Tiempos de soledades y de química tóxica

Por Juan Alberto Yaría 05/01/2020

El vacío interior está ahí nomás

Nos llenamos de objetos y con ruidos por no poder estar solo y en dialogo con nosotros mismos”. Los ocho pecados mortales de la Humanidad Civilizada-Konrad Lorenz Premio Nobel de Etología(1903-1989)

Jorgelina a quien conocí hace varios meses parece hacer honor al maestro en filosofía José Ortega y Gasset cuando nos decía: No podemos salir del perpetuo arresto en casa; salvémonos con las cosas”. Su vida se había convertido en un “porro embebido” vorazmente en pareja mientras veían Netflix con pasión. Sexo nada porque lo primero que baja el consumo voraz de marihuana es el deseo sexual; la conocí luego de una intoxicación por estimulantes (cuando ya no alcanzaba la marihuana).

Esto es habitual en muchos; la euforia inicial del “porro” luego es seguido por anhedonia, luego siguen síntomas depresivos y por fin trastornos psicóticos. La vi luego de estar en terapia intensiva por un sincope cardíaco en plena calle y salvada por el SAME.

Inteligente con dos títulos universitarios creció sola aun teniendo padres que habían dimitido de su papel educativo y luego su soledad fue haciéndose depresión. Tanto ella como su novio no habían podido salir del “perpetuo arresto en su casa”.

Pero esto parece no haberle pasado solo a Jorgelina; sino que pasa a ser un problema masivo en la “polis” moderna a tal punto que el Foro Económico Mundial (WEF, su sigla en inglés) incluyó este año a la Soledad entre las tres grandes amenazas para la economía global, junto con el clima extremo y las vulnerabilidades económicas alrededor del planeta.

Las soledades masivas bastante claras en niños y abuelos generan efectos. Entre el 30% y 40 % de los adultos jóvenes (según este Foro) se siente siempre o frecuentemente solo o dejado de lado. Es predictor de muerte prematura, problemas de salud mental y drogas.

Esto surge paradójicamente en la época de la conexión infinita que trajo Internet a nuestras vidas, con la proliferación de las redes sociales y la viralización de los contactos. Vivimos inmersos en noticias, relaciones virtuales, “fake news”, Facebook, Instagram, chats y distintos aparatos que nos acercan alejándonos.

El vacío interior está ahí nomás. Las drogas parecen ser causa y consecuencia. Tenemos el más alto consumo de alcohol en alumnos secundarios (52,9%) en estadísticas mensuales superando en 10 puntos al consumo de la región. En cocaína estamos igual que Uruguay y muy cerca del más alto que es U.S.A. (datos de CICAD, OEA, Sedronar).

Cambio de época-era Postgutenberg

Quizás estemos como en el siglo XV en donde cae un mundo justo cuando Gutenberg inventó la imprenta y por ende una nueva forma de concebir el mundo y de cambio en la manera de transmitir las ideas.

Los portugueses llegaron a la India y cambiaron la historia del comercio. Los españoles llegaron a América y cambiaron la forma de entender el mundo. Constantinopla cayó en poder de los turcos y los intelectuales buscaron refugio en Europa salvando documentos griegos que enriquecieron el Renacimiento.

Hoy también Internet ha cambiado la manera de transmitir las ideas. La banca globalizada dirige Estados Naciones y gigantes como Amazon, Alibaba o Google han cambiado la manera de entender el comercio. La globalización es evidente mientras tratamos que no se acabe el planeta por el cambio climático.

Rusia, China y U.S.A. se reparten el mundo. Europa otrora centro se cae sin natalidad suficiente y en un proceso rápido de des-familiarizacióque repercute, entre otras cosas, en los fondos jubilatorios en crisis.

Gutenberg en 1468 murió pobre en Maguncia (Sacro Imperio Romano Germánico) mientras que los inventores de Internet, Google y de todas las compañías de Internet son supermillonarios. Los tiempos han variado a la muerte de él los monjes armaron la Biblia de 42 líneas por página mientras caía la Edad Media y el fin del último vestigio del Imperio Romano de Oriente.

Hoy ya parece no haber Biblia que transmitir.

Soledad y estar solo

La capacidad de estar solo es un desarrollo madurativo de la persona enorme que se ve desde la niñez. Un chico que fue bien acompañado adquiere la capacidad de estar solo. La soledad como sentimiento se emparenta con el aburrimiento, la depresión, la agitación ansiosa.

La tecnología de hoy parece ser la aliada de esa soledad, en una nueva Era Post-Gutenberg de falta de encuentros y conversaciones que son en el fondo la “salvación” del hombre.

¿Qué hacemos en una comunidad terapéutica como Gradiva cuando tratamos? Facilitamos encuentros, hay llantos, dolores por pérdidas. En el fondo el paciente y sus familias buscan lugares para ser oídos. La escucha para la elaboración de traumas no bloqueada por aparatos de huida tecnológica ni por drogas de huida.

Los “anticuerpos” de esa soledad masiva que se nutre de sustancias tóxicas que nos alienan parecen fallar en nuestra sociedad: tramas intersubjetivas, transmisiones generacionales, vínculos familiares y de tradiciones fundantes, contextos de valores y el capital social e institucional de los pueblos como el capital humano (familia más escuelas).

El costo de la perdida de la intersubjetividad y de los lazos fundantes parece que lo pagamos con el entierro de nuestro si mismo (mundo de la intimidad y de los encuentros) en aras del Ego que es el verdadero pasaporte a la no escucha y el encierro.

La inflación del Ego resulta ser un entierro de nosotros mismos. Drogas y aparatos tecnológicos del mundo virtual resultan ser los emergentes de los encuentros imposibles con el otro y los otros. La agonía del Eros (desasimiento de si para donarnos al otro) es signo de esta nueva Era de solos y solas.

El narcisismo es la señal del Ego exultante o defenestrado y era precisamente la flor de Narciso la flor de los cementerios griegos siendo el narcótico (Narkisos) la planta que cautivaba y seducía.

La cocaína y las guardias médicas

POR JUAN ALBERTO YARÍA

30.12.2019

Sobre nuestro tiempo, el gran filósofo Zygmunt Bauman sostiene que “hoy no hay solidez ni peñasco. Hay solo arena y viento”.

Las fiestas son el signo del descontrol para muchos; ahí las drogas ocupan un lugar central. Se preparan desde muchos días antes como quien preparaba un casamiento en la década del “70 o del “80. Se aseguran provisiones, tipos de drogas, determinados alcoholes, lugares. Es un verdadero “ritual con giras” de varios días. También se prepara el “sexo” en manada, también verdadero rito hoy como signo del descontrol y de la agonía del amor romántico.

La marihuana ya es un “aperitivo” inicial y, a la vez, un ritual “iniciático” en el mundo de las drogas. El “postre” en avance raudo es la cocaína. Me detengo en lo que vivo en las guardias de emergencia. Ahí recuerdo lo que enseña el filósofo español Miro sobre los seres desvinculados y solo ligados a un estupefaciente.
Es para mí terapéutico detenerme y pensar lo que vivo en ese fragor en donde la muerte convive con la locura. Me hace bien para poder devolverles a ellos que serán los pacientes un posterior sentido a sus vidas que no pase por el consumo suicida.

Todos corren en las guardias de hospitales y clínicas de emergencias en adicciones y mientras tanto exaltados algunos, dormidos otros, gritan algunos familiares mientras el dolor se va haciendo queja, la abstinencia en impotencia y el síntoma parece ser una venganza contra uno mismo o imaginariamente contra otros. Estoy ahí frente a ellos en Gradiva. Unos quieren matar al padre por querellas familiares manejadas con sustancias y violencias pero se están matando unos con otros, otros lloran por una mujer infiel; en fin todos muestran la impotencia para conducir la propia vida sin sustancias.
Caída de la palabra. Triunfo de la omnipotencia. Es el mundo de la cocaína que hoy parece ser la droga “estrella” ya que promete aquello que la biblia pone en boca de la Serpiente: “seréis como dioses”.

El shock de omnipotencia y grandiosidad que sienten ante el primer contacto nasal los pone en contacto con lo que llaman el “Paraíso”. Ya somos dioses, así constituimos nuestro propio altar, somos nuestros propios adoradores. Vamos de a poco o rápidamente llegando a nuestro “Infierno”. La guardia que observo un jueves a la tarde entre ambulancias y sonidos quejosos es una muestra de esto en la Tierra.
Ahí en la guardia la vida se transforma en una urgencia, las demandas son imperiosas mientras el “nosotros mismos” de nuestra mismidad parecer haber “perdido por goleada” ya que no tenemos tiempo para nosotros mismos, y esta falta de tiempo resulta ser porque le tenemos, precisamente, miedo al tiempo o sea a la conciencia ya que ésta me deja solo y me obliga a pensar. Por algo en la biblia se manda descansar un día o sea a meditar, encontrarse con otros, contemplar. Pensar, encuentros. Esto parece faltar hoy.

LAS DROGAS Y EL “GROTESCO”
La cocaína resulta ser la “caricatura” de este tiempo tan presuroso e incluso le agrega más “gasolina” a este momento cultural. Más velocidad hacia la nada del vacío. Del vacío al vacío pero huimos que parece ser lo esencial. Huir parece ser la clave cuando aprender a vivir es aprender a detenerse. Ya lo enseñaba Antonio Machado: “”…Ni el trabajo por el trabajo, ni el juego por el juego, ni la lucha por la lucha misma; la gracia está en pararse… a contemplar, meditar””.

Todos se pelean por el plato lleno de cocaína porque como dicen los nuevos pacientes ya no es la bolsa lo buscado sino el plato repleto de estimulantes con un buen vino blanco, cerveza o whisky más viagra. El “dealer” es muy buscado ya que es el “dueño” de las recetas de la huida y es casi el personaje central de estas historias de vacío y remordimiento posterior. Para muchos es el nuevo “Dios” (así lo llaman).
Todo vale. El exceso trata de llenar el vacío que preside muchas vidas. La huida la proporciona la sustancia y el placer conseguido es solo un goce con técnicas sexuales, múltiples parejas, indistinción de sexos, e incluso ejercicios de pederastia. La cocaína inhibe por un momento la culpa y la responsabilidad.
La “ceguera” frontal (el lóbulo frontal es el signo de la humanización) que promueve el consumo de estimulantes hace que los procesos de control de impulsos y lo que hoy se denomina la “neuro-moral” queden suspendidos. Pero ésta vuelve como conciencia luego con culpas y enfermedades asociadas (hipertensión, procesos cancerosos, etcétera).

Para mí la guardia es una “pintura caricaturesca” de la vida que hoy vivimos. Es la escala final de un largo desencuentro de la civilización actual que tiene en grandes filósofos como Zygmunt Bauman, uno de sus lectores centrales y que precisamente nos dice en sus lecturas sobre este tiempo:””Hoy no hay solidez ni peñasco. Hay solo arena y viento”.

El maestro francés Edgard Morín nos enseñaba que cuando los problemas de drogas son masivos se transforman en “políticos” entendiendo por políticos los problemas de la “polis” (en el sentido que la entendían los griegos) o sea de las ciudades. Las ciudades de hoy están llenas de problemas de drogas. Desde el adolescente hasta el jubilado, desde el empresario hasta el ama de casa. Las drogas son el complemento “mortífero” para soportar lo que la maestra francesa Franois Dolto llamó “la dificultad de vivir”.

CAIDA DE UN MUNDO
Cayó un mundo vertical y aparece este mundo más frágil con vínculos inexistentes o muy débiles. Es el mundo de la técnica y de los aparatos, la imagen, la publicidad, el dinero y de una ética relativista en donde el bien deja de ser un atributo colectivo basado en un “deber ser” y en un bien común para ser fruto de una preferencia personal. Caen transmisores de la cultura como las familias, el barrio, las instituciones de la espiritualidad y la política parece estar ligada a negocios y no al bien de todos. No se ve todavía una salida para el hombre y su destino ya que parecería que estamos en un interregno como dice Bauman en donde la incertidumbre reina.

Dónde están los padres, pregunto en la guardia. Muchos me miran como diciéndome que es eso. Caída de los encuentros. De la transmisión de la palabra y la cultura. Sin eso, ¿qué es la vida?; así las drogas son el complemento secreto de la autodestrucción.
Las drogas parecen ser tratadas como personas para el consumidor dependiente. Ocupan el lugar de una amante, de un “bombón asesino” como dice la cumbia, pero un bombón al fin, de un “par” siniestro que ocupa un lugar “impar” en realidad o sea de dominación y como dije antes por los dichos de varios pacientes: “la droga y el dealer son Dios”.

Pero las sustancias al mismo tiempo liberan (encadenándolo) al paciente de ejercitar la libertad. William James nos enseñaba sobre el miedo a ser libres: “”La guerra es un momento de felicidad para las naciones, libera de la libertad, ya que se sabe quiénes son los amigos y quienes los enemigos””. Cumplir órdenes o estar bajo las órdenes de las sustancias es un descanso para la libertad. Tenemos miedo a la libertad porque no nos han transmitido herramientas para ejercitar la capacidad de elegir y los valores sobre los cuales estos se construyen.

La crisis de la constitución de personas o sea de seres libres en contacto empático y solidario con el medio humano y sin la capacidad para estar en contacto con su sí-mismo o sea con su conciencia lleva a la construcción en masa de seres anónimos y manipulables.
Aldous Huxley como un lector de lo que se venía lo predijo en su libro “Un mundo feliz” en donde muestra cómo se genera un ser anónimo en el mundo de la técnica y de la licuación de vínculos humanos. “Cien repeticiones, tres noches por semana, durante cuatro años y setenta y dos cuatrocientas repeticiones crean una verdad”.

El hombre así va a ser manipulado. Lo que él llama la hipnosis social (encantamiento colectivo) que recibe el nombre de hipnopedia. Es un puro exterior sin intimidad. Un robot sin encuentros y agregaríamos, como Huxley lo sugiere, la “gasolina” de las drogas.
Como profesionales no podemos permitir que nos transformemos en técnicos de la “sepultura social” y quedando nuestra actividad centrada a ser meramente toxicólogos que “lavan” a pacientes casi moribundos. Si no trabajamos para devolver un sentido a las vidas nuestra profesión entrará en el grotesco actual. Este es para mí un mandamiento ético en estos tiempos.

* Director General Gradiva – Rehabilitación en adicciones.

Juan Alberto Yaría

* Director general de Gradiva – Rehabilitación en adicciones

Cocaína: la “peste blanca”

POR JUAN ALBERTO YARÍA

23.12.2019

Estamos ante una epidemia en donde la “peste blanca” pretende resumir como título a un actor central de esta era que se anuncia ya en la década del “80 en donde la súper-estimulación es clave.
Rendir, no dormir, performance, estar a “mil”. Invade las calles, las Bolsas de valores, las redacciones, las familias, las escuelas y universidades, las fiestas, etcétera.

El sentido de todo es el exceso para lograr la performance y esto reemplaza al proyectar. Más que proyectar día a día hay que rendir. Hipermodernidad como nuevo tiempo de la humanidad marcado por la información en tiempo real e instantáneo. Tiempo de la robótica y del inicio de la computación y comunicación masiva. El hombre se asimila a ese modelo. Se asemeja a esa máquina veloz.
El hombre también ya es veloz aunque sea artificialmente. Lo definió perversamente el llamado “Patrón del mal” Pablo Escobar Gaviria cuando describen sus biógrafos: “Con esto no van a poder los ejércitos”. Husmeaba un nuevo tiempo en donde esta droga iba a convertirse en una necesidad imperiosa para millones.

Hoy esta “peste blanca” adquiere distintos nombres: cocaína, crack, pasta base, pastillas estimulantes, metanfetamina, éxtasis. El antecedente en muchos casos es la marihuana que desde mi punto de vista junto con el alcohol son los cursos preparatorios que en muchos casos culminan luego del shock del “flash blanco” en drogas de huida y en busca de un nirvana como los opiáceos (plantas adormideras).
Nuestro país, mientras tanto, es el primer consumidor de cocaína de América del sur junto a Uruguay y el segundo en toda América luego de los Estados Unidos. Uruguay subió a los primeros puestos de consumo de cocaína luego de la regulación de la venta de marihuana en las farmacias (Junta Internacional de Estupefacientes – 2017) e incluso con aumento de venta en el mercado ilegal de la propia sustancia regulada.

Gabriel G. Nahas, científico de nota y que incluso fue contratado por el gobierno chino para prevenir probables epidemias de drogas en la década del “80, luchó en los Estados Unidos (California) para mostrar los daños. En los ambientes artísticos, culturales y empresariales era considerada una droga “recreativa”.

El viejo maestro Nahas, con quien tuve el honor de estudiar en la Argentina y en los Estados Unidos, luchaba en su país contra la cultura de la implantación de la cocaína que se la consideraba, como en la Argentina de los “80 y todavía en algunos sectores en la actualidad, como una droga recreativa y de la diversión.

Mientras tanto en los “80 los modelos animales nos mostraban lo contrario ya que los ratones de laboratorio morían por consumir esta droga y ni siquiera comían. En los humanos pasaba lo mismo. Clínicas, sanatorios, hospitales y consultorios se llenaban de pacientes que como los ratones tampoco “”podían parar””. Accidentados. Hemipléjicos. Homicidas. Muertos. La sociedad a través de voceros privilegiados seguía hablando de la droga de la “”felicidad”” y que además no generaba daño.
El “”no poder parar”” no era solo lo que les sucedía a los ratones de laboratorio a en los “90 desde el Nida (Centro Nacional de drogas de los Estados Unidos) se empezó a observar los cambios en el funcionamiento cerebral a medida que el cerebro se iba adaptando a su uso. Cambios funcionales químicos y eléctricos y cambios estructurales (infartos cerebrales por ejemplo).

LA ARGENTINA DE LOS 80
En la Argentina de los “80 mueren personajes encandilados por el “polvo blanco” como pasaba en los Estados Unidos. Ilusión de potencia y omnipotencia que era el pasaporte seguro a la autodestrucción. Toda superación de límites -parecería- al fin nos limita de la peor manera. Olmedo cae de un balcón. Otros participan en horrendos crímenes. Ha caído hace unos años el “último de los mohicanos” de esa época, el “Facha Martel” que incluso llegó a vivir en un auto abandonado.

La cultura de la droga se estaba instalando en esa época y llamativamente y a la vez simbólicamente “La Ciudad Feliz” era testigo y testimonio de ese momento. Nuestra sociedad estaba perdiendo la noción de fiesta ya que en la posmodernidad ésta es suplida por el exceso; es la fiesta vivida inmediatamente en el cuerpo y a través de los grupos en lo colectivo. En este tipo de fiesta con excesos está el placer. En la posmodernidad las drogas y sus excesos suplantan todo. El sentimiento que parece acompañar a la fiesta posmoderna es la tristeza y el vacío, como su contracara.

SIGLO XXI
La droga entra ahora, ya, en este nuevo tiempo en la familia. Hoy es común observar familias enteras de consumidores o grupo de hermanos, padre e hijo, o madre e hija. Plantas de marihuana en los jardines o excursiones para ir a encontrarse con un supuesto “chamán” que los “ilumine” con el hongo alucinógeno con ayahuasca. En Gradiva el 62% de los pacientes tienen algún familiar consumidor. La tercera población de consulta son familiares en contacto con la droga; la segunda son patologías de adultos con daños severos en los distintos sistemas orgánicos y con alteraciones mentales por un consumo de muchos años y en primer lugar los jóvenes. El costo social de todo esto es central. Las drogas en la vida familiar llevan a fenómenos contrarios a todo desarrollo sano.

A) Rechazo de los hijos si los padres están en carrera de consumo con conductas contradictorias, violentas e incluso perdidas de las diferencias generacionales con abusos sexuales.

B) Codependencias permisivas y cómplices en donde algunos de los familiares oculta información a otros sobre la conducta de alguien e incluso le facilita la compra de drogas.

C) Sociedades adictivas entre hermanos o padres generándose una verdadera debacle del sistema familiar y por ende de toda socialización. Los costos en calidad de vida de la sociedad son inmensos.

Económicamente un país se resiente enormemente ya que las ausencias laborales, los costos judiciales, médicos, penitenciarios y básicos y fundamentalmente se va devaluando la cultura y la educación social.
La diferencia con los “80 es también sustancial ya que abandonada toda política preventiva (único remedio frente al aumento de la prevalencia del consumo) la industria económica del marketing tiene un papel central en la “domesticación” de los seres humanos.

Director General Gradiva – Rehabilitación en adicciones

Drogas: Apetito de muerte y deterioro cerebral

POR JUAN ALBERTO YARÍA

16.12.2019

El filósofo francés Fabrice Hadjadj nos enseña que el hombre puede malograr su vida por permanecer informe, sin educar.

Oscar se acercó a mí, hace un tiempo, luego de una infancia en donde los traumas marcaron su vida. Lo típico hoy: padres ausentes, abusos, golpes, violencias por doquier, negligencia, abandonos varios. Ya tiene varias causas por conflicto con la ley. Sus traumas se transformaron en venganza, iracundia, odio hacia el mundo y daños en sus apreciaciones morales.

No había otro ni otros en su vida ya que estos surgen normalmente de la educación porque el hombre paradójicamente es un ser naturalmente cultural; el hombre necesita ser educado, solo los animales son adiestrados. La combinación de ternura, reconocimiento y límites permiten ese ejercicio mayéutico que es educar: desde adentro surge el ser que somos. El adulto solo libera las potencialidades que tenemos para llegar a lo que Píndaro decía: “Llegarás a ser lo que eres”.
Oscar me recuerda aquello que los antiguos decían: “En la vida somos herederos, sin transmisión no hay vida plena; la transmisión no se realiza cuando los hijos se niegan a acogerla o porque los padres se niegan a llevarla a cabo”.
Padres inciertos, en el mito barrial asesinados, vida en barrios marginales sin escuela y la oferta generosa de unos padres adoptivos lo acerca a mí luego de mucha droga y de andanzas con “Padres amos de la muerte” o sea “Patrones del mal”.

Me asombra su necesidad de afecto. Nada que ver con su historia. Me dice usted tiene mucho “rolo” (corazón en el lenguaje de las “tumbas” de nuestros barrios periféricos); viene con una tobillera electrónica y le digo que uno de los objetivos es que pueda desplazarse sin ese artefacto de control cumpliendo con un tratamiento y viendo que le paso en su vida. El juez le dio una posibilidad de recuperación y no la puede desperdiciar. Me abraza otra vez y me dice sonriendo “mucha plata, mucha plata”. Le digo que no entiendo y me comentan que en el lenguaje en que se educó quiere decir mucha alegría.

Me di cuenta de que estábamos los dos en diferentes mundos; para él, la alegría quería decir “mucha plata” y todo su lenguaje era un “idiolecto” que respondía a un dialecto marginal.
Vivió un mundo de golpes en donde las palabras eran armas, grupos de choque. Hoy participa en grupos, tiene terapias, colabora. El filósofo francés Fabrice Hadjadj nos enseña que “el hombre puede malograr su vida por permanecer informe, sin educar”. Oscar era un ejemplo de eso.
Adquirió en la comunidad terapéutica herramientas emocionales, morales que le permitieron salir del Apocalipsis que fue su vida y como dice Hadjadj: “que quiere decir Apocalipsis, sino que a través del desastre visitará el sol que nace de lo alto”. El Apocalipsis es una figura de lo humano y no solo una alegoría religiosa; cada uno de nosotros asiste al fin de los tiempos o sea de nuestros tiempos cuando “”tocamos fondo”” y Oscar toco fondo.

CEGUERA FRONTAL
La cocaína es la reina de las drogas. Jorge, otro paciente tratado, me decía: “para nosotros el dealer es Dios”. Sigmund Freud en su momento la probó y percibió que era una sustancia mágica como euforizante y como productor de mayor efectividad en el trabajo.
Fue acusado por Albrecht Erlenmeyer, uno de los grandes psiquiatras europeos de la época, quien dijo que estas ideas iban a desencadenar un azote en la humanidad.

Luego Freud cambia su enfoque sobre la cocaína cuando se la receta a su amigo Von Fleishl para vencer una adicción a la morfina y cuenta desencantado: “Von Fleishl se adaptó a la nueva droga con la desesperación de un hombre que se ahoga”; se volvió paranoico, deliraba y alucinaba y trataba de defenderse de monstruos e insectos que reptaban por su piel.
El farmacólogo L.Lewin en Berlín mostró que generaba dependencia y daños en distintos sistemas corporales y la cataloga como un “veneno” que nos promete cada día más placer, aunque ya había conquistado el mercado en vinos, Coca Cola (primer formula hojas de coca, cocaína, cafeína y nuez de cola que es luego reformada) y cigarrillos.

Esto luego se abandona. Pero hoy es la estrella rutilante en el mercado de la creación alucinatoria de sensaciones con un gran mercado de venta y de propaganda de “boca a boca”.
Hoy se habla de una “red neuro-moral” en el cerebro que queda dañada en consumidores de cocaína, especialmente los de larga data, y que lleva a conductas de daño a sí y/o terceros. Son las que se denominan psicopatías adquiridas por lesiones cerebrales y generan demencias fronto-temporales.
La lectura de sí mismo (capacidad de autoconciencia) y la empatía (ponerse en el lugar del otro) van desapareciendo y las respuestas impulsivas, automáticas y bestiales son comunes.
Se denomina “ceguera frontal” porque la zona frontal del cerebro es el CEO de nuestra personalidad y el guía de nuestras acciones. El Dr. Pablo Malo (estudioso del cerebro en la Argentina) habla de que tienen la “brújula moral” rota.
La progresiva búsqueda de placer a través de este euforizante se convierte en cada vez más lejana y aparece el abandono de sí que es el peor de los abandonos y todo esto culmina en un apetito por la muerte. Rápidamente se deteriora la conducta y se expone a riesgos o expone a otros precipitándose, de esta forma, en conductas suicidas u homicidas.

El maestro en adicciones C. Oliweinstein nos enseñaba en París que el consumidor de cocaína no había aprendido la lección de la vida de que todo placer es limitado y que buscar un placer más ilimitado es encontrarse con el desafío de la muerte. No escuchar la ley del límite nos precipita a la “Parca” como última ley y límite.

En esto el cerebro frontal en deterioro junto con una pulsión indómita por la muerte se dan la mano porque la corteza cerebral al perder poder hace que las respuestas sean meramente automáticas y sin valoración de las consecuencias.

CONTEXTOS MORTIFEROS
A esto habría que agregarle como en el caso de Oscar los contextos en los que crecemos, tanto familiares como culturales. El cerebro no solo se carga con glucosa y oxígeno sino también con información o sea cultura, ambiente, amor, valores, instituciones que nos alojan.
Quizás este es el verdadero problema de hoy la inermidad afectiva, ética y familiar-cultural de muchos que los lleva a buscar pócimas alucinatorias que los precipitan a la muerte y al deterioro.

Juan Alberto Yaría: Director General Gradiva – Rehabilitación en adicciones.