Drogas: Apetito de muerte y deterioro cerebral

POR JUAN ALBERTO YARÍA

16.12.2019

El filósofo francés Fabrice Hadjadj nos enseña que el hombre puede malograr su vida por permanecer informe, sin educar.

Oscar se acercó a mí, hace un tiempo, luego de una infancia en donde los traumas marcaron su vida. Lo típico hoy: padres ausentes, abusos, golpes, violencias por doquier, negligencia, abandonos varios. Ya tiene varias causas por conflicto con la ley. Sus traumas se transformaron en venganza, iracundia, odio hacia el mundo y daños en sus apreciaciones morales.

No había otro ni otros en su vida ya que estos surgen normalmente de la educación porque el hombre paradójicamente es un ser naturalmente cultural; el hombre necesita ser educado, solo los animales son adiestrados. La combinación de ternura, reconocimiento y límites permiten ese ejercicio mayéutico que es educar: desde adentro surge el ser que somos. El adulto solo libera las potencialidades que tenemos para llegar a lo que Píndaro decía: “Llegarás a ser lo que eres”.
Oscar me recuerda aquello que los antiguos decían: “En la vida somos herederos, sin transmisión no hay vida plena; la transmisión no se realiza cuando los hijos se niegan a acogerla o porque los padres se niegan a llevarla a cabo”.
Padres inciertos, en el mito barrial asesinados, vida en barrios marginales sin escuela y la oferta generosa de unos padres adoptivos lo acerca a mí luego de mucha droga y de andanzas con “Padres amos de la muerte” o sea “Patrones del mal”.

Me asombra su necesidad de afecto. Nada que ver con su historia. Me dice usted tiene mucho “rolo” (corazón en el lenguaje de las “tumbas” de nuestros barrios periféricos); viene con una tobillera electrónica y le digo que uno de los objetivos es que pueda desplazarse sin ese artefacto de control cumpliendo con un tratamiento y viendo que le paso en su vida. El juez le dio una posibilidad de recuperación y no la puede desperdiciar. Me abraza otra vez y me dice sonriendo “mucha plata, mucha plata”. Le digo que no entiendo y me comentan que en el lenguaje en que se educó quiere decir mucha alegría.

Me di cuenta de que estábamos los dos en diferentes mundos; para él, la alegría quería decir “mucha plata” y todo su lenguaje era un “idiolecto” que respondía a un dialecto marginal.
Vivió un mundo de golpes en donde las palabras eran armas, grupos de choque. Hoy participa en grupos, tiene terapias, colabora. El filósofo francés Fabrice Hadjadj nos enseña que “el hombre puede malograr su vida por permanecer informe, sin educar”. Oscar era un ejemplo de eso.
Adquirió en la comunidad terapéutica herramientas emocionales, morales que le permitieron salir del Apocalipsis que fue su vida y como dice Hadjadj: “que quiere decir Apocalipsis, sino que a través del desastre visitará el sol que nace de lo alto”. El Apocalipsis es una figura de lo humano y no solo una alegoría religiosa; cada uno de nosotros asiste al fin de los tiempos o sea de nuestros tiempos cuando “”tocamos fondo”” y Oscar toco fondo.

CEGUERA FRONTAL
La cocaína es la reina de las drogas. Jorge, otro paciente tratado, me decía: “para nosotros el dealer es Dios”. Sigmund Freud en su momento la probó y percibió que era una sustancia mágica como euforizante y como productor de mayor efectividad en el trabajo.
Fue acusado por Albrecht Erlenmeyer, uno de los grandes psiquiatras europeos de la época, quien dijo que estas ideas iban a desencadenar un azote en la humanidad.

Luego Freud cambia su enfoque sobre la cocaína cuando se la receta a su amigo Von Fleishl para vencer una adicción a la morfina y cuenta desencantado: “Von Fleishl se adaptó a la nueva droga con la desesperación de un hombre que se ahoga”; se volvió paranoico, deliraba y alucinaba y trataba de defenderse de monstruos e insectos que reptaban por su piel.
El farmacólogo L.Lewin en Berlín mostró que generaba dependencia y daños en distintos sistemas corporales y la cataloga como un “veneno” que nos promete cada día más placer, aunque ya había conquistado el mercado en vinos, Coca Cola (primer formula hojas de coca, cocaína, cafeína y nuez de cola que es luego reformada) y cigarrillos.

Esto luego se abandona. Pero hoy es la estrella rutilante en el mercado de la creación alucinatoria de sensaciones con un gran mercado de venta y de propaganda de “boca a boca”.
Hoy se habla de una “red neuro-moral” en el cerebro que queda dañada en consumidores de cocaína, especialmente los de larga data, y que lleva a conductas de daño a sí y/o terceros. Son las que se denominan psicopatías adquiridas por lesiones cerebrales y generan demencias fronto-temporales.
La lectura de sí mismo (capacidad de autoconciencia) y la empatía (ponerse en el lugar del otro) van desapareciendo y las respuestas impulsivas, automáticas y bestiales son comunes.
Se denomina “ceguera frontal” porque la zona frontal del cerebro es el CEO de nuestra personalidad y el guía de nuestras acciones. El Dr. Pablo Malo (estudioso del cerebro en la Argentina) habla de que tienen la “brújula moral” rota.
La progresiva búsqueda de placer a través de este euforizante se convierte en cada vez más lejana y aparece el abandono de sí que es el peor de los abandonos y todo esto culmina en un apetito por la muerte. Rápidamente se deteriora la conducta y se expone a riesgos o expone a otros precipitándose, de esta forma, en conductas suicidas u homicidas.

El maestro en adicciones C. Oliweinstein nos enseñaba en París que el consumidor de cocaína no había aprendido la lección de la vida de que todo placer es limitado y que buscar un placer más ilimitado es encontrarse con el desafío de la muerte. No escuchar la ley del límite nos precipita a la “Parca” como última ley y límite.

En esto el cerebro frontal en deterioro junto con una pulsión indómita por la muerte se dan la mano porque la corteza cerebral al perder poder hace que las respuestas sean meramente automáticas y sin valoración de las consecuencias.

CONTEXTOS MORTIFEROS
A esto habría que agregarle como en el caso de Oscar los contextos en los que crecemos, tanto familiares como culturales. El cerebro no solo se carga con glucosa y oxígeno sino también con información o sea cultura, ambiente, amor, valores, instituciones que nos alojan.
Quizás este es el verdadero problema de hoy la inermidad afectiva, ética y familiar-cultural de muchos que los lleva a buscar pócimas alucinatorias que los precipitan a la muerte y al deterioro.

Juan Alberto Yaría: Director General Gradiva – Rehabilitación en adicciones.