Tiempos de soledades y de química tóxica

Por Juan Alberto Yaría 05/01/2020

El vacío interior está ahí nomás

Nos llenamos de objetos y con ruidos por no poder estar solo y en dialogo con nosotros mismos”. Los ocho pecados mortales de la Humanidad Civilizada-Konrad Lorenz Premio Nobel de Etología(1903-1989)

Jorgelina a quien conocí hace varios meses parece hacer honor al maestro en filosofía José Ortega y Gasset cuando nos decía: No podemos salir del perpetuo arresto en casa; salvémonos con las cosas”. Su vida se había convertido en un “porro embebido” vorazmente en pareja mientras veían Netflix con pasión. Sexo nada porque lo primero que baja el consumo voraz de marihuana es el deseo sexual; la conocí luego de una intoxicación por estimulantes (cuando ya no alcanzaba la marihuana).

Esto es habitual en muchos; la euforia inicial del “porro” luego es seguido por anhedonia, luego siguen síntomas depresivos y por fin trastornos psicóticos. La vi luego de estar en terapia intensiva por un sincope cardíaco en plena calle y salvada por el SAME.

Inteligente con dos títulos universitarios creció sola aun teniendo padres que habían dimitido de su papel educativo y luego su soledad fue haciéndose depresión. Tanto ella como su novio no habían podido salir del “perpetuo arresto en su casa”.

Pero esto parece no haberle pasado solo a Jorgelina; sino que pasa a ser un problema masivo en la “polis” moderna a tal punto que el Foro Económico Mundial (WEF, su sigla en inglés) incluyó este año a la Soledad entre las tres grandes amenazas para la economía global, junto con el clima extremo y las vulnerabilidades económicas alrededor del planeta.

Las soledades masivas bastante claras en niños y abuelos generan efectos. Entre el 30% y 40 % de los adultos jóvenes (según este Foro) se siente siempre o frecuentemente solo o dejado de lado. Es predictor de muerte prematura, problemas de salud mental y drogas.

Esto surge paradójicamente en la época de la conexión infinita que trajo Internet a nuestras vidas, con la proliferación de las redes sociales y la viralización de los contactos. Vivimos inmersos en noticias, relaciones virtuales, “fake news”, Facebook, Instagram, chats y distintos aparatos que nos acercan alejándonos.

El vacío interior está ahí nomás. Las drogas parecen ser causa y consecuencia. Tenemos el más alto consumo de alcohol en alumnos secundarios (52,9%) en estadísticas mensuales superando en 10 puntos al consumo de la región. En cocaína estamos igual que Uruguay y muy cerca del más alto que es U.S.A. (datos de CICAD, OEA, Sedronar).

Cambio de época-era Postgutenberg

Quizás estemos como en el siglo XV en donde cae un mundo justo cuando Gutenberg inventó la imprenta y por ende una nueva forma de concebir el mundo y de cambio en la manera de transmitir las ideas.

Los portugueses llegaron a la India y cambiaron la historia del comercio. Los españoles llegaron a América y cambiaron la forma de entender el mundo. Constantinopla cayó en poder de los turcos y los intelectuales buscaron refugio en Europa salvando documentos griegos que enriquecieron el Renacimiento.

Hoy también Internet ha cambiado la manera de transmitir las ideas. La banca globalizada dirige Estados Naciones y gigantes como Amazon, Alibaba o Google han cambiado la manera de entender el comercio. La globalización es evidente mientras tratamos que no se acabe el planeta por el cambio climático.

Rusia, China y U.S.A. se reparten el mundo. Europa otrora centro se cae sin natalidad suficiente y en un proceso rápido de des-familiarizacióque repercute, entre otras cosas, en los fondos jubilatorios en crisis.

Gutenberg en 1468 murió pobre en Maguncia (Sacro Imperio Romano Germánico) mientras que los inventores de Internet, Google y de todas las compañías de Internet son supermillonarios. Los tiempos han variado a la muerte de él los monjes armaron la Biblia de 42 líneas por página mientras caía la Edad Media y el fin del último vestigio del Imperio Romano de Oriente.

Hoy ya parece no haber Biblia que transmitir.

Soledad y estar solo

La capacidad de estar solo es un desarrollo madurativo de la persona enorme que se ve desde la niñez. Un chico que fue bien acompañado adquiere la capacidad de estar solo. La soledad como sentimiento se emparenta con el aburrimiento, la depresión, la agitación ansiosa.

La tecnología de hoy parece ser la aliada de esa soledad, en una nueva Era Post-Gutenberg de falta de encuentros y conversaciones que son en el fondo la “salvación” del hombre.

¿Qué hacemos en una comunidad terapéutica como Gradiva cuando tratamos? Facilitamos encuentros, hay llantos, dolores por pérdidas. En el fondo el paciente y sus familias buscan lugares para ser oídos. La escucha para la elaboración de traumas no bloqueada por aparatos de huida tecnológica ni por drogas de huida.

Los “anticuerpos” de esa soledad masiva que se nutre de sustancias tóxicas que nos alienan parecen fallar en nuestra sociedad: tramas intersubjetivas, transmisiones generacionales, vínculos familiares y de tradiciones fundantes, contextos de valores y el capital social e institucional de los pueblos como el capital humano (familia más escuelas).

El costo de la perdida de la intersubjetividad y de los lazos fundantes parece que lo pagamos con el entierro de nuestro si mismo (mundo de la intimidad y de los encuentros) en aras del Ego que es el verdadero pasaporte a la no escucha y el encierro.

La inflación del Ego resulta ser un entierro de nosotros mismos. Drogas y aparatos tecnológicos del mundo virtual resultan ser los emergentes de los encuentros imposibles con el otro y los otros. La agonía del Eros (desasimiento de si para donarnos al otro) es signo de esta nueva Era de solos y solas.

El narcisismo es la señal del Ego exultante o defenestrado y era precisamente la flor de Narciso la flor de los cementerios griegos siendo el narcótico (Narkisos) la planta que cautivaba y seducía.

La cocaína y las guardias médicas

POR JUAN ALBERTO YARÍA

30.12.2019

Sobre nuestro tiempo, el gran filósofo Zygmunt Bauman sostiene que “hoy no hay solidez ni peñasco. Hay solo arena y viento”.

Las fiestas son el signo del descontrol para muchos; ahí las drogas ocupan un lugar central. Se preparan desde muchos días antes como quien preparaba un casamiento en la década del “70 o del “80. Se aseguran provisiones, tipos de drogas, determinados alcoholes, lugares. Es un verdadero “ritual con giras” de varios días. También se prepara el “sexo” en manada, también verdadero rito hoy como signo del descontrol y de la agonía del amor romántico.

La marihuana ya es un “aperitivo” inicial y, a la vez, un ritual “iniciático” en el mundo de las drogas. El “postre” en avance raudo es la cocaína. Me detengo en lo que vivo en las guardias de emergencia. Ahí recuerdo lo que enseña el filósofo español Miro sobre los seres desvinculados y solo ligados a un estupefaciente.
Es para mí terapéutico detenerme y pensar lo que vivo en ese fragor en donde la muerte convive con la locura. Me hace bien para poder devolverles a ellos que serán los pacientes un posterior sentido a sus vidas que no pase por el consumo suicida.

Todos corren en las guardias de hospitales y clínicas de emergencias en adicciones y mientras tanto exaltados algunos, dormidos otros, gritan algunos familiares mientras el dolor se va haciendo queja, la abstinencia en impotencia y el síntoma parece ser una venganza contra uno mismo o imaginariamente contra otros. Estoy ahí frente a ellos en Gradiva. Unos quieren matar al padre por querellas familiares manejadas con sustancias y violencias pero se están matando unos con otros, otros lloran por una mujer infiel; en fin todos muestran la impotencia para conducir la propia vida sin sustancias.
Caída de la palabra. Triunfo de la omnipotencia. Es el mundo de la cocaína que hoy parece ser la droga “estrella” ya que promete aquello que la biblia pone en boca de la Serpiente: “seréis como dioses”.

El shock de omnipotencia y grandiosidad que sienten ante el primer contacto nasal los pone en contacto con lo que llaman el “Paraíso”. Ya somos dioses, así constituimos nuestro propio altar, somos nuestros propios adoradores. Vamos de a poco o rápidamente llegando a nuestro “Infierno”. La guardia que observo un jueves a la tarde entre ambulancias y sonidos quejosos es una muestra de esto en la Tierra.
Ahí en la guardia la vida se transforma en una urgencia, las demandas son imperiosas mientras el “nosotros mismos” de nuestra mismidad parecer haber “perdido por goleada” ya que no tenemos tiempo para nosotros mismos, y esta falta de tiempo resulta ser porque le tenemos, precisamente, miedo al tiempo o sea a la conciencia ya que ésta me deja solo y me obliga a pensar. Por algo en la biblia se manda descansar un día o sea a meditar, encontrarse con otros, contemplar. Pensar, encuentros. Esto parece faltar hoy.

LAS DROGAS Y EL “GROTESCO”
La cocaína resulta ser la “caricatura” de este tiempo tan presuroso e incluso le agrega más “gasolina” a este momento cultural. Más velocidad hacia la nada del vacío. Del vacío al vacío pero huimos que parece ser lo esencial. Huir parece ser la clave cuando aprender a vivir es aprender a detenerse. Ya lo enseñaba Antonio Machado: “”…Ni el trabajo por el trabajo, ni el juego por el juego, ni la lucha por la lucha misma; la gracia está en pararse… a contemplar, meditar””.

Todos se pelean por el plato lleno de cocaína porque como dicen los nuevos pacientes ya no es la bolsa lo buscado sino el plato repleto de estimulantes con un buen vino blanco, cerveza o whisky más viagra. El “dealer” es muy buscado ya que es el “dueño” de las recetas de la huida y es casi el personaje central de estas historias de vacío y remordimiento posterior. Para muchos es el nuevo “Dios” (así lo llaman).
Todo vale. El exceso trata de llenar el vacío que preside muchas vidas. La huida la proporciona la sustancia y el placer conseguido es solo un goce con técnicas sexuales, múltiples parejas, indistinción de sexos, e incluso ejercicios de pederastia. La cocaína inhibe por un momento la culpa y la responsabilidad.
La “ceguera” frontal (el lóbulo frontal es el signo de la humanización) que promueve el consumo de estimulantes hace que los procesos de control de impulsos y lo que hoy se denomina la “neuro-moral” queden suspendidos. Pero ésta vuelve como conciencia luego con culpas y enfermedades asociadas (hipertensión, procesos cancerosos, etcétera).

Para mí la guardia es una “pintura caricaturesca” de la vida que hoy vivimos. Es la escala final de un largo desencuentro de la civilización actual que tiene en grandes filósofos como Zygmunt Bauman, uno de sus lectores centrales y que precisamente nos dice en sus lecturas sobre este tiempo:””Hoy no hay solidez ni peñasco. Hay solo arena y viento”.

El maestro francés Edgard Morín nos enseñaba que cuando los problemas de drogas son masivos se transforman en “políticos” entendiendo por políticos los problemas de la “polis” (en el sentido que la entendían los griegos) o sea de las ciudades. Las ciudades de hoy están llenas de problemas de drogas. Desde el adolescente hasta el jubilado, desde el empresario hasta el ama de casa. Las drogas son el complemento “mortífero” para soportar lo que la maestra francesa Franois Dolto llamó “la dificultad de vivir”.

CAIDA DE UN MUNDO
Cayó un mundo vertical y aparece este mundo más frágil con vínculos inexistentes o muy débiles. Es el mundo de la técnica y de los aparatos, la imagen, la publicidad, el dinero y de una ética relativista en donde el bien deja de ser un atributo colectivo basado en un “deber ser” y en un bien común para ser fruto de una preferencia personal. Caen transmisores de la cultura como las familias, el barrio, las instituciones de la espiritualidad y la política parece estar ligada a negocios y no al bien de todos. No se ve todavía una salida para el hombre y su destino ya que parecería que estamos en un interregno como dice Bauman en donde la incertidumbre reina.

Dónde están los padres, pregunto en la guardia. Muchos me miran como diciéndome que es eso. Caída de los encuentros. De la transmisión de la palabra y la cultura. Sin eso, ¿qué es la vida?; así las drogas son el complemento secreto de la autodestrucción.
Las drogas parecen ser tratadas como personas para el consumidor dependiente. Ocupan el lugar de una amante, de un “bombón asesino” como dice la cumbia, pero un bombón al fin, de un “par” siniestro que ocupa un lugar “impar” en realidad o sea de dominación y como dije antes por los dichos de varios pacientes: “la droga y el dealer son Dios”.

Pero las sustancias al mismo tiempo liberan (encadenándolo) al paciente de ejercitar la libertad. William James nos enseñaba sobre el miedo a ser libres: “”La guerra es un momento de felicidad para las naciones, libera de la libertad, ya que se sabe quiénes son los amigos y quienes los enemigos””. Cumplir órdenes o estar bajo las órdenes de las sustancias es un descanso para la libertad. Tenemos miedo a la libertad porque no nos han transmitido herramientas para ejercitar la capacidad de elegir y los valores sobre los cuales estos se construyen.

La crisis de la constitución de personas o sea de seres libres en contacto empático y solidario con el medio humano y sin la capacidad para estar en contacto con su sí-mismo o sea con su conciencia lleva a la construcción en masa de seres anónimos y manipulables.
Aldous Huxley como un lector de lo que se venía lo predijo en su libro “Un mundo feliz” en donde muestra cómo se genera un ser anónimo en el mundo de la técnica y de la licuación de vínculos humanos. “Cien repeticiones, tres noches por semana, durante cuatro años y setenta y dos cuatrocientas repeticiones crean una verdad”.

El hombre así va a ser manipulado. Lo que él llama la hipnosis social (encantamiento colectivo) que recibe el nombre de hipnopedia. Es un puro exterior sin intimidad. Un robot sin encuentros y agregaríamos, como Huxley lo sugiere, la “gasolina” de las drogas.
Como profesionales no podemos permitir que nos transformemos en técnicos de la “sepultura social” y quedando nuestra actividad centrada a ser meramente toxicólogos que “lavan” a pacientes casi moribundos. Si no trabajamos para devolver un sentido a las vidas nuestra profesión entrará en el grotesco actual. Este es para mí un mandamiento ético en estos tiempos.

* Director General Gradiva – Rehabilitación en adicciones.

Juan Alberto Yaría

* Director general de Gradiva – Rehabilitación en adicciones

Cocaína: la “peste blanca”

POR JUAN ALBERTO YARÍA

23.12.2019

Estamos ante una epidemia en donde la “peste blanca” pretende resumir como título a un actor central de esta era que se anuncia ya en la década del “80 en donde la súper-estimulación es clave.
Rendir, no dormir, performance, estar a “mil”. Invade las calles, las Bolsas de valores, las redacciones, las familias, las escuelas y universidades, las fiestas, etcétera.

El sentido de todo es el exceso para lograr la performance y esto reemplaza al proyectar. Más que proyectar día a día hay que rendir. Hipermodernidad como nuevo tiempo de la humanidad marcado por la información en tiempo real e instantáneo. Tiempo de la robótica y del inicio de la computación y comunicación masiva. El hombre se asimila a ese modelo. Se asemeja a esa máquina veloz.
El hombre también ya es veloz aunque sea artificialmente. Lo definió perversamente el llamado “Patrón del mal” Pablo Escobar Gaviria cuando describen sus biógrafos: “Con esto no van a poder los ejércitos”. Husmeaba un nuevo tiempo en donde esta droga iba a convertirse en una necesidad imperiosa para millones.

Hoy esta “peste blanca” adquiere distintos nombres: cocaína, crack, pasta base, pastillas estimulantes, metanfetamina, éxtasis. El antecedente en muchos casos es la marihuana que desde mi punto de vista junto con el alcohol son los cursos preparatorios que en muchos casos culminan luego del shock del “flash blanco” en drogas de huida y en busca de un nirvana como los opiáceos (plantas adormideras).
Nuestro país, mientras tanto, es el primer consumidor de cocaína de América del sur junto a Uruguay y el segundo en toda América luego de los Estados Unidos. Uruguay subió a los primeros puestos de consumo de cocaína luego de la regulación de la venta de marihuana en las farmacias (Junta Internacional de Estupefacientes – 2017) e incluso con aumento de venta en el mercado ilegal de la propia sustancia regulada.

Gabriel G. Nahas, científico de nota y que incluso fue contratado por el gobierno chino para prevenir probables epidemias de drogas en la década del “80, luchó en los Estados Unidos (California) para mostrar los daños. En los ambientes artísticos, culturales y empresariales era considerada una droga “recreativa”.

El viejo maestro Nahas, con quien tuve el honor de estudiar en la Argentina y en los Estados Unidos, luchaba en su país contra la cultura de la implantación de la cocaína que se la consideraba, como en la Argentina de los “80 y todavía en algunos sectores en la actualidad, como una droga recreativa y de la diversión.

Mientras tanto en los “80 los modelos animales nos mostraban lo contrario ya que los ratones de laboratorio morían por consumir esta droga y ni siquiera comían. En los humanos pasaba lo mismo. Clínicas, sanatorios, hospitales y consultorios se llenaban de pacientes que como los ratones tampoco “”podían parar””. Accidentados. Hemipléjicos. Homicidas. Muertos. La sociedad a través de voceros privilegiados seguía hablando de la droga de la “”felicidad”” y que además no generaba daño.
El “”no poder parar”” no era solo lo que les sucedía a los ratones de laboratorio a en los “90 desde el Nida (Centro Nacional de drogas de los Estados Unidos) se empezó a observar los cambios en el funcionamiento cerebral a medida que el cerebro se iba adaptando a su uso. Cambios funcionales químicos y eléctricos y cambios estructurales (infartos cerebrales por ejemplo).

LA ARGENTINA DE LOS 80
En la Argentina de los “80 mueren personajes encandilados por el “polvo blanco” como pasaba en los Estados Unidos. Ilusión de potencia y omnipotencia que era el pasaporte seguro a la autodestrucción. Toda superación de límites -parecería- al fin nos limita de la peor manera. Olmedo cae de un balcón. Otros participan en horrendos crímenes. Ha caído hace unos años el “último de los mohicanos” de esa época, el “Facha Martel” que incluso llegó a vivir en un auto abandonado.

La cultura de la droga se estaba instalando en esa época y llamativamente y a la vez simbólicamente “La Ciudad Feliz” era testigo y testimonio de ese momento. Nuestra sociedad estaba perdiendo la noción de fiesta ya que en la posmodernidad ésta es suplida por el exceso; es la fiesta vivida inmediatamente en el cuerpo y a través de los grupos en lo colectivo. En este tipo de fiesta con excesos está el placer. En la posmodernidad las drogas y sus excesos suplantan todo. El sentimiento que parece acompañar a la fiesta posmoderna es la tristeza y el vacío, como su contracara.

SIGLO XXI
La droga entra ahora, ya, en este nuevo tiempo en la familia. Hoy es común observar familias enteras de consumidores o grupo de hermanos, padre e hijo, o madre e hija. Plantas de marihuana en los jardines o excursiones para ir a encontrarse con un supuesto “chamán” que los “ilumine” con el hongo alucinógeno con ayahuasca. En Gradiva el 62% de los pacientes tienen algún familiar consumidor. La tercera población de consulta son familiares en contacto con la droga; la segunda son patologías de adultos con daños severos en los distintos sistemas orgánicos y con alteraciones mentales por un consumo de muchos años y en primer lugar los jóvenes. El costo social de todo esto es central. Las drogas en la vida familiar llevan a fenómenos contrarios a todo desarrollo sano.

A) Rechazo de los hijos si los padres están en carrera de consumo con conductas contradictorias, violentas e incluso perdidas de las diferencias generacionales con abusos sexuales.

B) Codependencias permisivas y cómplices en donde algunos de los familiares oculta información a otros sobre la conducta de alguien e incluso le facilita la compra de drogas.

C) Sociedades adictivas entre hermanos o padres generándose una verdadera debacle del sistema familiar y por ende de toda socialización. Los costos en calidad de vida de la sociedad son inmensos.

Económicamente un país se resiente enormemente ya que las ausencias laborales, los costos judiciales, médicos, penitenciarios y básicos y fundamentalmente se va devaluando la cultura y la educación social.
La diferencia con los “80 es también sustancial ya que abandonada toda política preventiva (único remedio frente al aumento de la prevalencia del consumo) la industria económica del marketing tiene un papel central en la “domesticación” de los seres humanos.

Director General Gradiva – Rehabilitación en adicciones

Drogas: Apetito de muerte y deterioro cerebral

POR JUAN ALBERTO YARÍA

16.12.2019

El filósofo francés Fabrice Hadjadj nos enseña que el hombre puede malograr su vida por permanecer informe, sin educar.

Oscar se acercó a mí, hace un tiempo, luego de una infancia en donde los traumas marcaron su vida. Lo típico hoy: padres ausentes, abusos, golpes, violencias por doquier, negligencia, abandonos varios. Ya tiene varias causas por conflicto con la ley. Sus traumas se transformaron en venganza, iracundia, odio hacia el mundo y daños en sus apreciaciones morales.

No había otro ni otros en su vida ya que estos surgen normalmente de la educación porque el hombre paradójicamente es un ser naturalmente cultural; el hombre necesita ser educado, solo los animales son adiestrados. La combinación de ternura, reconocimiento y límites permiten ese ejercicio mayéutico que es educar: desde adentro surge el ser que somos. El adulto solo libera las potencialidades que tenemos para llegar a lo que Píndaro decía: “Llegarás a ser lo que eres”.
Oscar me recuerda aquello que los antiguos decían: “En la vida somos herederos, sin transmisión no hay vida plena; la transmisión no se realiza cuando los hijos se niegan a acogerla o porque los padres se niegan a llevarla a cabo”.
Padres inciertos, en el mito barrial asesinados, vida en barrios marginales sin escuela y la oferta generosa de unos padres adoptivos lo acerca a mí luego de mucha droga y de andanzas con “Padres amos de la muerte” o sea “Patrones del mal”.

Me asombra su necesidad de afecto. Nada que ver con su historia. Me dice usted tiene mucho “rolo” (corazón en el lenguaje de las “tumbas” de nuestros barrios periféricos); viene con una tobillera electrónica y le digo que uno de los objetivos es que pueda desplazarse sin ese artefacto de control cumpliendo con un tratamiento y viendo que le paso en su vida. El juez le dio una posibilidad de recuperación y no la puede desperdiciar. Me abraza otra vez y me dice sonriendo “mucha plata, mucha plata”. Le digo que no entiendo y me comentan que en el lenguaje en que se educó quiere decir mucha alegría.

Me di cuenta de que estábamos los dos en diferentes mundos; para él, la alegría quería decir “mucha plata” y todo su lenguaje era un “idiolecto” que respondía a un dialecto marginal.
Vivió un mundo de golpes en donde las palabras eran armas, grupos de choque. Hoy participa en grupos, tiene terapias, colabora. El filósofo francés Fabrice Hadjadj nos enseña que “el hombre puede malograr su vida por permanecer informe, sin educar”. Oscar era un ejemplo de eso.
Adquirió en la comunidad terapéutica herramientas emocionales, morales que le permitieron salir del Apocalipsis que fue su vida y como dice Hadjadj: “que quiere decir Apocalipsis, sino que a través del desastre visitará el sol que nace de lo alto”. El Apocalipsis es una figura de lo humano y no solo una alegoría religiosa; cada uno de nosotros asiste al fin de los tiempos o sea de nuestros tiempos cuando “”tocamos fondo”” y Oscar toco fondo.

CEGUERA FRONTAL
La cocaína es la reina de las drogas. Jorge, otro paciente tratado, me decía: “para nosotros el dealer es Dios”. Sigmund Freud en su momento la probó y percibió que era una sustancia mágica como euforizante y como productor de mayor efectividad en el trabajo.
Fue acusado por Albrecht Erlenmeyer, uno de los grandes psiquiatras europeos de la época, quien dijo que estas ideas iban a desencadenar un azote en la humanidad.

Luego Freud cambia su enfoque sobre la cocaína cuando se la receta a su amigo Von Fleishl para vencer una adicción a la morfina y cuenta desencantado: “Von Fleishl se adaptó a la nueva droga con la desesperación de un hombre que se ahoga”; se volvió paranoico, deliraba y alucinaba y trataba de defenderse de monstruos e insectos que reptaban por su piel.
El farmacólogo L.Lewin en Berlín mostró que generaba dependencia y daños en distintos sistemas corporales y la cataloga como un “veneno” que nos promete cada día más placer, aunque ya había conquistado el mercado en vinos, Coca Cola (primer formula hojas de coca, cocaína, cafeína y nuez de cola que es luego reformada) y cigarrillos.

Esto luego se abandona. Pero hoy es la estrella rutilante en el mercado de la creación alucinatoria de sensaciones con un gran mercado de venta y de propaganda de “boca a boca”.
Hoy se habla de una “red neuro-moral” en el cerebro que queda dañada en consumidores de cocaína, especialmente los de larga data, y que lleva a conductas de daño a sí y/o terceros. Son las que se denominan psicopatías adquiridas por lesiones cerebrales y generan demencias fronto-temporales.
La lectura de sí mismo (capacidad de autoconciencia) y la empatía (ponerse en el lugar del otro) van desapareciendo y las respuestas impulsivas, automáticas y bestiales son comunes.
Se denomina “ceguera frontal” porque la zona frontal del cerebro es el CEO de nuestra personalidad y el guía de nuestras acciones. El Dr. Pablo Malo (estudioso del cerebro en la Argentina) habla de que tienen la “brújula moral” rota.
La progresiva búsqueda de placer a través de este euforizante se convierte en cada vez más lejana y aparece el abandono de sí que es el peor de los abandonos y todo esto culmina en un apetito por la muerte. Rápidamente se deteriora la conducta y se expone a riesgos o expone a otros precipitándose, de esta forma, en conductas suicidas u homicidas.

El maestro en adicciones C. Oliweinstein nos enseñaba en París que el consumidor de cocaína no había aprendido la lección de la vida de que todo placer es limitado y que buscar un placer más ilimitado es encontrarse con el desafío de la muerte. No escuchar la ley del límite nos precipita a la “Parca” como última ley y límite.

En esto el cerebro frontal en deterioro junto con una pulsión indómita por la muerte se dan la mano porque la corteza cerebral al perder poder hace que las respuestas sean meramente automáticas y sin valoración de las consecuencias.

CONTEXTOS MORTIFEROS
A esto habría que agregarle como en el caso de Oscar los contextos en los que crecemos, tanto familiares como culturales. El cerebro no solo se carga con glucosa y oxígeno sino también con información o sea cultura, ambiente, amor, valores, instituciones que nos alojan.
Quizás este es el verdadero problema de hoy la inermidad afectiva, ética y familiar-cultural de muchos que los lleva a buscar pócimas alucinatorias que los precipitan a la muerte y al deterioro.

Juan Alberto Yaría: Director General Gradiva – Rehabilitación en adicciones. 

Drogas: jóvenes solos ¿No future?

POR JUAN ALBERTO YARÍA

09.12.2019

“Mi madre dio a luz gemelos: yo mismo y el miedo” (Thomas Hobbes, 1588-1679)

Jorge me sorprende y me estimula a acercarme a él. Solo en la vida, en sus 18 años, aun teniendo padre y hermanos. En su soledad lo acompaña un aparato celular. Facebook, chats, Instagram y los diversos contactos entre los cuales están dealers, transas, “tribus”, etcétera. Lo conozco dentro de Gradiva y su vida es un calvario que casi termina en crucifixión vagando en calles del Abasto buscando todo aquello que lo alejara de la angustia, aunque sea por un momento: la cerveza, la marihuana y todo lo que viene después fueron imponiendo sus Leyes de deterioro. Y ahí lo conozco. Luego venia la promiscuidad, el sexo en “manada”.
Es un joven de clase media que vive solo. Una heladera vacía o llena lo sorprende todos los días. No hay mesa ni encuentros. El padre es adicto al juego y sus noches lo sumergen en el mundo de los “vampiros” en los casinos y la madre trabaja todo el día. El hermano trabaja y estudia. No se encuentran nunca; ¿se puede vivir así?
Hay miles en estas condiciones. Estamos en plena epidemia de consumo. Los números hablan, pero la vida de las personas queda fuera de la estadística. No es un problema de individuos. Es un problema social. La generación química implica como inflación la deflación de los organizadores sociales (familia, barrio, cultura, justicia, fuerzas de seguridad, etcétera).

La última obra de Zigmunt Bauman titulada “Retrotopia” menciona que “las viejas comunidades humanas y de encuentros se han ido sustituyendo por las redes tecnológicas”. Jorge es un millennial pleno. Aislado llora su inermidad, me “exprime” en el diálogo quizás alabando mis canas y mis palabras. Es un reflejo quizás de lo que hoy sucede.

Byung-Chul Han (filósofo de predicamento residente en Alemania) dice que está surgiendo la profesión de oyente en esta sociedad. En un sentido enfático el conocimiento de sí mismo resulta transformante, y se asemeja a una redención. Conocimiento es redención. Para esto hay que instalar el circuito de la palabra y los encuentros de intimidades.

Hoy perdemos cada vez más la capacidad de escuchar ya que en la actualidad social se focaliza el ego, el narcisismo y Narciso es la repetición de la voz de sí mismo. Escuchar, mientras tanto, es dar la bienvenida al otro.

EL OFICIO DE CONSTRUIR EL FUTURO
Tiene mucha cuantía hoy aquel que puede escuchar y sabe preguntar. En un mundo de individualismo y no escucha el valor buscado es la escucha y la pregunta que estimule la verdad que cada uno tiene dentro de sí (remendando el discurso socrático de la mayéutica y el célebre discurso del maestro de San Agustín).

Cuando el vacío y la angustia lo invade junto con la imperatividad de la abstinencia y la compulsión a consumir Jorge retorna a la “tribu” (los “trapitos”, los grupos de las “casas tomadas”, el sórdido mundo de los proxenetas y la promiscuidad, etcétera). La tribu es la caída de las sociedades actuales: escuela, familia, barrio, etcétera. Nos agrupamos en tribus en donde de un lado están los amigos y del otro los enemigos a odiar.

Dos extremos; la soledad inmersa en el vacío y/o la tribu que divide el mundo, el barrio, las veredas o sea todo en un mundo de amigos y enemigos. Cuando se suspende por un momento todo y esto puede suceder por una urgencia adictiva en una sala de guardia, después de una pelea surge el “No future”. ¿Hay futuro?

Por un momento retorna el hombre que imaginó Hobbes “Bellum omnium contra omnes” (“Guerra de todos contra todos”); y “Homo homini lupus est” (“El hombre es un lobo para el hombre”). Pero después en la serenidad de un diálogo y ya sin drogas y fuera de las “tribus” alienantes surge la nostalgia de un hogar que aloje. Misión imposible en la vida de Jorge ya que el padre y la madre no pueden organizar eso y la sociedad va por otro lado.

El individualismo reina. Narciso es no solo un fenómeno individual de las llamadas personalidad narcisistas sino un trastorno social llamado individualismo. El hombre hobbessiano del lobo ya es un “mundo de lobos”. Las drogas se incluyen en este contexto.

En la “Retrotopia” de Zigmunt Bauman ahí nos muestra que la utopía de un futuro mejor se transformó en la idealización nostálgica de un pasado que ya no está. La caída de los vínculos nutricios de la vida: la sociedad como orientadora de la vida desde la familia, la escuela, el barrio, las iglesias ha dejado a miles en la inermidad. Incluso a los propios padres que se desangran anímicamente con los problemas de sus hijos.

En este mundo de sufrientes aparece como anestesia un mercado ávido de clientes que es la narco-economía. Las drogas, ya legalizadas de hecho, aparecen como una pócima placentera y a la vez “veneno”. Cuando ya no se puede más las calles se llenan de “nadie” que pululan y si es invierno el frío y las neumonías los llevaran a otro destino distinto.

NOSTALGIA DE FUNDAMENTOS
Resulta más certero que nunca el comentario de Hobbes sobre su nacimiento: “mi madre dio a luz gemelos: yo mismo y el miedo” (comentario de Hobbes sobre su nacimiento). En realidad, vivió sin amparo paterno ya que este abandonó a su familia. Su filosofía no solo se basa en este dato histórico ya que su pensamiento supera esto, pero hoy la privación paterna es un hecho.

Jorge reclama por un padre. Confunde al padre adicto con el padre como modelo identificatorio. No lo ha encontrado. Le digo que es importante que acepte esta realidad; su padre es como es y no puede dar más. La aceptación es un valor clave en la vida y en la rehabilitación. En la comunidad terapéutica está armando funciones parentales con trozos de compañeros rehabilitados, terapeutas honestos. Se encuentra con el mundo de la palabra, la ley o sea con un sendero. Mientras tanto me escribe semana a semana sus vivencias. La cura por las palabras se acentúa, el relato lo salva.

En “La odisea”, Telémaco mira cada tanto al horizonte para que Ulises (su padre) vuelva para poner en orden su casa y la comarca. Es la nostalgia que vuelve o lo que Bauman llama la retrotopia. ¿No será que la nostalgia es por los fundamentos?; si el niño no crece sobre fundamentos que lo alojen aparece el hombre de Hobbes “el lobo en un mundo de lobos”.

El apego familiar es una condición fundamental para vencer el miedo a crecer. Esto falla en la sociedad actual. El hombre es un único ser que necesita 18 años de crianza. El animal nace casi completo. Hobbes decía que a él lo acompañaba el miedo desde que nació, o sea las amenazas. Parece ser que nadie habla en esta epidemia que vivimos (la Ciudad de Buenos Aires ha decretado la emergencia en adicciones) de los vínculos fundantes del ser humano.

* Director General Gradiva – Rehabilitación en adicciones

Emergencia epidémica en adicciones

POR JUAN ALBERTO YARÍA

02.12.2019

“¡Toda la guardia llena de “psiquiátricos” y alcoholizados, algunos esposados y custodiados por policías! No tenemos ni un box libre… en una noche ansiosa de espera con un cuadro clínico”.
(narración de Nora Bar – Una noche de guardia – nov.2018)

Nora Bar narra con dramatismo la espera en una sala de guardia con un conocido que tenía una emergencia clínica. Los médicos y enfermeros solo tenían tiempo para paliar la situación de intoxicados por drogas y alcohol o aquellos cautivos de delirios y alucinaciones. Este no es un hecho aislado. Se da en todos los hospitales de CABA y por lo que conozco del conurbano.

La epidemia habla. En muchos casos el paciente recibe un paliativo que compense su metabolismo alterado, unos calmantes para su excitación y a la calle. Lavaderos modernos o tintorerías al por mayor. Es raro que vuelvan a una consulta ambulatoria (datos del Ministerio de Salud Nacional nos hablan de solo un 10 % volvían a una consulta ambulatoria).

Es auspicioso que la Legislatura de CABA haya aprobado la emergencia en drogas, alcohol y tabaco en ese territorio buscando que se implementen medidas preventivas y asistenciales ante tamaña situación de prevalencia de consumo. Se olvidaron de la Salud Mental en general ya que la epidemia alcanza también a los cuadros con trastornos psicóticos delirantes y alucinatorios, melancolías suicidas, violencias con excitación psicomotriz que inundan los hospitales.

HABLA LA EPIDEMIA

Leandro Halperín, uno de los autores del proyecto menciona, “la ausencia de políticas coordinadas y efectivas de prevención, protección, intervención, contención, reducción de daños y/o tratamiento” y agrega “falta de capacitación del personal, las fallas en la articulación y escasez de herramientas en los dispositivos de atención primaria se traducen en una actitud expulsiva por parte de las estructuras hospitalarias. Las personas que ven su vida complicada por el uso problemático de sustancias y desarrollan una adicción no encuentran sistemas de tratamiento dinámicos y amigables”.

Mientras tanto la Unicef publica que en la Argentina se triplicó la tasa de suicidios en los últimos 30 años. Pasamos a 12,7 cada 100 mil adolescentes y es la segunda causa de muerte en la Argentina. “Suicidio en la adolescencia. Situación en la Argentina”, presentado por Unicef así se titula este estudio donde menciona la falta de figuras significativas en la infancia, el uso de drogas a temprana edad y por supuesto la caída de la vida familiar que parece ser el verdadero “default “cultural de nuestro país. Chicos solos y entonces surge el ¿para qué vivir? La vida bien vivida tiene que ver con las compañías, las tutelas y el reconocimiento de figuras parentales.

Consumir drogas es una forma de suicidarse posmoderna y lo vemos todos días los que trabajamos con jóvenes con daños cerebrales y con patologías psiquiátricas ligadas a ese consumo (esquizofrenias, trastornos bipolares, trastornos antisociales; por ejemplo).

DESERCION ADULTA

En sí mismo no podemos dejar de recordar al maestro en adicciones Prof. C. Oliweistein cuando nos enseñaba en Paris: “…las drogas y su consumo es una crítica a los valores de los adultos que casi no le han transmitido nada, denuncia el fracaso de la transmisión de generación en generación de normas y de todas las nociones para sobrevivir en la lucha por la vida”.

Insisto que la alarma en CABA que demanda la legislatura se debería ampliar a toda la problemática de la salud mental y porque no a nivel nacional. Pensemos que en los últimos 20 años han faltado políticas estables de asistencia y prevención.

Los planes de formación de Lideres sociales y Padres no se han dado, las políticas preventivas en las escuelas han sido erráticas. La falta de prevención como alertas tempranas y detección precoz en todos los niveles institucionales genera una prevalencia cada vez mayor de consumidores.

Las residencias de medio camino para aquellos pacientes que no pueden controlar sus impulsos a consumir o que tienen patologías psíquicas asociadas casi no existen y se ha reducido a la mitad el número de plazas para la atención de pacientes con severos trastornos (en CABA es así).La orientación a Padres casi no existe y mientras tanto ha triunfado la aceptación social del consumo y la banalización de los daños sin tener en cuenta los momentos evolutivos (crisis de identidad y fragilidad adolescente e inmadurez del desarrollo del sistema nervioso en esta etapa).

En la década del 90 participe en la Provincia de Buenos Aires de una experiencia preventiva y asistencial masiva con centros preventivos asistenciales (180 en una amplia red municipales ) y con todas las redes escolares participando .

Bajamos la prevalencia de entrada al consumo en un 50% entre 1993 y el 2000, en un comparativo con el Hospital Muniz hicimos un estudio de las primeras consultas ahí de pacientes con consumo y el 87 % había ya contraído HIV y en la Provincia con una amplia red de efectores preventivos solo el 17 % había contraído esta enfermedad. Estos son solo algunos de los tantos datos que marca la importancia de una masividad preventiva y asistencial. La epidemia es la marca quizás de nuestro default cultural.

* Director General Gradiva. Rehabilitación en adicciones.

Drogas: la “esclavitud” de los condenados

POR JUAN ALBERTO YARÍA

25.11.2019

Susana llega hace varios meses con sus 20 años a cuestas derivada de Terapia intensiva. Casi muere luego de un abuso de sustancias. La salva que su crisis más seria se dieron dentro de la guardia de un sanatorio y poseer una prepaga que asume los tratamientos en adicciones. Sus convulsiones fueron graves con el consiguiente daño neuronal. Rápidamente entra en emergencia médica y la salvan.

Llega a verme con un cuaderno de anotaciones. Todo lo escribe porque su memoria de corto plazo se ha perdido. No tener memoria la sume en una gran angustia tan seria como la que sintió en Terapia intensiva cuando en un estado de confusión llamado “delirium” no comprendía lo que ahí sucedía. Las luces, los médicos, las enfermeras perdían todo sentido. Era una “ausente” en un mundo presuroso para salvarle la vida.

Hablo con ella y le digo que su sistema nervioso le anunciaba con las convulsiones que ya no podía seguir consumiendo. Me dijo que tenía razón pero que su persona deseaba hacerlo. Me confesaba que su voluntad y sus apetitos estaban en otro lado. No podía no hacer lo que hacía, aunque se muriera.

EL DESCONTROL ADICTIVO
Una de las características más angustiantes para el terapeuta que trabaja en adicciones es asistir al descontrol de las conductas a la cual se llega con un consumo persistente y voraz de estupefacientes. Sí, nos angustia observar vidas mutiladas. Aún así desde esos restos humanos que observamos necesitamos y debemos devolver esperanza.

Choques, accidentes, mutilaciones, contraer enfermedades de transmisión sexual en sesiones de sexo sin cuidados, y toda la gama de síntomas psicóticos que van desde la confusión alucinatoria, los delirios tóxicos, las amnesias y deterioros cognitivos (atención, percepción, hiperkinesia improductiva), depresiones largas con abulias que muestran la agonía de la voluntad, noches de insomnio que son sesiones interminables de abstinencia y vacío, etcétera; son las distintas secuencias de un deterioro gradual pero que no se percibe como tal. Progresivamente la persona se va ignorando a sí misma.

El descontrol surge de la llamada “gira” en donde durante días y días desafiando el cansancio, el “dopaje”, se transforma en un rito sacrificial. No se puede parar. Es la religión nueva de los esclavos, los condenados a un “Infierno terrestre” en donde odian lo que hacen, pero no pueden dejar de hacerlo.

El odio a lo que hacen es también odio a sí mismo. Cada dosis decreta la baja de la autoestima. ¿Dónde está aquel placer inicial que se había encontrado? ¿Ese “flash” cautivante de aquella luna de miel inicial con las sustancias? Nunca más aparecerá. En realidad, nos drogamos para huir de la angustia de la abstinencia. Drogarse ya no es para una búsqueda de placer sino para huir del vacío de la abstinencia.

Mientras avanza la compulsión a consumir como único destino vital surge una triple angustia: Obtenerla; consumirla temiendo no volver a conseguirla y por fin, volver a conseguirla. Aprovisionarse es una tarea y el dealer o distribuidor es la persona más importante de su vida. No hay hijos, mujer, padres, lo más valorado es quien posee esa pócima letal pero deseada.

EL “PIRATEO” DEL CEREBRO
Los grandes neurobiólogos de hoy hablan de un “pirateo” de ciertas zonas vitales del sistema nervioso por efecto repetido del consumo. Hay en personas vulnerables por motivos afectivos, traumáticos, familiares e incluso por vulnerabilidad genética un “secuestro” de zonas del placer, la motivación y a la vez un declive de las áreas más evolucionadas de la toma de decisiones.

El ser humano asiste impávido a su esclavitud ya que su voluntad (que es una función superior del sistema nervioso y de la personalidad) está en déficit. Agoniza la voluntad. Observa su propia decadencia sin darse cuenta.

El sistema “pirateado” se denomina circuito de la recompensa que es un sistema primitivo que compartimos con los animales y que es el vector del placer y la motivación. La memoria adictiva toma el comando y no solo es la sustancia lo que llama a repetir el consumo sino los elementos contextuales que rodean al mismo (personas, lugares, situaciones). Se inicia así el cautiverio de los condenados.

Esa esclavitud, que es una condena de no haber tratamiento, generalmente se une a vulnerabilidades infantiles que tratamos en nuestras columnas y que hoy son lamentablemente comunes: abuso emocional, físico, sexual, negligencia emocional y física, entre otras.

El trauma neuro-tóxico que lleva al descontrol se da dentro de una vida con traumas muy fuertes desde la infancia. ¿Para qué vivir entonces? En Susana la rehabilitación se centró en tratar de sanar esas heridas emocionales y en un tratamiento de desintoxicación y deshabituación muy profundo.

* Director General Gradiva – Rehabilitación en adicciones

Drogas y “sociedad del dopaje”

POR JUAN ALBERTO YARÍA

19.11.2019

A Jorge lo conocí hace unos años y no podía parar de consumir. En sus 25 años y desde hacía 10, la sucesión de drogas y de orificios de entrada se multiplicaban: boca, vena, nariz, ano. Todo servía para lograr una sensación de lo instantáneo. Cuando no lograba conciliar el sueño por su excitación a través de su ano se colocaba cantidad de pastillas tranquilizantes para lograr un efecto inmediato.

Así vivía; muriéndose. Inteligencia superior en lo abstracto, pero emocionalmente devastado y prácticamente “domado” para el consumo. Era un “químico” de su mente inventando mezclas de sustancias para lograr efectos nuevos pero que rápidamente lo aburren. Ya la angustia de la abstinencia lo llevaba a volver a consumir.

No podía hacer pausa; todo debía ser rápido, acelerado. Parecía ser el símbolo de un tiempo acelerado en cual vivimos, pero muriéndonos todos los días. Esa lógica lo devoraba y la sexualidad era un viagra permanente porque todo debía ser en exceso; homo-hetero no importa. Hoy la amenaza a la sexualidad no es la moral sino lo extremo, el exceso. Sexo sin Eros o sea sin amor. Hay una agonía del Eros siguiendo las enseñanzas del maestro en filosofía Hui-Bul-Han.

TIEMPOS ACELERADOS
Platón nos enseñaba que el Eros conducía al hombre, pero esto parece no irradiar y existir en muchos, entonces el hombre queda reducido a mero cálculo: cuantas dosis necesito para conseguir algo que al final no siento y me deja vacío.
En esta sociedad del vacío pululan seres que portan una gran depresión existencial. Recordemos a Víctor Frankl cuando nos decía: “Voluntad de poder o voluntad de sentido”. Las drogas hoy generan voluntad de poder (la política también parece ser para algunos la droga de la voluntad del poder) pero así el sentido de nuestras vidas queda perdido. Todo “debe ser ya” cuando es la lentitud de la maduración lo que nos debe llamar al proyecto de vida.

EL CEREBRO ADOLESCENTE
El sistema nervioso termina de madurar entre los 25 y 30 años. El alcohol y el cannabis ya “están a la mano” y hemos perdido la lucha cultural preventiva por el alerta temprana en la niñez y la detección precoz en un marco de creciente des-familiarización de nuestra sociedad con estructuras de oferta de drogas muy consolidadas y llegan a nuestros centros personas con muchos años de consumo, devastados y en crisis pero que comenzaron en la edad de maduración del cerebro y en donde las zonas frontales todavía no se han desarrollado plenamente (ejes del sentido de realidad, control de impulsos, pensamiento abstracto y de lo que se denomina el cerebro moral).

El alcohol tan extendido en nuestra sociedad juvenil tiene efectos neurotóxicos. Hay una zona llamada hipocampo que reduce su volumen y es la sede biológica de la memoria y el aprendizaje. Se daña la mielina que es la capa protectora de las células nerviosas y se van deteriorando funciones cognitivas que culminan con la demencia alcohólica (psicosis de Korsakoff y Wernicke). De las “lagunas mentales” de las resacas alcohólicas llegamos progresivamente a la demenciación.

El alcohol en el cerebro genera inflamaciones que afectan todo el proceso nutricional de la neurona (menor oxigenación y glucosa que son los elementos centrales).
Con la marihuana en la adolescencia pasa algo similar con enlentecimiento de la agilidad mental, aumento de los tiempos de respuesta, baja de la atención, problemas de memoria y por ende rápidamente baja el rendimiento académico y la escolarización se retrasa y abandona. Además, siempre el brote psicótico puede surgir cuando se fuma marihuana en la adolescencia. Gradiva tiene varios pacientes adolescentes consumidores intensos de marihuana con síntomas delirantes. Además, el aplanamiento emocional aparece ligado a un metabolismo más bajo de las regiones frontales (ejes de la humanización). Muchos vivimos en una sociedad donde la depresión y el dopaje se dan la mano. La voz del otro y del amigo que son apertura a la trascendencia, siguiendo a Martin Heidegger, tienden a desaparecer y la química suplanta a la palabra y al afecto imponiendo leyes rigurosas de deterioro y demenciación.

Juan Alberto Yaría

* Director general de Gradiva – Rehabilitación en adicciones

Los “colonizados” por narcisistas

POR JUAN ALBERTO YARÍA

11.11.2019

Hugo Bleichmar vive en España, pero dejó muchos alumnos en la Argentina y en realidad sus ideas actuales nos sirven para entender los procesos de “colonización” mental y emocional de miles son siervos en manos de personalidades antisociales y de estructura narcisista. Esclavos posmodernos en manos de amos también posmodernos.

¿Cuál es la clientela de los colonizadores? En realidad, el colonizador es un patrón que dirige y somete la vida de otros. Lo que Sigmund Freud llamaba el “Amo de la muerte”, dueño de posesiones, en donde el otro es solo un objeto de dominio y uso.
Jorgelina vive detrás de un hombre mayor, vendedor de drogas que le da una cierta seguridad, le infunde miedo por su violencia, pero al ser dealer le soluciona el problema de la dosis diaria.
El miedo parece ser un motor fundamental; el antisocial, un narcisista que sabe cómo imponer esta emoción y desde ahí dirige al otro. En el caso de Jorgelina satisface no solo su dependencia adictiva sino su dependencia emocional.

Criada sin padre, abandonada a sus caprichos desde niña, pero con un profundo miedo a los demás, queda a expensas de alguien que piensa por ella, la satisface frente a la inseguridad de vivir a costa de abandonarse y ser una “nadie” para el otro que la usa como un objeto. Puede ser también correo del dealer cuando él la necesita. Todo vale para satisfacer a ese “Patrón del mal” (remedando la serie de Pablo Escobar).

LOS NUEVOS “PATRONES DEL MAL”
Son interesantes las características de estos personajes que creen ser dueños de la realidad que fascinan a personalidades inmaduras, dependientes y abandonadas desde pequeña.
El narcisista antisocial tiene un sí-mismo grandioso que reniega y desconoce la realidad. Muestran ostentosamente una representación ideal de sí y con la violencia que está ahí siempre “”a la mano”” para ser ejercida con saña y falta de empatía (Otto Kernberg es el mejor estudioso de las personalidades narcisistas).

La voluntad de poder y de dominio reemplaza a la voluntad de sentido y escucha, que es la marca de lo humano. La empatía, que es la marca distintiva de lo humana y la lectura y la introspección de nuestro sí mismo, no existe en estos “Patrones del mal”. Incluso generan idealización y ganas de imitarlos en sus súbditos.
La ley es una dimensión ignorada ya que su ego es la ley que además se impone de cualquier manera. Buscan adhesiones fanáticas y lo logran. Miles se pueden encolumnar detrás de estos líderes que se proponen como ley de la realidad.

Devalúan permanentemente a lo diferente a sí mismo como forma de encubrir la envidia profunda que sienten y el odio a lo distinto. Así se imponen y logran la adhesión de multitud de seres a la intemperie y máxime cuando manejan bandas, drogas, transas, explotación de mujeres, “grupos de choque”, etcétera.

La dimensión de la culpa y el arrepentimiento no existe porque no hay reconocimiento del otro y de lo distinto. Es un mundo sin perspectivas. Es el mundo de lo único. Solo él es la medida de la realidad.
Son especialistas en generar fanáticos porque generan creencias en multitud de seres que viven en la intemperie afectiva. Saben incidir a través del miedo, pero fundamentalmente en inyectar el principal de los “venenos” que es el odio dividiendo el mundo en dos: los que adhieren a él y los otros que son los enemigos. Mundo de enemigos potenciales y por ende paranoico. Además, es un mundo de adhesiones automáticas. No existe proceso de reflexión es adhesión inmediata.

¿A QUIEN TRATAMOS CUANDO TRATAMOS?
Siempre y más hoy el consumidor de sustancias forma parte de sociedades paralelas. La sociedad paralela es el conjunto de relaciones marginales que se van formando por años de consumo. Su mundo se va estrechando a decenas de contactos que tienen que ver con la marginalización tanto en sectores opulentos como en poblaciones carenciadas. El cómplice suplanta al testigo; el ocultamiento a la verdad; el código al lenguaje llano.

Dejar esto y sincerarse es tan importante como el duro proceso de renuncia al consumo. La honestidad y la transparencia en Gradiva es el tercer valor de la recuperación luego de la aceptación de la enfermedad y la humildad para vencer el ego ligado a la soberbia. Todos estos trámites son necesarios para poder escuchar. La escucha es el gran desafío humano para poder aprender. Sería el aprendizaje hacia la libertad frente a la esclavitud que vivió con los amos.

Trabajar la personalidad es fundamental porque la dependencia emocional a “Patrones del mal” (valga como metáfora de la sujeción a narcisistas -antisociales) es toda una tarea de desarrollo personal en un tratamiento de rehabilitación.

Juan Alberto Yaría

* Director general de Gradiva – Rehabilitación en adicciones

Los “colonizados” por narcisistas

POR JUAN ALBERTO YARÍA

11.11.2019

Hugo Bleichmar vive en España, pero dejó muchos alumnos en la Argentina y en realidad sus ideas actuales nos sirven para entender los procesos de “colonización” mental y emocional de miles son siervos en manos de personalidades antisociales y de estructura narcisista. Esclavos posmodernos en manos de amos también posmodernos.

¿Cuál es la clientela de los colonizadores? En realidad, el colonizador es un patrón que dirige y somete la vida de otros. Lo que Sigmund Freud llamaba el “Amo de la muerte”, dueño de posesiones, en donde el otro es solo un objeto de dominio y uso.
Jorgelina vive detrás de un hombre mayor, vendedor de drogas que le da una cierta seguridad, le infunde miedo por su violencia, pero al ser dealer le soluciona el problema de la dosis diaria.
El miedo parece ser un motor fundamental; el antisocial, un narcisista que sabe cómo imponer esta emoción y desde ahí dirige al otro. En el caso de Jorgelina satisface no solo su dependencia adictiva sino su dependencia emocional.

Criada sin padre, abandonada a sus caprichos desde niña, pero con un profundo miedo a los demás, queda a expensas de alguien que piensa por ella, la satisface frente a la inseguridad de vivir a costa de abandonarse y ser una “nadie” para el otro que la usa como un objeto. Puede ser también correo del dealer cuando él la necesita. Todo vale para satisfacer a ese “Patrón del mal” (remedando la serie de Pablo Escobar).

LOS NUEVOS “PATRONES DEL MAL”
Son interesantes las características de estos personajes que creen ser dueños de la realidad que fascinan a personalidades inmaduras, dependientes y abandonadas desde pequeña.
El narcisista antisocial tiene un sí-mismo grandioso que reniega y desconoce la realidad. Muestran ostentosamente una representación ideal de sí y con la violencia que está ahí siempre “”a la mano”” para ser ejercida con saña y falta de empatía (Otto Kernberg es el mejor estudioso de las personalidades narcisistas).

La voluntad de poder y de dominio reemplaza a la voluntad de sentido y escucha, que es la marca de lo humano. La empatía, que es la marca distintiva de lo humana y la lectura y la introspección de nuestro sí mismo, no existe en estos “Patrones del mal”. Incluso generan idealización y ganas de imitarlos en sus súbditos.
La ley es una dimensión ignorada ya que su ego es la ley que además se impone de cualquier manera. Buscan adhesiones fanáticas y lo logran. Miles se pueden encolumnar detrás de estos líderes que se proponen como ley de la realidad.

Devalúan permanentemente a lo diferente a sí mismo como forma de encubrir la envidia profunda que sienten y el odio a lo distinto. Así se imponen y logran la adhesión de multitud de seres a la intemperie y máxime cuando manejan bandas, drogas, transas, explotación de mujeres, “grupos de choque”, etcétera.

La dimensión de la culpa y el arrepentimiento no existe porque no hay reconocimiento del otro y de lo distinto. Es un mundo sin perspectivas. Es el mundo de lo único. Solo él es la medida de la realidad.
Son especialistas en generar fanáticos porque generan creencias en multitud de seres que viven en la intemperie afectiva. Saben incidir a través del miedo, pero fundamentalmente en inyectar el principal de los “venenos” que es el odio dividiendo el mundo en dos: los que adhieren a él y los otros que son los enemigos. Mundo de enemigos potenciales y por ende paranoico. Además, es un mundo de adhesiones automáticas. No existe proceso de reflexión es adhesión inmediata.

¿A QUIEN TRATAMOS CUANDO TRATAMOS?
Siempre y más hoy el consumidor de sustancias forma parte de sociedades paralelas. La sociedad paralela es el conjunto de relaciones marginales que se van formando por años de consumo. Su mundo se va estrechando a decenas de contactos que tienen que ver con la marginalización tanto en sectores opulentos como en poblaciones carenciadas. El cómplice suplanta al testigo; el ocultamiento a la verdad; el código al lenguaje llano.

Dejar esto y sincerarse es tan importante como el duro proceso de renuncia al consumo. La honestidad y la transparencia en Gradiva es el tercer valor de la recuperación luego de la aceptación de la enfermedad y la humildad para vencer el ego ligado a la soberbia. Todos estos trámites son necesarios para poder escuchar. La escucha es el gran desafío humano para poder aprender. Sería el aprendizaje hacia la libertad frente a la esclavitud que vivió con los amos.

Trabajar la personalidad es fundamental porque la dependencia emocional a “Patrones del mal” (valga como metáfora de la sujeción a narcisistas -antisociales) es toda una tarea de desarrollo personal en un tratamiento de rehabilitación.

Juan Alberto Yaría

* Director general de Gradiva – Rehabilitación en adicciones