el miedo a crecer. Esto falla en la sociedad actual. El hombre es un único ser que necesita 18 años de crianza. El animal nace casi completo. Hobbes decía que a él lo acompañaba el miedo desde que nació, o sea las amenazas. Parece ser que nadie habla en esta epidemia que vivimos (la Ciudad de Buenos Aires ha decretado la emergencia en adicciones) de los vínculos fundantes del ser humano.

* Director General Gradiva – Rehabilitación en adicciones

Emergencia epidémica en adicciones

POR JUAN ALBERTO YARÍA

02.12.2019

“¡Toda la guardia llena de “psiquiátricos” y alcoholizados, algunos esposados y custodiados por policías! No tenemos ni un box libre… en una noche ansiosa de espera con un cuadro clínico”.
(narración de Nora Bar – Una noche de guardia – nov.2018)

Nora Bar narra con dramatismo la espera en una sala de guardia con un conocido que tenía una emergencia clínica. Los médicos y enfermeros solo tenían tiempo para paliar la situación de intoxicados por drogas y alcohol o aquellos cautivos de delirios y alucinaciones. Este no es un hecho aislado. Se da en todos los hospitales de CABA y por lo que conozco del conurbano.

La epidemia habla. En muchos casos el paciente recibe un paliativo que compense su metabolismo alterado, unos calmantes para su excitación y a la calle. Lavaderos modernos o tintorerías al por mayor. Es raro que vuelvan a una consulta ambulatoria (datos del Ministerio de Salud Nacional nos hablan de solo un 10 % volvían a una consulta ambulatoria).

Es auspicioso que la Legislatura de CABA haya aprobado la emergencia en drogas, alcohol y tabaco en ese territorio buscando que se implementen medidas preventivas y asistenciales ante tamaña situación de prevalencia de consumo. Se olvidaron de la Salud Mental en general ya que la epidemia alcanza también a los cuadros con trastornos psicóticos delirantes y alucinatorios, melancolías suicidas, violencias con excitación psicomotriz que inundan los hospitales.

HABLA LA EPIDEMIA

Leandro Halperín, uno de los autores del proyecto menciona, “la ausencia de políticas coordinadas y efectivas de prevención, protección, intervención, contención, reducción de daños y/o tratamiento” y agrega “falta de capacitación del personal, las fallas en la articulación y escasez de herramientas en los dispositivos de atención primaria se traducen en una actitud expulsiva por parte de las estructuras hospitalarias. Las personas que ven su vida complicada por el uso problemático de sustancias y desarrollan una adicción no encuentran sistemas de tratamiento dinámicos y amigables”.

Mientras tanto la Unicef publica que en la Argentina se triplicó la tasa de suicidios en los últimos 30 años. Pasamos a 12,7 cada 100 mil adolescentes y es la segunda causa de muerte en la Argentina. “Suicidio en la adolescencia. Situación en la Argentina”, presentado por Unicef así se titula este estudio donde menciona la falta de figuras significativas en la infancia, el uso de drogas a temprana edad y por supuesto la caída de la vida familiar que parece ser el verdadero “default “cultural de nuestro país. Chicos solos y entonces surge el ¿para qué vivir? La vida bien vivida tiene que ver con las compañías, las tutelas y el reconocimiento de figuras parentales.

Consumir drogas es una forma de suicidarse posmoderna y lo vemos todos días los que trabajamos con jóvenes con daños cerebrales y con patologías psiquiátricas ligadas a ese consumo (esquizofrenias, trastornos bipolares, trastornos antisociales; por ejemplo).

DESERCION ADULTA

En sí mismo no podemos dejar de recordar al maestro en adicciones Prof. C. Oliweistein cuando nos enseñaba en Paris: “…las drogas y su consumo es una crítica a los valores de los adultos que casi no le han transmitido nada, denuncia el fracaso de la transmisión de generación en generación de normas y de todas las nociones para sobrevivir en la lucha por la vida”.

Insisto que la alarma en CABA que demanda la legislatura se debería ampliar a toda la problemática de la salud mental y porque no a nivel nacional. Pensemos que en los últimos 20 años han faltado políticas estables de asistencia y prevención.

Los planes de formación de Lideres sociales y Padres no se han dado, las políticas preventivas en las escuelas han sido erráticas. La falta de prevención como alertas tempranas y detección precoz en todos los niveles institucionales genera una prevalencia cada vez mayor de consumidores.

Las residencias de medio camino para aquellos pacientes que no pueden controlar sus impulsos a consumir o que tienen patologías psíquicas asociadas casi no existen y se ha reducido a la mitad el número de plazas para la atención de pacientes con severos trastornos (en CABA es así).La orientación a Padres casi no existe y mientras tanto ha triunfado la aceptación social del consumo y la banalización de los daños sin tener en cuenta los momentos evolutivos (crisis de identidad y fragilidad adolescente e inmadurez del desarrollo del sistema nervioso en esta etapa).

En la década del 90 participe en la Provincia de Buenos Aires de una experiencia preventiva y asistencial masiva con centros preventivos asistenciales (180 en una amplia red municipales ) y con todas las redes escolares participando .

Bajamos la prevalencia de entrada al consumo en un 50% entre 1993 y el 2000, en un comparativo con el Hospital Muniz hicimos un estudio de las primeras consultas ahí de pacientes con consumo y el 87 % había ya contraído HIV y en la Provincia con una amplia red de efectores preventivos solo el 17 % había contraído esta enfermedad. Estos son solo algunos de los tantos datos que marca la importancia de una masividad preventiva y asistencial. La epidemia es la marca quizás de nuestro default cultural.

* Director General Gradiva. Rehabilitación en adicciones.

Drogas: la “esclavitud” de los condenados

POR JUAN ALBERTO YARÍA

25.11.2019

Susana llega hace varios meses con sus 20 años a cuestas derivada de Terapia intensiva. Casi muere luego de un abuso de sustancias. La salva que su crisis más seria se dieron dentro de la guardia de un sanatorio y poseer una prepaga que asume los tratamientos en adicciones. Sus convulsiones fueron graves con el consiguiente daño neuronal. Rápidamente entra en emergencia médica y la salvan.

Llega a verme con un cuaderno de anotaciones. Todo lo escribe porque su memoria de corto plazo se ha perdido. No tener memoria la sume en una gran angustia tan seria como la que sintió en Terapia intensiva cuando en un estado de confusión llamado “delirium” no comprendía lo que ahí sucedía. Las luces, los médicos, las enfermeras perdían todo sentido. Era una “ausente” en un mundo presuroso para salvarle la vida.

Hablo con ella y le digo que su sistema nervioso le anunciaba con las convulsiones que ya no podía seguir consumiendo. Me dijo que tenía razón pero que su persona deseaba hacerlo. Me confesaba que su voluntad y sus apetitos estaban en otro lado. No podía no hacer lo que hacía, aunque se muriera.

EL DESCONTROL ADICTIVO
Una de las características más angustiantes para el terapeuta que trabaja en adicciones es asistir al descontrol de las conductas a la cual se llega con un consumo persistente y voraz de estupefacientes. Sí, nos angustia observar vidas mutiladas. Aún así desde esos restos humanos que observamos necesitamos y debemos devolver esperanza.

Choques, accidentes, mutilaciones, contraer enfermedades de transmisión sexual en sesiones de sexo sin cuidados, y toda la gama de síntomas psicóticos que van desde la confusión alucinatoria, los delirios tóxicos, las amnesias y deterioros cognitivos (atención, percepción, hiperkinesia improductiva), depresiones largas con abulias que muestran la agonía de la voluntad, noches de insomnio que son sesiones interminables de abstinencia y vacío, etcétera; son las distintas secuencias de un deterioro gradual pero que no se percibe como tal. Progresivamente la persona se va ignorando a sí misma.

El descontrol surge de la llamada “gira” en donde durante días y días desafiando el cansancio, el “dopaje”, se transforma en un rito sacrificial. No se puede parar. Es la religión nueva de los esclavos, los condenados a un “Infierno terrestre” en donde odian lo que hacen, pero no pueden dejar de hacerlo.

El odio a lo que hacen es también odio a sí mismo. Cada dosis decreta la baja de la autoestima. ¿Dónde está aquel placer inicial que se había encontrado? ¿Ese “flash” cautivante de aquella luna de miel inicial con las sustancias? Nunca más aparecerá. En realidad, nos drogamos para huir de la angustia de la abstinencia. Drogarse ya no es para una búsqueda de placer sino para huir del vacío de la abstinencia.

Mientras avanza la compulsión a consumir como único destino vital surge una triple angustia: Obtenerla; consumirla temiendo no volver a conseguirla y por fin, volver a conseguirla. Aprovisionarse es una tarea y el dealer o distribuidor es la persona más importante de su vida. No hay hijos, mujer, padres, lo más valorado es quien posee esa pócima letal pero deseada.

EL “PIRATEO” DEL CEREBRO
Los grandes neurobiólogos de hoy hablan de un “pirateo” de ciertas zonas vitales del sistema nervioso por efecto repetido del consumo. Hay en personas vulnerables por motivos afectivos, traumáticos, familiares e incluso por vulnerabilidad genética un “secuestro” de zonas del placer, la motivación y a la vez un declive de las áreas más evolucionadas de la toma de decisiones.

El ser humano asiste impávido a su esclavitud ya que su voluntad (que es una función superior del sistema nervioso y de la personalidad) está en déficit. Agoniza la voluntad. Observa su propia decadencia sin darse cuenta.

El sistema “pirateado” se denomina circuito de la recompensa que es un sistema primitivo que compartimos con los animales y que es el vector del placer y la motivación. La memoria adictiva toma el comando y no solo es la sustancia lo que llama a repetir el consumo sino los elementos contextuales que rodean al mismo (personas, lugares, situaciones). Se inicia así el cautiverio de los condenados.

Esa esclavitud, que es una condena de no haber tratamiento, generalmente se une a vulnerabilidades infantiles que tratamos en nuestras columnas y que hoy son lamentablemente comunes: abuso emocional, físico, sexual, negligencia emocional y física, entre otras.

El trauma neuro-tóxico que lleva al descontrol se da dentro de una vida con traumas muy fuertes desde la infancia. ¿Para qué vivir entonces? En Susana la rehabilitación se centró en tratar de sanar esas heridas emocionales y en un tratamiento de desintoxicación y deshabituación muy profundo.

* Director General Gradiva – Rehabilitación en adicciones

Drogas y “sociedad del dopaje”

POR JUAN ALBERTO YARÍA

19.11.2019

A Jorge lo conocí hace unos años y no podía parar de consumir. En sus 25 años y desde hacía 10, la sucesión de drogas y de orificios de entrada se multiplicaban: boca, vena, nariz, ano. Todo servía para lograr una sensación de lo instantáneo. Cuando no lograba conciliar el sueño por su excitación a través de su ano se colocaba cantidad de pastillas tranquilizantes para lograr un efecto inmediato.

Así vivía; muriéndose. Inteligencia superior en lo abstracto, pero emocionalmente devastado y prácticamente “domado” para el consumo. Era un “químico” de su mente inventando mezclas de sustancias para lograr efectos nuevos pero que rápidamente lo aburren. Ya la angustia de la abstinencia lo llevaba a volver a consumir.

No podía hacer pausa; todo debía ser rápido, acelerado. Parecía ser el símbolo de un tiempo acelerado en cual vivimos, pero muriéndonos todos los días. Esa lógica lo devoraba y la sexualidad era un viagra permanente porque todo debía ser en exceso; homo-hetero no importa. Hoy la amenaza a la sexualidad no es la moral sino lo extremo, el exceso. Sexo sin Eros o sea sin amor. Hay una agonía del Eros siguiendo las enseñanzas del maestro en filosofía Hui-Bul-Han.

TIEMPOS ACELERADOS
Platón nos enseñaba que el Eros conducía al hombre, pero esto parece no irradiar y existir en muchos, entonces el hombre queda reducido a mero cálculo: cuantas dosis necesito para conseguir algo que al final no siento y me deja vacío.
En esta sociedad del vacío pululan seres que portan una gran depresión existencial. Recordemos a Víctor Frankl cuando nos decía: “Voluntad de poder o voluntad de sentido”. Las drogas hoy generan voluntad de poder (la política también parece ser para algunos la droga de la voluntad del poder) pero así el sentido de nuestras vidas queda perdido. Todo “debe ser ya” cuando es la lentitud de la maduración lo que nos debe llamar al proyecto de vida.

EL CEREBRO ADOLESCENTE
El sistema nervioso termina de madurar entre los 25 y 30 años. El alcohol y el cannabis ya “están a la mano” y hemos perdido la lucha cultural preventiva por el alerta temprana en la niñez y la detección precoz en un marco de creciente des-familiarización de nuestra sociedad con estructuras de oferta de drogas muy consolidadas y llegan a nuestros centros personas con muchos años de consumo, devastados y en crisis pero que comenzaron en la edad de maduración del cerebro y en donde las zonas frontales todavía no se han desarrollado plenamente (ejes del sentido de realidad, control de impulsos, pensamiento abstracto y de lo que se denomina el cerebro moral).

El alcohol tan extendido en nuestra sociedad juvenil tiene efectos neurotóxicos. Hay una zona llamada hipocampo que reduce su volumen y es la sede biológica de la memoria y el aprendizaje. Se daña la mielina que es la capa protectora de las células nerviosas y se van deteriorando funciones cognitivas que culminan con la demencia alcohólica (psicosis de Korsakoff y Wernicke). De las “lagunas mentales” de las resacas alcohólicas llegamos progresivamente a la demenciación.

El alcohol en el cerebro genera inflamaciones que afectan todo el proceso nutricional de la neurona (menor oxigenación y glucosa que son los elementos centrales).
Con la marihuana en la adolescencia pasa algo similar con enlentecimiento de la agilidad mental, aumento de los tiempos de respuesta, baja de la atención, problemas de memoria y por ende rápidamente baja el rendimiento académico y la escolarización se retrasa y abandona. Además, siempre el brote psicótico puede surgir cuando se fuma marihuana en la adolescencia. Gradiva tiene varios pacientes adolescentes consumidores intensos de marihuana con síntomas delirantes. Además, el aplanamiento emocional aparece ligado a un metabolismo más bajo de las regiones frontales (ejes de la humanización). Muchos vivimos en una sociedad donde la depresión y el dopaje se dan la mano. La voz del otro y del amigo que son apertura a la trascendencia, siguiendo a Martin Heidegger, tienden a desaparecer y la química suplanta a la palabra y al afecto imponiendo leyes rigurosas de deterioro y demenciación.

Juan Alberto Yaría

* Director general de Gradiva – Rehabilitación en adicciones

Los “colonizados” por narcisistas

POR JUAN ALBERTO YARÍA

11.11.2019

Hugo Bleichmar vive en España, pero dejó muchos alumnos en la Argentina y en realidad sus ideas actuales nos sirven para entender los procesos de “colonización” mental y emocional de miles son siervos en manos de personalidades antisociales y de estructura narcisista. Esclavos posmodernos en manos de amos también posmodernos.

¿Cuál es la clientela de los colonizadores? En realidad, el colonizador es un patrón que dirige y somete la vida de otros. Lo que Sigmund Freud llamaba el “Amo de la muerte”, dueño de posesiones, en donde el otro es solo un objeto de dominio y uso.
Jorgelina vive detrás de un hombre mayor, vendedor de drogas que le da una cierta seguridad, le infunde miedo por su violencia, pero al ser dealer le soluciona el problema de la dosis diaria.
El miedo parece ser un motor fundamental; el antisocial, un narcisista que sabe cómo imponer esta emoción y desde ahí dirige al otro. En el caso de Jorgelina satisface no solo su dependencia adictiva sino su dependencia emocional.

Criada sin padre, abandonada a sus caprichos desde niña, pero con un profundo miedo a los demás, queda a expensas de alguien que piensa por ella, la satisface frente a la inseguridad de vivir a costa de abandonarse y ser una “nadie” para el otro que la usa como un objeto. Puede ser también correo del dealer cuando él la necesita. Todo vale para satisfacer a ese “Patrón del mal” (remedando la serie de Pablo Escobar).

LOS NUEVOS “PATRONES DEL MAL”
Son interesantes las características de estos personajes que creen ser dueños de la realidad que fascinan a personalidades inmaduras, dependientes y abandonadas desde pequeña.
El narcisista antisocial tiene un sí-mismo grandioso que reniega y desconoce la realidad. Muestran ostentosamente una representación ideal de sí y con la violencia que está ahí siempre “”a la mano”” para ser ejercida con saña y falta de empatía (Otto Kernberg es el mejor estudioso de las personalidades narcisistas).

La voluntad de poder y de dominio reemplaza a la voluntad de sentido y escucha, que es la marca de lo humano. La empatía, que es la marca distintiva de lo humana y la lectura y la introspección de nuestro sí mismo, no existe en estos “Patrones del mal”. Incluso generan idealización y ganas de imitarlos en sus súbditos.
La ley es una dimensión ignorada ya que su ego es la ley que además se impone de cualquier manera. Buscan adhesiones fanáticas y lo logran. Miles se pueden encolumnar detrás de estos líderes que se proponen como ley de la realidad.

Devalúan permanentemente a lo diferente a sí mismo como forma de encubrir la envidia profunda que sienten y el odio a lo distinto. Así se imponen y logran la adhesión de multitud de seres a la intemperie y máxime cuando manejan bandas, drogas, transas, explotación de mujeres, “grupos de choque”, etcétera.

La dimensión de la culpa y el arrepentimiento no existe porque no hay reconocimiento del otro y de lo distinto. Es un mundo sin perspectivas. Es el mundo de lo único. Solo él es la medida de la realidad.
Son especialistas en generar fanáticos porque generan creencias en multitud de seres que viven en la intemperie afectiva. Saben incidir a través del miedo, pero fundamentalmente en inyectar el principal de los “venenos” que es el odio dividiendo el mundo en dos: los que adhieren a él y los otros que son los enemigos. Mundo de enemigos potenciales y por ende paranoico. Además, es un mundo de adhesiones automáticas. No existe proceso de reflexión es adhesión inmediata.

¿A QUIEN TRATAMOS CUANDO TRATAMOS?
Siempre y más hoy el consumidor de sustancias forma parte de sociedades paralelas. La sociedad paralela es el conjunto de relaciones marginales que se van formando por años de consumo. Su mundo se va estrechando a decenas de contactos que tienen que ver con la marginalización tanto en sectores opulentos como en poblaciones carenciadas. El cómplice suplanta al testigo; el ocultamiento a la verdad; el código al lenguaje llano.

Dejar esto y sincerarse es tan importante como el duro proceso de renuncia al consumo. La honestidad y la transparencia en Gradiva es el tercer valor de la recuperación luego de la aceptación de la enfermedad y la humildad para vencer el ego ligado a la soberbia. Todos estos trámites son necesarios para poder escuchar. La escucha es el gran desafío humano para poder aprender. Sería el aprendizaje hacia la libertad frente a la esclavitud que vivió con los amos.

Trabajar la personalidad es fundamental porque la dependencia emocional a “Patrones del mal” (valga como metáfora de la sujeción a narcisistas -antisociales) es toda una tarea de desarrollo personal en un tratamiento de rehabilitación.

Juan Alberto Yaría

* Director general de Gradiva – Rehabilitación en adicciones

Los “colonizados” por narcisistas

POR JUAN ALBERTO YARÍA

11.11.2019

Hugo Bleichmar vive en España, pero dejó muchos alumnos en la Argentina y en realidad sus ideas actuales nos sirven para entender los procesos de “colonización” mental y emocional de miles son siervos en manos de personalidades antisociales y de estructura narcisista. Esclavos posmodernos en manos de amos también posmodernos.

¿Cuál es la clientela de los colonizadores? En realidad, el colonizador es un patrón que dirige y somete la vida de otros. Lo que Sigmund Freud llamaba el “Amo de la muerte”, dueño de posesiones, en donde el otro es solo un objeto de dominio y uso.
Jorgelina vive detrás de un hombre mayor, vendedor de drogas que le da una cierta seguridad, le infunde miedo por su violencia, pero al ser dealer le soluciona el problema de la dosis diaria.
El miedo parece ser un motor fundamental; el antisocial, un narcisista que sabe cómo imponer esta emoción y desde ahí dirige al otro. En el caso de Jorgelina satisface no solo su dependencia adictiva sino su dependencia emocional.

Criada sin padre, abandonada a sus caprichos desde niña, pero con un profundo miedo a los demás, queda a expensas de alguien que piensa por ella, la satisface frente a la inseguridad de vivir a costa de abandonarse y ser una “nadie” para el otro que la usa como un objeto. Puede ser también correo del dealer cuando él la necesita. Todo vale para satisfacer a ese “Patrón del mal” (remedando la serie de Pablo Escobar).

LOS NUEVOS “PATRONES DEL MAL”
Son interesantes las características de estos personajes que creen ser dueños de la realidad que fascinan a personalidades inmaduras, dependientes y abandonadas desde pequeña.
El narcisista antisocial tiene un sí-mismo grandioso que reniega y desconoce la realidad. Muestran ostentosamente una representación ideal de sí y con la violencia que está ahí siempre “”a la mano”” para ser ejercida con saña y falta de empatía (Otto Kernberg es el mejor estudioso de las personalidades narcisistas).

La voluntad de poder y de dominio reemplaza a la voluntad de sentido y escucha, que es la marca de lo humano. La empatía, que es la marca distintiva de lo humana y la lectura y la introspección de nuestro sí mismo, no existe en estos “Patrones del mal”. Incluso generan idealización y ganas de imitarlos en sus súbditos.
La ley es una dimensión ignorada ya que su ego es la ley que además se impone de cualquier manera. Buscan adhesiones fanáticas y lo logran. Miles se pueden encolumnar detrás de estos líderes que se proponen como ley de la realidad.

Devalúan permanentemente a lo diferente a sí mismo como forma de encubrir la envidia profunda que sienten y el odio a lo distinto. Así se imponen y logran la adhesión de multitud de seres a la intemperie y máxime cuando manejan bandas, drogas, transas, explotación de mujeres, “grupos de choque”, etcétera.

La dimensión de la culpa y el arrepentimiento no existe porque no hay reconocimiento del otro y de lo distinto. Es un mundo sin perspectivas. Es el mundo de lo único. Solo él es la medida de la realidad.
Son especialistas en generar fanáticos porque generan creencias en multitud de seres que viven en la intemperie afectiva. Saben incidir a través del miedo, pero fundamentalmente en inyectar el principal de los “venenos” que es el odio dividiendo el mundo en dos: los que adhieren a él y los otros que son los enemigos. Mundo de enemigos potenciales y por ende paranoico. Además, es un mundo de adhesiones automáticas. No existe proceso de reflexión es adhesión inmediata.

¿A QUIEN TRATAMOS CUANDO TRATAMOS?
Siempre y más hoy el consumidor de sustancias forma parte de sociedades paralelas. La sociedad paralela es el conjunto de relaciones marginales que se van formando por años de consumo. Su mundo se va estrechando a decenas de contactos que tienen que ver con la marginalización tanto en sectores opulentos como en poblaciones carenciadas. El cómplice suplanta al testigo; el ocultamiento a la verdad; el código al lenguaje llano.

Dejar esto y sincerarse es tan importante como el duro proceso de renuncia al consumo. La honestidad y la transparencia en Gradiva es el tercer valor de la recuperación luego de la aceptación de la enfermedad y la humildad para vencer el ego ligado a la soberbia. Todos estos trámites son necesarios para poder escuchar. La escucha es el gran desafío humano para poder aprender. Sería el aprendizaje hacia la libertad frente a la esclavitud que vivió con los amos.

Trabajar la personalidad es fundamental porque la dependencia emocional a “Patrones del mal” (valga como metáfora de la sujeción a narcisistas -antisociales) es toda una tarea de desarrollo personal en un tratamiento de rehabilitación.

Juan Alberto Yaría

* Director general de Gradiva – Rehabilitación en adicciones

“Agonía” del amor o el drama del Guasón

POR JUAN ALBERTO YARÍA

04.11.2019

Llama la atención cada vez más ver a consumidores de sustancias con la prevalencia infantil de traumas severos. Oscar me habla cómo se escapó de su casa al observar los malos tratos de su padre con violencia hacia su madre y ella. Rosa me habla de la violación del padre y luego del padrastro durante años y cómo mantuvo el silencio hasta hace poco. Raúl me relata cómo su padrastro lo violaba. Y así podemos seguir. Muchos luego practicaron la prostitución y el “combo sexo y drogas” los acompañó hasta que llegaron a Gradiva.

“El Guasón” como ficción en película es un retrato de la realidad de muchos. Alguien violado desconociendo al padre, usado por su madre y criado en un mundo de mentiras solo vive detrás de una máscara de un vacío que lo acompaña desde niño. Luego es un gran vengador social, pero en una escena dramática su testimonio de vacío-máscara se transforma en epidémico ya que aparecen miles y miles de “guasones” en la ciudad. Son muchos los que viven y vivieron eso. “El Guasón” parece ser un reclamo “loco” por el padre ausente o incierto de la posmodernidad.

Las drogas y el alcohol desde la adolescencia tapan ese cuadro infantil o mejor dicho lo anestesian y sumen al consumidor en una guerra contra sí mismo. Venganza y odio hacia el otro que luego se transforma en pasión suicida con sustancias.

LA VIDA COMO TRAUMA
Precisamente la Asociación Americana y la Academia de Pediatría (2019) acaba de lanzar un estudio de miles de pacientes con problemas de adicción en donde predominan en la infancia stress-postraumáticos ligados a: abuso emocional, físico, sexual, negligencia emocional, física, maltrato violento a la madre, abuso de sustancias en el hogar, enfermedades mentales en el hogar, separación o divorcio de los padres, encarcelamiento de un miembro del hogar (trabajo de consulta del médico Dr. Gustavo De Vega).

Todo esto así como la muerte temprana de uno de los padres o la ausencia o abandono con falta de presencia permanente de uno de ellos es el suelo propicio a enfermedades mentales y especialmente a conductas suicidas adictivas. Esto es importante entre los 0 y 18 años y especialmente en clases opulentas o en la pobreza marginalizada.

Estos traumas generan lo que se llama estrés tóxico y acompañan durante toda la vida a un paciente y recordamos así a Mahatma Gandhi cuando decía que el “principal veneno en la vida es el odio”. Odio hacia el otro y odio hacia sí mismo. De ahí proceden depresiones, fobias, baja autoestima, buscar parejas que representen un típico Síndrome de Estocolmo (golpeadora o dominante como esclavizador). Y por fin el anestésico que aparece en las góndolas prestigiadas de la posmodernidad doliente o sea las drogas.

PRESENCIAS PROTECTORAS SE NECESITAN
El trauma puede ser suturado si aparecen presencias protectoras ante las amenazas y realidades vividas. Este es un factor que permitirá de existir una resiliencia que permita superar la adversidad. A veces esto existe o se llega tarde.

Desde la infancia van apareciendo conductas hiperkinéticas, déficit de atención, atraso escolar que parecen ser “resacas” y derivados de los traumas y de las privaciones afectivas.
Lo interesante es que hoy sabemos que el desarrollo del sistema nervioso es diferente cuando un niño es amado, acompañado en su crecimiento, reconocido y respetado en su dignidad y cuando sufre vejámenes como los descriptos antes.

Procesos tan complejos como el desarrollo neuronal, las conexiones entre ellas dependen del amor y el cuidado familiar. Hay por ende una biología del trauma. El rechazo se trasunta en el desarrollo del sistema nervioso.
Dependemos de nuestros cuidadores primarios y ya un gran filósofo como René Descartes decía el “drama del niño son sus cuidadores” sin conocer del tema de la neurociencia y cómo la ternura interviene en las interconexiones nerviosas y en la salud mental.

El Harvard Institute de la Infancia (2019) ha mostrado que un niño carenciado de cuidado tiene una irrigación cerebral y una actividad eléctrica inferior al niño amado y reconocido. El estrés crónico nos dice puede ser tóxico para los cerebros en desarrollo.
Cuando no hay palabras, ternura, reconocimiento y el “nomos” de la ley aparece la química como solución letal pero misteriosamente prestigiada en esta sociedad líquida.

* Director General Gradiva – Rehabilitación en adicciones.

Juan Alberto Yaría

* Director general de Gradiva – Rehabilitación en adicciones

Drogas y nuestro default cultural (III)

POR JUAN ALBERTO YARÍA

29.10.2019

Diálogo entre W. Churchill y D. Winnicott (gran psiquiatra y pediatra) ante la cantidad de chicos solos después de la guerra: “”cuide que tengan familias de adopción ya que es la única forma de proteger a la democracia; sin familia no hay democracia””.
Leyendo estas ideas de Churchill, que con humildad se dirigió a un genio del psicoanálisis como Winnicott y las conclusiones a las cuales llegaron, me surge una gran pena de lo que sucede en nuestro país y que me atrevo a llamar en varias notas el default cultural que vivimos.
Hay temas claves que no aparecen en el discurso social actual. Los que trabajamos en problemas de Salud Mental y adicciones vemos como el fenómeno del consumo epidémico de alcohol y drogas en todas las edades no es tenido en consideración y a la vez vemos como la falta de vínculos familiares deja a miles a la intemperie. Cuesta encontrar un familiar cuando tratamos a un paciente. El depósito es lo que se busca a través de un carnet de Obra Social o prepaga y en muchos casos el aislamiento en un hospicio.
Familia y consumo abusivo de sustancias aparecen fuera del discurso político-social. Las bases del capital de los pueblos desaparecen como temas claves y así el capital social (redes de instituciones que cobijan y alojan a los seres humanos) y el capital humano (vínculos familiares estrechos que permiten el crecimiento desde el cerebro hasta la inteligencia, la empatía y la entrada en sociedad) son temas desconocidos, ignorados, elididos.
Muy por el contrario surge un discurso de crítica a los que atendemos a los sumergidos en la embriaguez y el autoengaño de las sustancias y una crítica a la vida familiar que es el verdadero origen fundacional de un sujeto. 

LA MUERTE DE LA FAMILIA
En los “70, el pensamiento “Post-68” surgido desde el Mayo Francés abogaba por la “Muerte de la familia”, libro de Ronald Laing (1927-1999) y Aarón Esterson (1923-199), ya que era un instrumento burgués y clerical aunque fue mal entendido ya que se refería a la familia co-generadora de esquizofrenias. Hoy nuestros pacientes claman por una vida familiar auténtica. Están solos.
Se veía en este enfoque al trastorno mental al servicio de una función política y que el objetivo es controlar socialmente al molesto privándolo de derechos y libertades en función de un interés coercitivo colectivo.
Esto prendió mucho en la sociedad profesional argentina confundiendo al viejo manicomio en vías de desaparecer con cualquier intervención psiquiátrica validada científicamente. Hoy hay centenares de pacientes buscando una cama por 6 o 7 horas en una guardia presos de sus delirios o en sobredosis de sustancias. Esto parecería estar ignorándose en el discurso social.
Sobre esto Laing, tuvo intuiciones geniales con la creación y apoyo a las incipientes comunidades terapéuticas considerando a la curación como una metanoia (proceso de conversión interior que surge de un dialogo terapéutico) para sanar divisiones psíquicas y esto necesita tiempo y que la enfermedad es fruto de una inseguridad ontológica (desamparo y falta de comprensión).
Esto no fue incorporado al discurso dominante hoy en contra de las intervenciones psiquiátricas e incluso Laing hablaba del cuidado y los riesgos del paciente y que había que cuidarlo de las conductas auto-lesivas o destructivas y la necesidad de intervenciones farmacológicas no intrusivas para ayudar a los padecimientos.

LA AUSENCIA DE VINCULOS FAMILIARES
Sin embargo, el gran problema de hoy es quien educa, la desvinculación como eje de las enfermedades, la falta de apego, la preminencia del desapego, la crisis de los vínculos de contención en las familias y por último el abandono e incluso la entrega criminosa del desamparo o incluso el abuso sexual entre familiares.
En suma la vida familiar ausente o deficitaria y también el apoyo a los propios padres que quedan en la vida de los pacientes desesperanzados por las internaciones cortas y sin un proyecto de terapia que han vivido.
Tenemos pacientes con consumos de sustancias que han tenido 14 o 15 internaciones teniendo apenas 20 o 25 años desde el primer día hasta 15 días. Nada de ellos se pudo tratar. Su historia del padecimientos se ignora.

MALLEA Y NUESTRO DEFAULT
Hablamos de Ortega y Gasset y su análisis de la sociedad argentina y ahora Mallea, que fue un estudioso de la Argentina que entrevió en la década del 30 la decadencia por sobre cual estaba por girar la sociedad argentina, mencionaba a la falta de conciencia; él hablaba de una conciencia en mora: … “”y si somos todavía un pueblo verde, no es porque seamos un pueblo joven sino porque nuestra conciencia está en mora””. Nos cuesta, decía él, tomar conciencia de la realidad.
¿Cómo salir de esta negación o ceguera ante la realidad?. “”Yo no veo remedio, para salirles al paso más que el fruto de una categórica, radical, rotunda movilización de las conciencias; movilización que es maduración”” (“Historia de una pasión argentina”, Enrique Mallea). Y luego dice: “”lo que estamos es sin fruto verdadero y nuestras ramas de árbol criollo se han echado a expandirse por el falso espacio de una súper-civilización apariencial””. Apariencia, frivolidad, falta de conciencia.
>Es una conciencia en mora, al decir de Mallea, que nos sumerge en la frivolidad intrascendente, en la palabrería vana y vacía que se refleja en los medios de comunicación y por la cual nos identificamos y siempre pensando, infantilmente, que la culpa la tiene otro abstracto y desactivando nuestras propias potencialidades de cambio.

CONCIENCIA FALSEADA
<>EM>Pasamos de ser un país del Primer Mundo en una especie de conciencia falseada, grandiosa y megalómana de la realidad en donde nuestra moneda es más fuerte que el dólar; a ser un país de mutantes y migrantes con una conciencia ruinosa, melancólica y oscura de nuestro destino. Nunca conciencia lúcida. “”Nunca conciencia humilde y por ende verdadera de la realidad”” nos decía el maestro bahiense. Surge en esta ciclotimia la marca de nuestro descrédito fundamental, es nuestro default. Es la piedra de Sísifo que cotidianamente levantamos y se nos cae; ésa es nuestra compulsión. Compulsión a nuestro autoengaño. Así pasamos de una ostentación narcisista a una descalificación permanente del otro desde la melancolía. Esto lo destila el hombre común por la calle, el taximetrista que nos lleva a distintos puntos de la ciudad, los programas radiales y televisivos en donde hay un goce por la descalificación y el exterminio del otro. Un país de desesperados pero que patológicamente no aprende porque quizás no puede escuchar las lecciones de la realidad.
Por fin nos dice en un libro que es casi un llanto por la Argentina que vivimos “”un mundo ficticio que opera en sustitución de otro verdadero; empobrecerse creyendo estar acumulando y enriqueciéndose””.
Así vamos ignorando temas fundamentales y la entrega de carnets de discapacidad cada vez en mayor cantidad a pacientes en deterioro son una muestra del descrédito de la realidad. El problema pasa a otro que es un ente: el Estado.

* Director General de Gradiva – Rehabilitación en adicciones.

Juan Alberto Yaría

* Director general de Gradiva – Rehabilitación en adicciones

Las drogas y nuestro default cultural (II)

POR JUAN ALBERTO YARÍA

21.10.2019

Vagan jóvenes en la calle de los suburbios buscando estupefacientes para huir en el refugio de los desesperados. Vagan padres buscando lugares para atenderlos. Vagan hijos buscando a padres que no están o que parecen niños “maleducados” que ventilan sus problemas ante un juez penal.

La oferta indiscriminada de drogas como costumbre cultural que ignora los daños a la salud (especialmente en la máxima edad vulnerable como lo es la adolescencia) llega al lamento de Charles Baudelaire: “donde ir, adonde ir, no importa dónde con tal que sea fuera de este mundo” (“Las flores del mal”).

Al mismo tiempo escasea el trabajo y la propia dinámica del empleo lleva a que cuando se presentan para posicionarse en un puesto son rechazados por problemas cognitivos, de disciplina, drogas y alcohol (como marcamos en esta columna de lo que sucede en Vaca Muerta).
En la generación tecnológica actual surge la generación química que crea además una gran plusvalía y ganancia a costo de miles de discapacitados. Esto parece no importar. Es otra marca de nuestro default cultural y de valores sociales. Además hay un nuevo “poder blando” en donde todo es sí o Why Not?. Con lo cual se va validando desde el relativismo cualquier perversión desde la lógica del individualismo.

La población más castigada ha sido la franja de 12 a 17 años en donde aumentó el consumo de marihuana en los últimos diez años el 150%, de cocaína el 200%, de éxtasis el 200%. Los porcentajes de aumento han sido notables y lo vemos diariamente en las calles y en las familias. La población afectada que no consulta, llega a un 60%; es decir que tenemos una franja de pacientes que ni siquiera sabe que necesita acudir a consulta. Esto significa un fracaso de todo el mecanismo preventivo, que en última instancia implica fomentar la detección precoz.

Además, hay familias con varios integrantes en carrera de consumo e incluso como PyME productiva lo cual certifica directamente el hundimiento de la cultura y sus valores.

CAIDA DE NUESTRO CAPITAL HUMANO
Desde hace décadas, la caída argentina muestra un deterioro de su capital humano y social; la creciente desfamiliarización, el descenso de su calidad educativa tanto en la escolaridad formal como en la educación social, la crisis del derecho de límites y de la noción de ley transmitida en la casa, la escuela y la comunidad, ha quedado arrinconada en el sistema penal así como el fracaso de este mismo derecho de límites. Si toda noción de ley queda a expensas de un juez y máxime penal, es el fracaso de todas las instancias de transmisión simbólica.

Sobre esta base surgen cuatro pronosticadores de la caída cultural que es nuestro máximo default: José Ortega y Gasset, Enrique Mallea, Raúl Scalabrini Ortiz y Discépolo. Hoy se me referiré a Ortega y Gasset (1883-1955).

La respuesta a los conflictos que vive hoy la Argentina no deben buscarse solo en lo económico, hay un pronunciado déficit de su capital humano (servicios educativos, salud y nutrición) y de su capital social. Hay recursos naturales (que es el otro capital necesario) pero falla en la administración del otro capital que es el financiero y de los activos construidos.

Precisamente el deterioro creciente de su capital humano y de su capital social parece nacer desde hace muchos años en la Argentina. Desde ahí se puede ver con claridad la pérdida rigurosa de distintos valores:

A) La crisis del Estado-Nación disuelto en varios grupos facciosos sin ningún tipo de identidad que los congregue y convoque.

B) El auge de la criminalidad, los grupos mafiosos que elaboran un control territorial ajeno al Estado mismo y que imponen sus propias leyes.

C) La atomización de la sociedad familiar.

D) La decadencia de una serie de estructuras sociales e intermedias como sociedades vecinales, iglesias, sindicatos, clubes e instituciones de caridad.

E) El sentimiento generalizado entre la población de que ya no se comparten valores de principios comunitarios.

El capital social, siguiendo a James Coleman, genera algo fundamental en la prosperidad de las naciones: el arte de la asociación, o sea la capacidad de los individuos de trabajar junto a otros en grupos u organizaciones para alcanzar objetivos comunes.

Tomaré un conjunto de pensadores que en la llamada “década infame” (década del 30) en donde se trastocan todos los sistemas institucionales y que avizoran con lucidez la crisis de hoy. Ven la crisis desde la propia cultura. Desde los valores. Desde la propia subjetividad alienada y extraviada del argentino tipo. Son pinturas sociológicas y psicológicas de la futura decadencia. Las raíces, quizás, del verdadero default argentino.

JOSE ORTEGA Y GASSET
Ortega estuvo en tres ocasiones en la Argentina. Para él, la Argentina se le presentaba como constante y omnímoda promesa. Era casi, como, la Tierra Prometida. Pero también relata que este sueño esperanzado de grandeza choca contra una situación en donde se le presenta un ciudadano que no puede aprovechar esas promesas. Su vida “se le evapora sin que lo advierta”.

Describía a un hombre perezoso para salir de sí mismo y enfrentarse a la realidad; de ahí que en 1939 pronuncia en la Ciudad de la Plata una conferencia que habría de ser editada con el título “Meditación del pueblo joven” y que causa estupor y polémica cuando dice: “Argentinos a las cosas, a las cosas; déjense de cuestiones previas personales, de suspicacias, de narcisismo. No presumen ustedes el brinco magnífico que dará este país el día en que sus hombres se resuelvan una vez, bravamente a abrirse el pecho a las cosas, a ocuparse y preocuparse de ellas directamente y sin más, en vez de vivir a la defensiva, de tener trabadas y paralizadas sus potencias espirituales secuestradas por los complejos de lo personal”.

Describe maravillosamente al que en lenguaje lunfardo se “pavonea”, al “chanta”, “farabute” y “versero”. Este prototipo argentino va desde el político leguleyo, el financista hipócrita hasta el compadrito de las orillas es fundamentalmente un ser inauténtico: “ocupa la mayor parte de su vida en impedirse a sí mismo vivir con autenticidad”.
Para Ortega este prototipo argentino es un ser malogrado: “es un hombre admirablemente dotado que no ha entregado su existencia a cosa alguna que no sea él mismo”. Parecería que “el argentino se gusta a sí mismo”.

Se trata para él de un tipo humano que siente un enorme apetito de ser algo admirable, superlativo, único. Pero el argentino y la Argentina es solo eso, una posibilidad. Sigue siendo una posibilidad. Este argentino triunfó sobre el hombre histórico que la tierra había plasmado.
Hay para él un conflicto entre el hombre factoría que es el hombre que surge del aluvión migratorio de fines del siglo XIX y XX y el hombre histórico. El eje es la fortuna. Su apetito fundamental es voracidad de riquezas o posición social. La cultura financiera y absolutamente alejada de la verdad económica de lo que sucedía realmente en la Argentina transformó aún más al argentino en un “hombre de mercado”. La Argentina (deriva de Argentum); o sea el país de la plata. Todo es plata, el río y hay una ciudad que también se llama así.

El dinero y el oro forman parte de una identidad, pero de una identidad vacía. Porque es plata sin producción. Plata con pereza. Y cuando la realidad nos muestra duramente nuestros designios nos sentimos víctimas de una potencia que no nos deja ser y ahí la victimización contra los diversos imperios nos justifica de nuestra deserción. La palabrería inútil impide una reflexión auténtica. Y en última instancia diremos en frases típicamente argentinas: “Siempre que llovió, paró” o “Dios es argentino”.

* Director General Gradiva – Rehabilitación en adicciones.

Las drogas y nuestro default cultural

POR JUAN ALBERTO YARÍA

14.10.2019

Las drogas y su consumo epidémico -casi pandémico- en algunos sectores de nuestra sociedad son uno de los síntomas de nuestro default, aunque solo se habla del default en términos económicos. Parecería que tenemos un pasivo cultural mucho mayor que nuestras reservas y fortalezas disponibles.
Nuestro default parece ser cultural y de nuestro capital social (institucional) y humano (des-familiarización creciente, pérdida del valor de la escuela como signo de transmisión de valores y normas de vida). Los países hoy se miden no solo por sus capitales económicos y financieros sino por su capital humano y social. En nuestro país desde hace décadas hemos ido retrocediendo.

La Argentina pasa de ser la “tierra prometida” con todas las riquezas naturales posibles al riesgo de una africanización incipiente. Día a día mientras aumenta la epidemia de consumo de estupefacientes -incluido el alcohol- se suceden interpretaciones livianas sobre el drama de miles de argentinos que deambulan por guardias médicas o intentan encontrar un lugar sólido donde tratarse. Están aquellos que pregonan el consumo libre de drogas ignorando el daño a la salud pública y el dolor a miles de familias o los que solo piensan en una postura represiva de la oferta. Es cierto que la multiplicidad de los puntos de oferta origina demanda de consumo, pero si no hay prevención cultural de la demanda, todo se cae.
En la Argentina unir la política represiva a la cultural preventiva se hace necesaria con una red de asistencia primaria y de alerta temprana desde los primeros años de vida en todas las redes institucionales.

El problema del avance de las drogas se confronta con una cultura líquida y blandengue que ha abandonado a la prevención como alerta temprana y la detección precoz ante los primeros consumos.
La sociedad, entonces, está desmovilizada culturalmente por la falta de criterios de cuidado frente al problema de las drogas y el alcohol, y los jóvenes son los primeros en soportar la falta de amparo.
A menos palabras transmitidas por los adultos en todas las instancias institucionales (familias, escuelas, barrio, instituciones culturales, municipios, provincias) surge la química ofertada desde distintas instancias con un marketing poderoso de aceptación social que pregona la banalización del uso, incluso se desconocen los daños al sistema nervioso (pensemos que un niño no termina de evolucionar cerebralmente hasta los 25 años).

A esto necesitamos agregar la des-familiarización creciente de la Argentina (parte de esto sucede globalmente, pero en otros países existen mayores reservas acerca de la función del hijo y de su cuidado). Fracasa la noción de ley transmitida o sea de la palabra como eje de vínculos y queda solo la ley penal como único resorte y, considero, que cuando la ley penal es la única instancia de “nomos-orden”, el fracaso social es absoluto.

La ley se transmite en los círculos familiares, escolares, barriales, culturales y la ley penal es una instancia que muestra el fracaso de todo lo anterior. Llega tarde y frecuentemente mal porque los problemas que tendría que resolver la superan totalmente.
Además, hay otro gran problema sanitario que es el consumo de varios miembros de la familia de drogas con las consiguientes consecuencias de abusos, violencia y crisis de los modelos parentales.

PENSANDO NUESTRO DEFAULT HUMANISTICO
José Ortega y Gasset que vivió durante casi cuatro años en la Argentina dijo: “Yo no conozco ningún otro país donde los resortes radicales y decisivos sean más poderosos”. En la conferencia “Meditación del Pueblo Joven” dictada en la ciudad de La Plata en 1939, había expresado: “Los conflictos que nos aquejan llegarán a hacer del argentino un símbolo de la humanidad deficiente”. Hoy pareciera que somos como lo describiera el filósofo español; ese símbolo, precisamente, de la humanidad deficiente. Entre la riqueza potencial y la deficiencia permanente van pasando los diversos ciclos históricos argentinos. La mitología griega nos puede ayudar a entender esta singular “discapacidad” para crecer como comunidad, como Estado y como Nación.

EL CALVARIO SIN “RESURECCION”
En el mito de Sísifo se retrata el singular drama argentino que nos lleva a no poder arrancar en un proyecto útil y fructífero. Sísifo lleva sobre sus hombros una gran piedra que levanta hasta llegar a la cima de una montaña. Al llegar a la cúspide, esta cae y vuelve a subirla. Su vida transcurre en este doloroso calvario, toda su vida es eso. Compulsión tanática (Thanatos era la divinidad griega representante de la muerte en contrapartida a Eros que representaba el amor) o sea mortífera.

Esto quizás nos permita entender esta compulsión por lo inútil. Repetir. Repetir. No aprendemos de la experiencia y en este repetir y repetir sin aprender surge un hondo desencantamiento vital base de la desesperanza que se troca por momentos en desesperación.
Por eso Ortega decía también “argentinos a las cosas… argentinos a las cosas”. Fue muy atacado el célebre filósofo español porque mostraba los complejos que nos acuciaban. El no poder ir a las cosas y por ende no poder asumir la realidad, según Ortega está relacionado con una posición narcisista ante la realidad. 

Así, decía que el argentino no atravesaba la realidad y solo parecía contemplar su yo en un espejo. Verborragia sin transformación, ni interior, ni exterior. “El argentino -decía Ortega- “habla por delante de las cosas, no las penetra virilmente”. Por eso no aprendemos de las consecuencias y repetimos siempre lo mismo, que es casi la búsqueda de la muerte misma como cuerpo social.

Esta parece ser una tragedia cíclica que se remonta a décadas en donde decreció nuestra calidad educativa año tras año. Se deterioró la vida familiar alcanzando niveles altos de des-familiarización que es germen del abandono de miles de niños, que entonces quedan entregados al delito,las drogas y, todo esto a su vez resintió el horizonte de la ley con todas las secuelas de inseguridad y delito que hoy vivimos.

El default humanístico es una deuda muy seria que tampoco podemos levantar (quizás porque no tomamos conciencia de ello) en relación a la educación de las jóvenes generaciones, al declive de la vida familiar, así como de nuestro sistema jurídico y de la ley misma en la vida cotidiana.

* Director General Gradiva – Rehabilitación en adicciones